viernes, 20 de mayo de 2022

Me gusta que seas tú

 

Capítulo 1

Volver a empezar

 

Había empezado la primavera, los primeros rayos de sol entraba por la ventana de mi casa, cuando de repente me levanté con una buena idea.

Tenía ganas de escribir una historia, igual que “el amor es cosa de dos”, la única diferencia es que llevaba mucho tiempo sin ningún tipo de relación amorosa, pero sabía que tenía que ser especial.

Estaba empezando a hacer calor, así que decidí sacar la ropa de verano, aunque sean las camisetas cortas para poder tomar bien el sol en la terraza.

Los días se me estaban haciendo algo largos, pero sabía que, con los vídeos, las fotos y todas las cosas que me inventaba todos los días poco a poco iba a poder hacer que los días se me pasaran más rápido.

La historia de “Me gusta que seas tú”, me vino a la cabeza cuando un amigo llamado Charlie apareció en el momento más oportuno de mi vida, al cual yo no sabía cómo plantearme seguir con ella.

Mis amigos quedaban conmigo muchos fines de semana, salíamos e íbamos por ahí, nos llevábamos muy bien y siempre estamos juntos.

“María vivía con Javier desde hace muchos meses, cuando éste supo que necesitaba apoyo con la separación de su novio Alberto; rápidamente fue hacia donde estaba ella y la ayudo en todo lo que pudo.

Laura que era amiga suya de siempre, estuvo durante los primeros días viviendo en su casa, la apoyaba en todo, la ayudo a seguir con su novela que tanto la atormentaba porque sabía que le quedaban pocos días para mandarla a su editor y eso la ponía nerviosa.”

Así seguí la historia durante un tiempo, hasta que vi la hora que era y empecé a preparar la comida porque ya se estaba haciendo tarde.

Después de comer, me puse a ver la película de Harry Potter y el misterio del príncipe, que cómo es larga la estaba viendo en varios días.

Mientras eso pasaba, las chicas estaban en casa pensando en cosas qué hacer para no aburrirse decidían hacer vídeos como yo, así que ahí estaban bailando, haciéndose fotos y cosas para matar el tiempo.

Charlie de vez en cuando, me escribía porque se acordaba de mí; hasta que un día me dijo que me iba a invitar a “Borrachos sin fronteras”, que era un bar donde él trabajaba los fines de semana y estaba muy bien.

Yo que lo conocía un poco desde hace un tiempo, nos llevábamos muy bien y poco a poco nos estábamos dando cuenta de que teníamos muchas cosas en común.

Quedábamos de vez en cuando en su bar, allí siempre nos hacíamos bromas y hablábamos de nuestras cosas; era muy divertido, cuando estaba con él me olvidaba de todo e incluso me ayudó a superar mi separación con Dani.

Por la mañana, me levanté y me arreglé; para más tarde ponerme a hacer cosas en casa y cuando lo tuviera todo hecho ponerme a hacer puzzle que tanto me gustaba y me entretenía.

Las tardes las dedicaba a ver películas y más tarde quedar con los amigos para tomar algo en el bar “Las noches de verano”.

Las noches de verano, era un bar que frecuentamos mucho las amigas desde hace años; allí fue donde nos conocimos y poco a poco surgió una bonita amistad, ahora somos inseparables.

Bea es mi amiga desde el principio; nos conocimos en un bar que nos presentó Begoña y desde entonces los fines de semana salimos juntas, vamos al cine, tomar algo y por los mismos sitios.

Nos llevamos muy bien, ya llevamos unos cuantos años; me apoya cuando voy a escribir alguna historia e incluso me da ideas buenas.

Zaida, es de esas amigas que te encuentras de casualidad, pero que poco a poco se vuelve la persona más fiable y cariñosa que has conocido; aunque sólo la ves en fiestas y poco más es agradable estar con ella, es bajita, pelo rizado, morena y muy simpática aparte de que te puedes fiar de ella cuentes lo que le cuentes.

Begoña es alta, con ojos claros, pelo castaño y un gran sentido del humor; aunque a veces tiene un carácter fuerte y no hay quien pueda con ella, es muy amiga de sus amigas y siempre está para todo.

Esa mañana, después de estar un rato escribiendo llamé a Bea para ver cómo le iban las cosas.

Curiosamente empecé a oír ruido por la calle y supe que no estaba trabajando cómo era de esperar, se dedicaba a ser escapista laboral en cuanto podía.

Paula: Bea, algún día te van a echar, bueno da igual; soy una fracasada, no me sale nada desde hace días y esta historia es una porquería, estoy por tirarlo todo por la borda o tirarme yo.

Bea: Paula, punto uno no eres una fracasada, punto dos cómo estoy cerca de tu casa voy a comprar una botella de Puerto de Indias, saca lo que tengas por ahí para comer que voy para allá.

Así era Bea, en cuanto tenía una excusa para salir corriendo de su oficina; iba allá donde sus amigas necesitarán cualquier cosa y de paso escapar de la oficina para no aguantar las caras de muermo de sus compañeros.

Cuando llegó a mi casa, que cómo siempre entró directamente a la cocina como un elefante en una cacharrería para coger dos vasos, abrir el seven up y el puerto de indias para prepararlo; empezamos a hablar de mi novela a ver cómo podía encauzarla y que saliera bien.

Estuvimos un buen rato hablando, hasta que sonó mi teléfono y Bea tan ágil como siempre mientras yo estaba en el baño lo cogió.

Bea: ¿Quién es?

Charlie: ¿Esta Paula?, soy Charlie.

Bea: Paulaaaa!!!!  Es Charlie

Paula: Trae el teléfono anda

Empecé a hablar con él un rato mientras que Bea, esperaba mirándome expectante a ver quién era él y por qué tantas confianzas.

Al colgar el teléfono, se me quedó mirando y automáticamente yo me reí; ella mirándome con cara de pocos amigos me dijo.

Bea: ¿Quién es Charlie?

Paula: Un amigo

Bea: Ya claro, no será ese amigo que tanto quedas con él a escondidas nuestras y que no nos quieres contar de donde ha salido.

Yo me empecé a hacer la loca, intenté levantarme para coger comida antes de que Bea me perforara el estómago con alcohol porque está Bea era capaz de cualquier cosa sólo para sacarme información privilegiada, según ella tenía que contárselo con pelos y señales.

Al final, le conté que lo había conocido un día que había ido a una fiesta en su bar llamado “Borrachos sin fronteras”, que era muy simpático y que poco a poco nos estábamos haciendo amigos.

Por el momento no había más que una amistad, así que no tenía claro lo que realmente iba a pasar en unos meses; así que por el momento sólo me ceñía a los hechos nada más.

Aunque no era de las que se rendían fácilmente, Bea quedó por satisfecha con lo que yo le conté; estaba contenta porque parecía que lo de Dani ya lo iba superando poco a poco.

Bea en su trabajo, le habían dicho que tenía que hacer un curso de mecanografía, así que estaba apuntada y empezaba el lunes.

Después de un rato largo, al final se marchó a su casa a comer; dejándome a mí recogiendo mi casa y pensando en cómo seguir mi novela.

Charlie, me había comentado ese día ir a comer a mi casa, así que lo preparé todo para cuando él apareciera.

Llegó sobre las 15.00 y yo ya estaba lista para comer e incluso ya había seguido escribiendo un poco más, aún así lo tenía todo apañado.

Charlie: ¡Hola! He venido con el postre

Yo: Eso suena muy bien, déjalo en la nevera si quieres.

Se pusieron a comer, se contaban cosas y estuvieron riéndose de todas las anécdotas que les ocurrían; Charlie sabía que ella estaba superando una ruptura y no quería presionarla, estaban muy a gusto juntos y se estaban haciendo buenos amigos.

Después de comer, estuvieron charlando y viendo la televisión; se reían mucho con la serie de 7 vidas que les gustaba mucho a los dos.

Al acabar, yo me tenía que poner a escribir un poco más de mi historia y Charlie decidió ayudarme un poco; estar con él era reconfortante porque no sólo me ayudaba, sino que además me incitaba a salir y a conocer sitios nuevos.

Después de un rato, nos fuimos a dar una vuelta, cómo estaba a punto de entrar el verano compramos un helado y nos lo fuimos comiendo por la calle mientras nos daba el sol en la cara y el poco aire que había.

Ese día se había levantado el cielo azul, algunas pocas nubes, pero el sol radiaba en todo su esplendor; se sentaron en un banco a tomarse el helado mientras se contaban cosas y se reían.

La tarde se les hizo corta; cómo al día siguiente los dos tenían que trabajar decidieron irse a casa pronto, él como siempre la acompaño hasta la puerta y ahí le dio un beso en la mejilla; espero a que ella abriera el portal y se fue.

Cuando entré por la puerta de mi casa, todo me parecía al principio oscuro; cuando abrí la luz me fui directamente al espejo y vi que la cara me había cambiado, estaba más sonriente que hace meses y sabía que era gracias a él.

Cogí el móvil que llevaba sin tocarlo un tiempo y vi mogollón de mensajes de mis amigas, estaban todas expectantes a que les contará todo lo de Charlie; y es que Bea era una persona que no podía mantenerse callada más de veinticuatro horas, era superior a ella.

Les dije que si querían ya quedaríamos una tarde de estas para que se lo contará, pero que ahora me dejarán trabajar porque sino no iba a terminar la historia en la vida.

“Laura llevaba varios días trabajando en su proyecto, estaba enfrascada en un relato que le habían pedido para un certamen literario y sólo tenía que tener 9 páginas; eso le ponía muy nerviosa porque no sabía cómo escribir algo tan corto.

Entonces cuando estaba intentando mantenerse tranquila, fue a la máquina a por un café y entonces tropezó con alguien.

Laura: Uyyy perdón, que no sabía por dónde iba, lo siento

David: Tranquila, todos estamos alterados esta semana con lo del relato, por cierto, me llamo David.

Laura: Yo Laura, un placer conocerte.

Entonces David fue directamente a su mesa a seguir con su relato; que lo tenía casi terminado, así que Laura fue a preguntarle cómo lo hacía para acortar la historia y él se lo contó.”

La historia que yo quería escribir, estaba empezando a tener sentido; el problema es cuando para hacer que la historia fuera real tenía que hacerla real y eso de escribir de mí y plasmar mis sentimientos en un papel era lo que más miedo le tenía, era como decirle a Charlie mira léeme profundamente.

Según Charlie, siempre que hablaba con él me decía que me conocía un poco más porque llevábamos un buen tiempo hablando y claro ya conocía algunas cosas; aparte de que en la última historia me dijo que poco me había esmerado, a ver si le voy a hacer que sea él quien la escriba.

En serio, tenía que esmerarme más en las historias, entonces si quería que la hiciera real; porque no me ayudaba a hacer mis sueños realidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 2

Un sueño hecho realidad

 

Paso el tiempo, seguí escribiendo la historia que cada día me gustaba más como estaba quedando; aunque cada vez parecía más una versión de mi vida mitad realidad, mitad ficción.

Charlie después de un rato buscando la foto de aquella noche, la encontró y me la mandó; estábamos muy guapos e incluso hacíamos buena pareja, pero claro eso ella no se lo pensaba decir por el momento; quería que él se diera cuenta.

Sus amigas cuando supieron de la existencia de Charlie, le hicieron mogollón de preguntas parecía un interrogatorio de tercer grado; de esos que le hacía su madre cuando veía que ponía una foto en el wasap con un chico, sólo que estos interrogatorios eran divertidos porque brillaba mucho la envidia que les corría a mis amigas.

Mis amigas tenían buena vida, pero estaban todas pasando la treintena y eso de no tener pareja ni siquiera un “amigo”, que les hiciera caso o incluso que las tratara bien y tuvieran importancia para él; cómo decían los buenos siempre me los llevaba yo.

Aunque parecía que eso me alegraba, era totalmente, al contrario; no me importaría que ellas también ligarán de vez en cuando, me alegraría.

Charlie era de esos amigos que aparece cuando realmente lo necesitas, sin ser consciente de que está devolviéndote esa sonrisa que tu creías que no existía y con él tienes una buena razón para sacarla.

Bea que llevaba mucho tiempo sin comerse una rosca, para ella estar tres meses sin nada de ningún tipo era una desesperación; eso que no le costaba nada sacarse partido, aún así lo tenía difícil.

Trabajaba sin parar e incluso estaba muy enfrascada en su curso de mecanografía que se había empeñado su jefe que era importante para poder promocionarse en la empresa y allí que fue.

Al llegar, se topó con un chico nuevo, mediana estatura, moreno con ojos verdes y una sonrisa que perturbaba hasta la más fría de todas las mujeres que ella conocía su amiga Begoña.

El chico le sonrío y le dijo que, si quería un café en el descanso del curso, ésta ni corta ni perezosa aceptó.

Cuando llegó el descanso, fue hacía la máquina de café y ahí estaba él; sonriéndole y con el café bombón en la mano.

Bea: Gracias, ¿Cómo te llamas?

Alex: Yo me llamo Alex, de nada.

Estuvieron un rato hablando, hasta que empezó la segunda parte del curso que terminaba a la 13.00 y para ser el primer día fue hasta divertido.

Al acabar, Bea se fue para su casa y Alex la siguió corriendo diciéndole que esperara que se iba con ella.

Ella se paró y lo esperó, se fueron juntos hablando y decidieron quedar un día de estos para conocerse mejor.

Mientras tanto, Begoña estaba trabajando en su peluquería; apareció un chico para cortarse el pelo y al verlo empezó a observarlo porque veía que lo conocía de algo y no sabía de qué, la tenía bastante pillada.

Así que al marchar Gabriel cuando fue a pagar dejó un papel para ella, le sonrío y se marchó.

Begoña, fue a la caja registradora y ahí encontró la nota que ponía…

“Estoy seguro que te has preguntado de qué me conoces, éramos compañeros de colegio de pupitre, me llamo Gabriel, tú me llamabas Gabi y en el recreo jugábamos juntos al baloncesto. ¿Te sueno ahora?”

Begoña estaba alucinada nunca se hubiera imaginado que su amor de la infancia iba a pasar por su peluquería; ese que todas las chicas estaban locas por él e incluso su amiga Paula le había echado el ojo y no pudo hacer nada, aun así cuando años más tarde lo había conseguido no fue para tanto.

Ella estaba emocionada de haberlo visto ese día, en la nota le había puesto también su teléfono y ella lo guardo.

Begoña tenía las cosas más claras, así que no lo llamo al día siguiente ni nada, él había cogido su móvil de la tarjeta de visita de la peluquería y estuvo durante unas semanas sin saber si decirle algo o no; así que espero.

Poco a poco, a las chicas les iban pasando cosas; pero lo único que querían por ahora es vivir el momento.

Charlie, estuvo un par de días trabajando mucho y no tenía así mucho tiempo para verla; aunque tampoco le importaba le gustaba hacerla esperar y hacerse el interesante.

A mí me gustaba la manera que tenía de volverme loca, aunque a veces era peor el remedio que la enfermedad, tenía que prepararme para lo que me fuera a venir, fuera bueno o malo.

Me arreglé, me vestí con mis pantalones vaqueros, mi camisa de rayas, me atusé un poco el pelo y cuando ya me arreglé salí a comprar unas cosas para hacer una tarta de chocolate esta tarde que ya tenía ganas yo de comer; porque llevaba días con un poco de antojo y es que cuando estaba sola y después de haber reglado durante días me apetecía algo dulce.

Begoña estaba cansada de engordar, quería hacer una dieta; pero cuando el médico le dijo que tenía que prescindir de alcohol, dulces y todo tipo de grasas empezó a ponerse nerviosa y decidió que si eso ya lo intentaría en otro momento.

Así que para relajarse de tanta información que le había dado su dietista, al salir decidió sacar un pitillo y fumárselo mientras pensaba qué hacer con su vida y sobre todo entender cómo es que Gabriel había llegado a su peluquería precisamente y porque a estar alturas de la vida quería tener una cita con ella.

Estaba reflexionando durante un rato sentada en un banco del parque, cuando de repente apareció ÉL.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 3

              Entonces apareció ÉL

 

Begoña estaba enfrascada en sus cavilaciones, cuando levantó la vista y ahí estaba Gabi diciéndole que si tenía fuego.

Begoña: ¿Qué haces tú aquí? ¿Me estas siguiendo?

Gabriel: No exactamente, pero si quieres vamos a la policía; yo mismo me entregaré.

Begoña estaba alucinada por ese despliegue de palabras en poco rato, así que decidió seguirle el juego a ver hacía donde iba a llegar la situación.

Así que poco a poco se pusieron a entablar una conversación civilizada, se empezaron a contar cosas; ella le dijo cómo era que se había hecho peluquera, él le contó que se había dedicado a trabajar con su padre en una empresa de maderas y que estaba muy contento; porque al ser el hijo del jefe por las vacaciones no tenía ningún problema.

Siempre se las cogía cuando quería, aunque luego trabajaba hasta horas intempestivas; estaba muy contento en lo que hacía, su padre lo apoyo desde el primer momento ya que su pasión era que él siguiera con el negocio familiar.

Estuvieron paseando por el parque durante un rato, entonces Gabi la invitó a tomar un café y hablaron de los viejos tiempos; ella estaba ensimismada escuchándolo cuando le contaba a lo que se dedicaba y todo lo que le había pasado en sus años.

Entonces Begoña le contó cómo fue que se hizo peluquera; era una profesión que le gustaba y que se sentía a gusto rodeada de gente que allí le contaba sus historias y hablaba con ella de sus problemas con total libertad.

Ella estaba encantada en su trabajo, aunque a veces no le hubiese importado sacar una oposición para no trabajar los fines de semana; era algo que le rondaba en la cabeza hace mucho tiempo sólo que ahora no tenía ganas de ponerse a estudiar.

Él la entendía a la perfección, porque también algunas veces le hubiese gustado haber sido funcionario; pero su trabajo también le gustaba y aunque tenía muchas ventajas era un gran aficionado a dormir muchas horas, aunque también le gustaba salir de fiesta.

Cuando se les hizo tarde, Gabi la acompañó hasta su casa y ella al principio quería agradecérselo invitándole a subir a beber una copa, pero luego pensó que igual era algo precipitado porque acababan de reencontrarse y quería asegurarse primero que intenciones eran las de él con ella.

Pasaban los días, empezaron a chatear y se hablaban de vez en cuando; ella tenía claro que las cosas de Palacio van despacio así que iba a un ritmo que ella consideraba bueno y a la vez que tuviera tiempo para hacer sus cosas.

Estos días tenía mucho trabajo, porque eran meses de bodas y bautizos; así que el móvil poco lo podía utilizar, aún así buscaba hueco para contestarle algún que otro mensaje.

Las chicas cada una estaba trabajando en lo suyo, yo no paraba de escribir la novela que parecía que después de que ellas me contarán algunas historias iba a poder escribir algo que tuviera sentido y sobre todo que fuera real.

Charlie, aunque también la apoyaba mucho, le gustaba meterse con ella y darle a entender que tenía que ponerle más ganas; pero claro si tampoco se veían mucho la imaginación de ella tampoco iba a dar mucho más de sí.

Mientras escribía me dediqué a poner en el móvil música y decidí poner una canción de “La Guardia” que me gustaba llamada “Cuando brillé el sol”.

Cómo se había levantado el día soleado, abrí las ventanas para que diera un poco de aire a la habitación para airearla un poco; mientras decidía levantarme para irme a la ducha y despejarme un poco.

Cuando salí de arreglarme, me puse a hacer cosas de la casa para luego poder tranquilamente sentarme durante un rato a hacer puzzle y pensar en cómo puedo seguir con mi historia.

“David estaba empezando a estar a gusto con Laura y ella con él, se llevaban bien y eso sus amigos lo notaban; había una especie de química especial que hacía que se estuvieran haciendo amigos y les gustará estar el mayor tiempo posible juntos.

Laura cuando estaba sola en casa, se ponía a escuchar Nacha Pop la canción de “La chica de ayer”, que tanto le gustaba y la inspiraba para la historia que estaba a punto de ponerle un buen final”.

Estaba tan enfrascada en mi historia, que no me había dado cuenta de que tenía a Charlie detrás de mí observándome y esperando a que me diera la vuelta para saludarlo.

Al darme cuenta de que estaba, lo saludé con un beso en la mejilla y él se fue a dejar las cosas en los armarios de la cocina para luego entre los dos cocinar algo.

Nos gustaba mucho jugar entre los dos, así que cuando hacíamos tartas que hubiera nata montada siempre acabábamos perdidos hasta que algún día pase algo y veríamos cómo iba acabar la cosa, porque quien juega con fuego se quema.

De repente, al acabar de recoger todo se pusieron a comer la tarta y cuando estaban los dos tranquilos en el sofá se fueron acercando un poco más, justo en ese momento Charlie intento hacer un acercamiento más a ella y sonó el teléfono.

Ring…Ring…

Paula: ¿Quién es?

Zaida: ¡Paula, soy yo Zaida, me quieres explicar que está pasando con vosotras, resulta que me voy una semana a Canarias por trabajo y Bea está tonteando con un tal Alex que conoció en el trabajo en un curso de mecanografía, Begoña le aparece un amor de la infancia y tú te sigues viendo con ese tal Charlie que lo único que nos cuentas es que es un “amigo” que crees que puedes llegar a algo más…madre mía el mundo está loco!

Paula: Te puedo llamar en otro momento, o ya te lo contaré por email es que ahora estoy ocupada

Zaida: Vale, captada la indirecta, perdona ya hablamos

Al colgar, le dije a Charlie que era Zaida que desde que había llegado de Canarias; que por cierto según ella había cogido color, habían pasado muchas cosas y no sabía cómo encajar todo aquello.

Se quedaron en silencio un buen rato, hasta que ella empezó a decirle que podían seguir por donde se habían quedado; él, aunque al principio le fastidiaba que le hubiesen cortado el rollo, al final poco a poco siguieron.

Antes de continuar, Charlie fue al cajón de su mesilla donde él tenía un cuaderno donde apuntaba sus pensamientos y de vez en cuando aparecía mi nombre por ahí era una especie de diario donde él se inspiraba.

Al leerlo, me di cuenta de que le gustaba escribir cosas y que era bastante bueno en todo lo que ponía, como lo relataba y sabía en cada momento como contar lo que le pasaba por la cabeza.

Le eché una hojeada y me gustó lo que ponía, aunque él estaba intentando sacar una buena historia de todo aquello; le era más difícil que a mí ya que llevaba haciéndolo mucho tiempo.

Aún así lo animé a que siguiera, pero que antes de eso necesitaba que las musas llamaran a su puerta o que ella le diera un anticipo para poder inspirarse de manera más real.

Fue entonces, cuando supo que él le estaba intentando decir algo que iba a llegar a un buen comienzo y tenía que tener el valor de tirarse a la piscina, pero siempre se preguntaba qué precio tenía que pagar por tirarse sin saber si había agua o no.

Así que ni corto ni perezoso, me cogió de la mano y primero me puso sus manos en su cuello, se acercó a mí sigilosamente y cuando ya me tenía a centímetros de su boca fue cuando me besó.

No supe cómo reaccionar cuando me vi en esa situación, llevaba deseándola mucho tiempo, pero nunca pensé que iba a hacerlo realidad.

Al separarnos nos quedamos sonriendo, nos reímos y nos abrazamos durante un rato hasta que al final Charlie todo serio cogió y me dijo.

Charlie: Paula, te guste verlo o no entre nosotros hay algo más que amistad

Paula: Eso yo ya lo sabía, tú ya me quieres; lo que pasa es que no te has dado cuenta.

Eso dejó a Charlie sin palabras, no sabía que ella se había dado cuenta tan pronto que él empezaba a sentir algo más que amistad.

Llevábamos viviendo juntos un tiempo, hace días que empezaba a notar que las atenciones que tenía Charlie conmigo eran muy seguidas.

Pasado los meses había llegado el verano y ya tenían ganas de ir a la playa así que este año Charlie decidió llevarme de viaje por ahí a ver si así conseguía poco a poco más acercamiento; tenía que hacerlo bien porque sino sabía que me iría y eso no le compensaba.

Sabía de sobra todo lo que yo había pasado y quería remediarlo dándome a entender que con él no me iba a faltar de nada y que iba a ser inolvidable.

 

 

 

 

 

Capítulo 4

El mejor fin de semana de la historia

 

Llegó el fin de semana, empezamos a preparar las maletas porque según Charlie me iba a llevar a la Costa Brava a tomar el sol y a bañarnos en la playa porque eran unos meses donde al principio no había mucha gente, así podíamos estar más tranquilos.

Al llegar, nos metimos en un bungaló de madera, donde al entrar había una cama de matrimonio porque claro, no iba él a encargar un bungaló con dos camas; eso no entraba en sus planes, un baño pequeño, una cocina justo para dos y al lado del bungaló a unos pasos estaba la playa y los chiringuitos.

Dejamos las cosas en el bungaló, cogimos lo necesario para dar una vuelta por los pueblos y tomar algo por ahí, yo como siempre cogí mi cámara de fotos que tanto me gustaba, porque había paisajes dignos de fotografiar.

Comimos en una marisquería, donde pedimos una paella de marisco, con una botella de vino de lambrusco fresquito que lógicamente con el calor que hacía entró bastante bien.

Estuvieron dando una vuelta y viendo el sitio que era precioso, las casas de piedra pintada de blanco, algunas las habían pintado de colores, eran medianamente altas, con balcones pequeños y los rincones estaban repletos de flores.

Paseando se encontraron con un tiovivo de caballos donde se miraron y sonrieron, fueron a sacar un ticket y se montaron durante un rato, a los dos les encantaba hacer el tonto; luego se fueron a por un helado que lo cogieron de sabores distintos para poder mezclarlos y repartirlos.

Cuando se hizo de noche, nos fuimos hacia el bungaló pasando por los chiringuitos donde nos paramos a comprar algún recuerdo, yo que me gustaban mucho los delfines vi un colgante de delfín muy guapo y cuando fui a pagarlo; Charlie me lo arrebato de las manos y lo pagó él poniendo la excusa de que pronto iba a ser mi cumpleaños y me lo quería regalar él.

Así fue, como lo compró y me lo dio; me lo puso por el cuello y luego se acercó y me beso en la frente.

Nos cogimos de la mano y seguimos hasta el bungaló que cuando llegamos estábamos tan cansados que nos fuimos a dormir.

Al día siguiente por la mañana, me levanté y cogí mi cuaderno de viajes y empecé a escribir un poco como un diario de las cosas que había visto y vivido con Charlie.

Cuando Charlie se levantó, se arregló y se fueron a desayunar a una cafetería un buen café bombón con unos croissants pequeños rellenos de chocolate.

Al acabar, fueron a pagar que cada día pagaba uno, luego se fueron ese día a la playa a tomar el sol porque hacía un buen día.

Cuando estuvimos allí, eché la toalla en la arena y me puse encima de ella con el bikini a tomar el sol; él cuando me vio hizo lo mismo y sacó la crema de la bolsa para echármela por encima despacio en la espalda dándome un masaje suavemente.

Estuvimos un rato allí, luego ya como los dos podíamos trabajar desde el ordenador cada uno trabajo un poco y cuando hicimos un descanso nos echamos un rato en la cama a descansar.

Sabíamos que nos quedaba sólo esa noche y quería que fuera una noche especial, así que Charlie me llevo a una fiesta de la playa a bailar acabando mirando las estrellas bañándonos en la playa por la noche.

Al final nos fuimos al bungaló y al llegar nos tumbamos en el colchón y empezamos a besarnos de tal forma que terminamos haciendo el coito.

Al principio cuando empezó, me besaba despacio con besos cortos, luego empezó a saborearme de arriba abajo y en un par de sacudidas que me dejaron temblando estábamos haciendo el amor.

Al terminar, Charlie estaba echado y se giró para ver mis ojos que brillaban de felicidad porque por fin estaba feliz de estar con la persona que merecía la pena conocer.

Más tarde, recogimos nuestras cosas y nos fuimos para el autobús que nos llevaba de vuelta a Zaragoza.

Al volver, nos fuimos a casa y cuando ya lo tenía todo recogido fui a ver el teléfono que tenía unas cuantas llamadas; las ocho primeras de mi madre que no sabía dónde me había metido ese fin de semana, la segunda de Bea deseando que le contará con detalles el fin de semana; las otras de Begoña y Zaida que querían una reunión urgente a ver qué había pasado y si ya me habían enchufado el tubo de escape o seguía haciéndome la interesante.

Mientras tanto, yo tenía material para seguir mi historia; Charlie ya había recogido todo y estaba en la terraza sentado en una silla fumando con su barba de tres días; que había decidido ese fin de semana no afeitarse, tanto que parecía un hípster.

En esto que aparezco yo por la terraza y así como quién no quiere la cosa le suelto.

Paula: Charlie, cuando piensas hacer un acuerdo con tu maquinilla que hasta ayer por la noche la notaba triste como que te echaba de menos

Charlie: Cariño, si lo quieres es que me afeite dímelo claro, porque igual que a ti no te gusta que me ande con rodeos a mí tampoco me gusta que lo hagas tú.

Paula: Vale, de acuerdo. Pues aféitate por dios, aunque sea rasurada un poco no tanto, pero algo así es que pareces un hípster.

Charlie: ¡Ya te estas metiendo conmigo, si no te metes revientas eh!

Paula: Ya sabes que lo digo desde el cariño.

Nos dimos un beso y me fui a preparar la cena; mientras él ponía la mesa y de paso ordenaba un poco sus papeles para luego poder escribir algo, aunque sea un rato; habían vuelto a la rutina y quería hacerse un plan de trabajo para tener un horario.

Así que encendió el ordenador y todo lo que tenía en mente lo plasmo, estuvo durante horas escribiendo se le estaban haciendo las tantas y él aún seguía allí; de repente el proceso de creación era enorme, por fin las musas habían llamado a su puerta y gracias a dios a la mía también.

 

Entonces, él quedó con sus amigos a tomar una cerveza por ahí mientras que yo estaba llamando a mis amigas que por supuesto en menos de diez minutos las tenía a todas en casa alrededor del sofá sentadas en el suelo esperando mi veredicto de este fin de semana.

Cuando llegaron todas, empezaron una a una a contar sus experiencias de lo que les había pasado esos días, aunque lo que realmente les interesaba era mi historia con Charlie.

Begoña contó que había hecho algunos avances con Gabriel, pero que él quería ir despacio para conocerla mejor; así que todavía no habían hecho nada, eso lógicamente aburrió soberanamente a Zaida que era la más alocada de todas y poco sensata.

Aparte de estar a tope en la peluquería que después de tantos meses, pensó que la regalaban de tanta gente que había en la puerta esperando a un buen corte de pelo de cara al verano.

Bea estaba encantada con Alex, habían conseguido intimar un poco más en casa de ella porque lógicamente al final acabó engatusándole para llevárselo a su apartamento; aunque se estaba dando cuenta de que ese chico estaba haciendo que cambiará muchas cosas.

Y para sorpresa de todas ellas, Zaida había conocido a alguien que desde hace tiempo le había hecho ver que el amor existía y que era incluso más importante que el sexo.

Eso fue lo que más les alucinó, porque Zaida siempre fue la más lanzada y sólo pensaba en eso; había encontrado por fin alguien que le había enseñado que realmente el amor existía y podía tener su propio príncipe.

Estaba cansada de tener relaciones de “amigos con derecho a roce”, estaba intentando sentar la cabeza; eso de un polvo de una noche y si te he visto no me acuerdo ya no iba con ella; que le estaba pasando estaba madurando ella, no podía ser que empezará a sentir algo más que sexo.

Como ya estaban en verano, decidieron ir a una terraza a seguir hablando y de paso cenar fuera; porque necesitaban airearse un poco.

Esa noche se fueron todas al bar “Las noches de verano” que cuando llegaba el verano abrían las terrazas y esa noche hacía calor, aparte había una brisa muy buena.

Allí se pusieron a cenar y a charlar, se reían de la cantidad de tonterías que se les ocurrían; tanto tiempo en casa había dado mucho de sí, tenían unas ocurrencias bastante buenas.

Se fueron a bailar al bar “Borrachos sin fronteras”, era uno de los sitios donde siempre había mucha fiesta y todos los fines de semana había algo.

Aunque cómo es normal, cuando iban hacia el bar las chicas ya tenían claro porque iban allí; sabían que era el de Charlie.

Cuando llegaron, Charlie ya las estaba esperando y preparando unos puertos de Indias para ellas que sabía que les gustaba mucho.

Estuvieron en su bar, hablando y bailando durante toda la noche; cuando se cansaron se fueron a casa; aunque yo me quede un rato más con Charlie que le dio por invitarme a cervezas y salí de allí más contenta de lo que había venido.

Había sido una noche inolvidable, habían acabado cantando en el karaoke y poniendo música que les gustaba, jugando al futbolín y haciendo fotos.

Al cerrar el bar, Charlie y yo nos fuimos a casa; cómo es normal y para no perder la costumbre andando porque cualquiera le decía de coger un taxi.

Al llegar a casa, Charlie se paró en la cocina enfrente del calendario; estaba contando los días que le quedaban para ir a buscar mi regalo de cumpleaños, aunque a mí me había dicho que estaba contando los días porque le iban a mandar unos papeles del trabajo urgentes que tenía que meter en el ordenador ese fin de semana y que igual no podía celebrar mi cumpleaños porque tenía que trabajar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 5

Mi cumpleaños

 

Pasaron los días y llegó mi cumpleaños; no tenía ni idea siquiera si se iba a acordar, sabía que él miraba mucho el calendario, estaba mirándolo en ese momento y fijándose que mi cumpleaños estaba marcado en Rojo, así era cómo marcábamos las fechas importantes del año y esa era una de ellas.

Entonces, cuando me iba a levantar de repente; vi en la mesa un paquete con una rosa encima y una tarjeta.

“Muchas felicidades pequeña, de tu enano, te quiero mucho”.

Lo abrí y me encontré el libro de Blue Jeans “La promesa de Julia”, que era uno de los libros que más esperaba para terminar la trilogía.

Él sabía que me gustaba mucho ese escritor; e incluso una de mis historias se llama “el amor escrito al revés significa amor”, sacado del libro “Canciones para Paula” de ese autor.

Estaba muy emocionada con el regalo; se acercó, le abracé y le di un beso de agradecimiento, luego ya recogí todo y me dijo que hoy haría él el desayuno.

Fue a la cocina, había traído palmeritas pequeñas de chocolate y ensaimadas; hizo café; preparó la mesa y nos pusimos juntos a desayunar.

Al acabar, yo lo recogí todo y fregué el desayunó; luego me puse a escribir mi historia, mientras Charlie se arreglaba.

Cuando terminó Charlie, éste se fue a la terraza a fumarse un pitillo y desconectar un poco; hasta que de repente me asomé y vi que la había decorado toda con un cartel que me felicitaba.

En la tarjeta que me había regalado por detrás ponía que había una sorpresa en su bar, pero que no podíamos ir hasta las 22.30 o así porque antes había reservado una mesa para cenar.

Me arreglé poniéndome un vestido sin mangas negro; con un lazo por detrás ajustado, con unos zapatos planos rojos tipo princesitas, me pinté los labios de un color granate y me puse rímel y sombra de ojos.

Al salir del baño; Charlie ya me estaba esperando, se quedó sin palabras y con su dulce sonrisa se acercó a mí y me dijo.

Charlie: Madre mía, no me esperaba verte tan guapa; estas preciosa pequeña

Yo: Tú no estás mal, enano ¿nos vamos?

Nos fuimos hacia el restaurante italiano, al llegar tenía encargada una mesa Charlie a su nombre; el metre nos llevó hasta allí y nos sentamos.

Al sentarnos; pedimos una pizza grande carbonara para los dos y de beber cerveza, la mía con limón que como dice Charlie soy muy exquisita.

Nos ponemos a cenar y hablamos de nuestras cosas; entonces de repente me dice que tengo una sorpresa pero que no me lo puede decir.

Así que cuando salimos del Telepizza, coge y me suelta que todavía quedan más sorpresas, que confíe en él y entonces me lleva a su bar “Borrachos sin fronteras”.

En el bar “Borrachos sin fronteras”, están todos mis amigos y los suyos preparando el garito con un cartel que pone ¡Felicidades Paula!, lleno de serpentinas por todos lados y globos puestos.

Estaba oscuro cuando yo llegué, de repente me giré hacia Charlie y le dije:

Paula: Charlie, aquí no hay nadie.

Charlie: ¿Estás segura de eso? Haz la cuenta al revés… 3, 2, 1…

Paula: tres… dos…. Uno…

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡SORPRESA!!!!!!!!!!

De repente se encendieron todas las luces y yo al verlos a todos allí me emocioné mucho, nos abrazamos y me gritaron ¡Felicidades Paula!

Me pusieron una tarta enorme de chocolate, donde ponía escrito ¡Felicidades!; soplé las velas y les di las gracias.

Cada uno empezaron a traer sus regalos; me regalaron un cuaderno, una camiseta, un marco con fotos de Charlie y mías, un puzzle de 1000 piezas de los muñecos de Disney, una tarjeta con la firma de todos y un colgante de un delfín.

Me encantaron los regalos, los guarde y luego empezamos todos a beber; mis amigas y yo brindamos con Puerto de Indias con seven up, nos reímos e hicimos muchas fotos.

Nos tomamos la tarta, que cómo es normal y a Charlie y a mí nos gusta llamar la atención; no se le ocurrió otra cosa a él que coger un poco de tarta y estampármelo en toda la cara, yo hice lo mismo y acabamos jugando hasta que al final paramos muertos de risa y fuimos a lavarnos al baño.

Nuestros amigos estaban que no daban crédito a lo que veían, incluso alguno soltó una.

Amigo: ¿Sí es que no vais a madurar nunca o qué?

Charlie: Madurar, ¿para qué? Ni que fuéramos melones

Todos se echaron a reír, al final entre jugar a los dardos, al futbolín y brindar por mi cumpleaños la tarde se convirtió en noche, acabamos cansados así que se fueron todos a casa.

Yo esperé a que Charlie cerrará el bar para irnos juntos; al marchar Charlie me preguntó…

Charlie: ¿Qué te pareció el día?

Yo: La verdad es que bien, no me puedo quejar; has sido un día maravilloso. Gracias por hacer mi sueño realidad y hacerme feliz.

Charlie: De nada, pequeña.

Cuando llegamos a casa, recogimos nuestras cosas y dejé los regalos en su sitio; nos pusimos los pijamas y nos fuimos a la cama.

Charlie: Oye, ya que tú has tenido tu día de cumpleaños que fue bastante bien, creo entender por esa sonrisa que todavía no se te ha ido de la cara ¿Yo tengo algo?

Yo: Pero si fue mi cumpleaños, ¿Por qué vas a tener tu algo después? Aunque si quieres una buena recompensa prepárate bien que voy a dártela.

Esa noche, fue la mejor de mi vida e hicimos el amor, nos besamos y estuvimos un buen rato abrazados en la cama hasta quedarnos dormidos.

 

 

 

 

 

 

Capítulo 6

Mañana de resaca

 

Al levantarme pensé que mi cabeza iba a explotar; en serio estaba saliendo con Charlie, mi vida de soltera se había terminado.

Lo cierto es que no me importaba nada, Charlie era una buena persona y sabía que iba a ser feliz; llevábamos muchos años de amigos y lo conocía hasta el punto de saber que, era lo que yo estaba buscando.

Cuando me levanté el todavía yacía dormido en el dormitorio, estaba sin camiseta echado boca abajo durmiendo plácidamente, parecía un angelito que no hubiese roto un plato en su vida.

Cuando eres mayor una de las cosas que te das cuenta es “el día de después”, ese día que al principio piensas que te vas a levantar genial y lo que tienes es una resaca que no te tienes en pie; pero claro yo tenía que escribir la historia aparte de hacer el desayuno.

Habíamos quedado que cada día lo hacía uno, así que ahí estaba yo en la cocina preparando chocolate, al acabar bajé a la chocolatería a por churros; quería que el desayuno del día después de mi cumpleaños fuera especial, sobre todo por la currada que hizo Charlie para celebrarlo.

Más tarde, al olor de chocolate se levantó Charlie y vino a saludarme con un beso; cuando vio todo lo que había montado cogió un churro y empezó a jugar al llamado “juego de los churros”, que se hace diciéndole a tu pareja que cierre los ojos, le pones un churro bañado de chocolate en la boca a ver si llega a morderlo o acaba manchándose toda la cara; el final fue épico.

Acabamos empañados de chocolate, tanto que como era tan pringoso no tuvimos más remedio que ducharnos después, así que fuimos al baño; nos desvestimos poniendo la ropa en jabón en una palangana y nos metimos a la ducha.

Al acabar, nos vestimos y yo puse una lavadora con toda la ropa mientras Charlie salía del baño en toalla alrededor de la cintura; con el pelo mojado sin peinar y goteando; la escena verla creerme que es fascinante, sobre todo si sales con alguien como Charlie.

Menos mal que en ese momento sonó el teléfono y me salvó de seguir observándolo durante más tiempo.

Ring…ring…

yo: ¿Quién es?

Bea: Paula, soy Bea ¿Qué hacemos esta tarde?

Paula: Ehmm…lo que queráis

Bea: Paula, te noto rara; estás bien, a ver que ya sé que a veces eres algo extraña, pero quedarte callada al principio no es muy normal

Paula: Ya lo sé ya… es que nos has pillado a Charlie y a mí en el baño.

Bea: Aiba… en una situación “Comprometida”

Paula: Hombre pues..

Bea: No me digas más, no necesito más explicaciones no soy Zaida

Paula: Lo sé.

Estuvimos hablando un poco, hasta que le dije que tenía que colgar porque tenía que arreglarme, que estaba en toalla y claro había que hacer cosas.

Ella automáticamente lo entendió y colgó el teléfono; al dejarlo en su sitio Charlie estaba delante de mí sonriente mirándome.

Cuando ya me pude arreglar; salimos a dar una vuelta para que nos diera un poco el sol, tomamos el aperitivo por ahí y hablamos de nuestras cosas.

Al llegar la hora de la comida, nos fuimos de tapas a comer; fue divertido porque nos encontramos con amigos nuestros y estuvimos con ellos tomando algo.

Luego ya nos fuimos para casa para que yo pudiera seguir escribiendo un poco más de mi novela.

“Laura tenía ganas de buscarle un buen final a su historia, no sabía qué hacer porque como sólo podían ser nueve páginas eso le deprimió bastante cuando se enteró; pero bueno tenía que ponerle un buen final.

David le ayudó a pensar durante un rato, hasta que se le hizo la hora de la comida y tuvo que irse porque había quedado en casa de sus padres.

María y Javier estaban contentos porque pronto llegaba el verano y así podían irse de vacaciones, este año tenían pensado en ir a Cádiz a la playa; aunque siempre iban a playa les habían dicho que era una ciudad muy bonita.

Así que estaban poco a poco mirando hoteles, preparando el viaje y mirando las rutas que puedan visitar”

La historia iba cada vez mejor, ahora sí que le gustaba porque por fin tenía algo que contar; sobre todo y lo más importante tenía sentido y eso era algo que sí podía mandar a su editor.

Mientras tanto, las chicas seguían trabajando en lo suyo, Zaida que cómo siempre estaba al tanto de muchas cosas; más de las que a mí me gustaría, no dudo ni un segundo en quedar conmigo para decirme que le había ocurrido una cosa que me iba a gustar e iba a alucinar.

Entonces decidió dejarme con la duda hasta que estuviéramos a fin de semana y pudiéramos quedar todas.

Yo no paré de escribir esos días ya que se acercaba el mes de junio y aunque quedará mayo en medio tenía que acabar la historia para el veinte de junio que era cuando empezaba el verano y yo ya quería desconectar un poco.

Charlie que seguía trabajando en su editorial, donde allí no paraban de encuadernar libros e incluso algunos de las copias que les mandaban, si les gustaban les dejaban quedarse un ejemplar antes de que saliera a la venta para que fueran los primeros en echarle una hojeada.

Yo me fiaba mucho de su criterio, ya que resulta que le gustaba un montón todas mis historias; decidí que fuera él quien viera el borrador.

Hacía mucho que no me ponía a escribir algo chulo desde el año pasado con el libro que tenía tanto éxito “El amor es cosa de dos”, fue algo maravilloso, casi no me lo podía creer, pero es que también es verdad que lo viví en primera persona todo; éste era más complicado porque no me dio tiempo a vivirlo del todo.

Aún recuerdo aquel veintinueve de febrero, cuando me puse a jugar con él y tocarle las manos; esas tan suaves que imaginaba acariciándome en una tarde/noche de primavera, además estábamos a veinte grados; no sé si tenía yo calor o era más calor corporal lo que sentí cuando me rozaba.

Así estaba ensimismada pensando, hasta que apareció vestido con una camiseta y unos pantalones pirata azules; peinado y afeitado porque al final de tanto insistir yo se puso hasta guapo y todo.

Charlie: Así le gusta a la pequeña, ¿Estoy mejor?

Paula: Tú pongas lo que te pongas estás guapo, pero ahora afeitado estas más todavía.

Ahora que te veo arreglado, porque no bajas a comprar mientras yo me dedico a ver cómo sigo la historia que me queda poco tiempo para enviarla a mi editor sino me va a encorrer.

Charlie se fue a comprar, mientras que yo me dedicaba a ponerme a seguir un poco con mi novela.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 7

Begoña y sus salidas con Gabriel

 

Begoña después de estar unos días sin decirle nada a Gabi porque quería hacerse la interesante y no ser ella la que fuera detrás de él; recibió un wasap al móvil.

“como se nota que has cambiado, dijiste que no me ibas a llamar y lo hiciste, ya tengo ganas de verte de nuevo; pero esta vez sin público; tú ya me entiendes, ¿Quedamos a un café?”.

Begoña cuando vio el mensaje, se quedó embelesada con una sonrisa pensando en cómo contestar al mensaje, quería tomarse su tiempo para que fuera algo que no diera a entender sus verdaderas intenciones; pero que lo dejará como en pausa.

Así que después de un buen rato meditándolo, le escribió y le contestó que de acuerdo que sí, aceptaba ese café.

Quedó con él en la cafetería “Lausana”, que al entrar tenía mesas cuadradas, techos altos acristalados, unas lámparas del año de Maricastaña, en las mesas había servilletas de usar y tirar y cenicero; porque se sentó en la parte de fumadores.

Cuando llegó Gabi, entró por la puerta estaba vestido con unos pantalones vaqueros marrones, una camisa blanca y un jersey de pico de color verde; entrando con ese aire varonil que lo caracterizaba, que se le ponía a ésta el vello de punta, y el pelo engominado tipo a lo pincho.

Se acercó a ella y la saludó con dos besos, se sentó en la mesa y pidieron dos cafés bombón sin azúcar; porque como el café bombón lleva leche condensada pues azúcar ya tenía bastante.

Empezó ella a hablar con él y a contarle cosas, le confesó que en el colegio si siempre iba detrás de él para jugar era porque le gustaba; lo que pasa es que con los demás tenía que fingir porque si no se reían de ella.

Él le confesó también que eso él ya lo sabía, era él quien le mandaba notas debajo de la mesa a escondidas de todos.

Contándose las chorradas que hacían en el colegio, se echaron a reír; pasaron la tarde muy divertida, hasta que se les hacía tarde porque ella había quedado con las chicas esa noche para salir.

Gabi era un buen amigo, Begoña estaba contenta con él porque salían de vez en cuando; se estaban conociendo y era un buen chico; aunque tenía claro que quería hacer las cosas bien, trabajaba mucho y aunque se gustaban porque eso se notaba; quería ver cómo iba a llevar todo, llevaba mucho tiempo sin pareja y no quería perderlo.

La noche iba a ser fascinante, ésta me llamo a mí para decirme que plan había; que quería comentar conmigo antes unas dudas y si podía verme antes.

Así que como las chicas habíamos quedado a las 21.30, Begoña pasó por mi casa a las 20.30, porque quería que le prestará unos botines para ir más cómoda, porque los suyos estaban en la zapatería cambiando la suela.

Al llegar Begoña a mi casa, ya tenía preparados los zapatos así que como vivíamos cerca; se tomó una copa de gin tonic de Puerto de Indias para empezar la noche y se fue a su casa a arreglarse con los zapatos.

Cuando marchó, me arreglé y me puse mis princesitas rojas con un vestido negro con escote, me pinté los labios color granate y me puse la raya del ojo azul cielo con rímel negro.

Al terminar de arreglarme; cogí mi bolso/mochila, metí las llaves, monedero, cámara de fotos y mi móvil, cuando lo tuve todo me marché.

Al llegar al bar “Las solteras locas”, ya estaban todas en la puerta esperándome; porque yo al ir para allá me había entretenido al encontrarme con Charlie, que cómo siempre aparecía en los sitios menos insospechados.

Entramos todas a la vez, nos fuimos hacia la mesa donde estaba cerca de la barra y del escenario; porque esa noche había show de streeper; ya que era el día de Santa Águeda.

Aunque yo no era muy amiga de esas cosas; por mis amigas fui y es alucinante lo que te encuentras en esos lugares.

Hay mogollón de tías solteras, casadas, de parejas de hecho; que se vuelven locas cuando ven a un tío encima de una barra en slip rojo ajustado o lo que vulgarmente se llama taparrabos.

Sí, es algo alucinante, es como si no hubieran visto un rabo en su vida; parece que sean primerizas cuando muchas llevan años casadas o con sus parejas viviendo, no me digas que esas no han hecho “nada” nunca.

Pues ahí que estaban todas como locas; chillando, bebiendo y bailando al son de esos tíos; cuando uno de ellos fue hacía mí, pensé que me daba algo así que me aparté un poco y él tío ahí que llegó y empezó a frotarse de arriba debajo de mí, pensé que me daba algo salí tan corriendo que no volví a un sitio de esos; fui a por mis cosas y me largué a casa.

Las chicas se quedaron heladas cuando me vieron marchar, pero se quedaron allí y decidieron que mañana me llamarían para hablar conmigo.

Cuando llegue a casa; lo primero que hice fue encender el ordenador y ver si tenía algún email de mi editor, los revise todos hasta que di con él.

Hola Paula:

Sé que te dije que no había prisa para que me dieras el borrador, pero espero que dentro de poco tengas algo; ya tengo ganas de ver como es la última parte de la historia, me gustó mucho la primera y espero que en ésta me des una alegría más grande.

Un saludo

               Juan Carlos

Así que después de leer el email de mi editor, me puse a pensar en cómo podía encauzar la historia para buscarle un final con sentido; así que empecé a pensar en todas nuestras historias que nos pasaban día tras día, las movidas en el trabajo, los amoríos y sobre todo como hacemos que todas nuestras movidas con nuestra vida personal en general no nos hayan afectado al resto de los años y sigamos siendo amigas.

“María y Javier después de unos cuantos días, consiguieron un hotel de cuatro estrellas en el centro de Cádiz, estaba muy bien; al lado de la playa y con las tiendas de comestibles cerca donde ellos podían comprar para alimentarse esos días lo que necesitarán.

En el mismo hotel, había una piscina enorme y un jacuzzi el cual fueron a relajarse un día con sus albornoces y el pelo en un gorro de piscina que les quedaba ridículo, pero les molaba estar en el agua tan calentitos durante unos minutos; porque sino como estaba a una gran temperatura podían acabar mareados al salir.

Laura seguía dándole vueltas a su final de la historia; tenía que o cargarse a un personaje o directamente mandarlo a otro lugar, así que decidió un divorcio rápido amistoso para que pueda quedar bien y que luego la chica al quedarse soltera se dedicaba a viajar por el mundo.

David, cuando le dijo Laura la idea le pareció estupenda; tenía ganas de que ella tuviera tiempo para él y que dejará de pensar un poco en el trabajo al fin de cuentas se merecía un buen descanso y relajarse.”

Así seguí la historia, sabía que tarde o temprano le iba a poner un gran final de esos que salen todos juntos a un viaje, o una boda emblemática de esas inolvidables de los cuentos de hadas.

Charlie que tenía ganas de saber el final y sobre todo de ver la imagen que ella tenía de él, aunque más o menos se hacía una idea; quería que cuando terminará la historia poder darle una sorpresa que no olvidará jamás.

Llevaban saliendo unos meses ya, así que Charlie después de tanto tiempo yendo para mi casa decidió llevarme a la suya.

Cuando fue a decírmelo casi me da algo, no sabía qué hacer ni tampoco cómo comportarme el primer día era algo increíble.

Estaba como si nunca hubiese tenido una relación y tuviera que empezar de cero a que alguien me explicará que era salir con un chico.

¿En serio quería que yo conociera a su familia tan pronto?, pensé yo si sólo llevábamos unos meses viviendo; pensé que era un poco precipitado, ¿pero que era de esta vida sin un poco de riesgo no?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 8

¿Cómo salir ilesa de la familia política?

 

Así fue, como, aunque en el fondo estuviera con un poco de miedo; ya que era la primera vez en años que visitaba la casa de los padres de un novio, estaba un poco a la expectativa y cómo era de esperar Charlie me puso al día.

Mis padres son dibujantes los dos; te acuerdas de esa caricatura que tengo yo en mi cuarto, pues me la hizo mi madre cuando apenas rozaba los dieciocho años de edad.

Trabajan en estudios Disney, así que como sé que te gusta tanto podrás preguntarles cualquier duda que tengas o cómo es posible que vivan en un sitio tan bueno como éste.

Aunque hubo crisis sobreviven, les gusta mucho hacer bocetos e incluso tienen unos cuantos dibujos chulos en casa de Disney que puedes ver y a veces hasta hacen algunos para mis sobrinos.

Paula: ¿Tú tienes hermanos? ¿no eras hijo único?

Charlie: Yo tengo una hermana, se llama Raquel y está casada con Alberto su novio de toda la vida, tienen tres hijos llamados Dani, Eduardo y Carlos.

Paula: ¡Qué bien! Tus padres estarán encantados con sus nietos.

Charlie: Sí, desde luego, bueno ya hemos llegado.

Al llegar, los padres fueron directos a saludarlos y conocerme a mí; la madre que era gran aficionada a lo que escribía, fue directamente con mi libro para que yo se lo firmará.

Estaban muy contentos de tener una escritora novel en su casa; sobre todo un orgullo para ellos que yo hubiera escrito una novela donde su hijo fuera protagonista.

Estuvimos hablando un poco de todo, ellos me enseñaron los bocetos de los que tanto Charlie me había hablado y empezaron a contarme como era su profesión y el motivo por el que la habían elegido.

Cuando iban al colegio, en clase de dibujo el profesor había quedado impresionado de lo bien que copiaba, así que cuando la gente no miraba se dedicaba a dibujar pequeños dibujos e incluso estaban siempre apuntados a los concursos del cole; al final de curso siempre había un concurso de dibujo a ver quién dibujaba algo distinto.

Yo les contaba, que mientras yo iba al colegio me dedicaba a escribir; era algo que siempre me gustaba y que además se me daba bien o por lo menos eso era lo que decían.

Les conté también que inventaba muchas historias, poniendo de base mi vida real sólo que la edulcoraba para que pareciera insuperable.

Me gustaba escribir de algo que la gente se sintiera identificada, tanto que al leerlo dijera si esto lo estoy viviendo yo ahora mismo, aunque a veces la realidad supera a la ficción; quería escribir de algo real, algo que ninguna dudará quien era cada una.

Me pasaba horas delante del ordenador buscando esa historia que la gente le gustará leer y sobre todo fuera divertida.

El día no fue del todo mal, e incluso fue hasta instructivo porque el conocer gente que se dedicara a trabajar para Disney no se veía todos los días.

Aluciné cuando me enseñaban los dibujos, de la forma que estaban trazados y dibujados a lápiz y luego me enseñaron también un aparato donde los ponían para que surgiera el movimiento de cada uno de los personajes.

Todo personaje en la historia del escritor o del dibujante tiene un motivo para ser creado; fue emocionante conocer a gente así.

Cuando llevaron un rato allí, se les hacía tarde así que Charlie decidió que nos fuéramos para casa a descansar.

Al llegar a casa, nos arreglamos para ponernos a cenar y hablar sobre el día; Charlie quería saber qué imagen había tenido yo sobre sus padres y que me había parecido la casa donde él había estado tantos años.

Estuvimos hablando de eso y un poco de todo, luego preparé la cena mientras Charlie se ponía el pijama porque ya era tarde.

Al acabar de cenar, me puse a escribir un poco de mi historia que, aunque la llevaba bien, tenía que incluir unas cosas.

“Laura por fin consiguió su final de la historia esperado, así que lo escribió y David orgulloso lo leyó y sonriendo se acercó a ella y la beso.

Entonces, llamaron a María y Javier que seguían en Cádiz y no volvían hasta el domingo; querían disfrutar de sus vacaciones hasta el último segundo.

Les contaron que Laura estaba feliz, que ya había acabado la historia y que tenía ganas de llamar a su editor para que se la publicará.

Ellos estaban muy a gusto por Cádiz habían conocido muchas cosas, hecho fotos y comprado recuerdos para ellos e incluso algún regalo ya que pronto iba a ser el cumple de Laura y ellos lo sabían.

Estuvieron hablando un poco hasta que colgaron porque Javier quería hacer unas fotos al paisaje porque era la única hora que había una buena luz.

Pronto volverían a la rutina y querían tener un buen recuerdo de este viaje y además con una grata sorpresa.”.

La cosa cada día iba mejor, yo estaba muy contenta de lo que escribía; hacía mucho tiempo que no me salía algo tan bien, sobre todo cuando tenía que escribir a base de mi imaginación, aunque Charlie también me aportaba muchas cosas.

Charlie como estaba muy cansado, se fue a la cama y yo me quedé viendo la televisión porque sabía que hoy no iba a haber tema por mucho que yo me empeñará.

Así que yo me puse a ver Castle esa noche, me gustaba mucho porque me ayudaba con mi proyecto y eso que la historia iba muy bien.

Mis amigas, esa misma noche me wasapearon diciendo que les contará todos los detalles de cómo había sido el conocer a los padres de Charlie.

Les dije que bastante bien, que eran gente muy sencilla y muy amable; les gustaba mucho mi libro sobre todo el primero que había publicado, querían una copia del de ahora y les dije que el primer ejemplar que me hiciera llegar la editorial sería para ellos.

Éstas estaban encantadas de que las cosas hubieran ido tan bien, sabían que Charlie era un buen chico y que tenía futuro con él.

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 9

Donde sea, pero contigo

 

Empezaba el mes de mayo, los árboles seguían floreciendo y tenían unos colores muy bonitos; el cielo estaba azul y no había ni una sola nube.

Era esa mañana, cuando me levanté y me arreglé para ir a comprar alguna cosa que faltaba; mientras Charlie seguía durmiendo.

Cómo era sábado, las tiendas estaban abiertas; había mucha gente en la calle y el sol pegaba bastante, vamos que si las piscinas estuvieran abiertas seguro que estarían a tope de gente.

Cogí la compra y me vine para casa, al entrar me di cuenta de que Charlie ya se había levantado y estaba en la cocina en ropa interior y sin camiseta; para mejorar mi mañana con una buena vista.

Llegué a la cocina y me acerqué a él abrazándolo por detrás, le di un beso en la espalda y él se dio la vuelta diciéndome que donde había estado.

Entonces al ver las bolsas en la encimera; empezó a cotillear a ver lo que había comprado y si le había cogido algo bueno para él.

Charlie: ¿Hay postre nuevo?

Paula: Según, la recompensa que tenga yo después…

Charlie: Me estás haciendo chantaje pequeña

Paula: Ay que listo es mi chico! Si es lo quiero tanto…

Así que al final, Charlie desistió de tal manera que cuando encontró la sorpresa se hizo el tonto, la metió en la nevera y me dijo que estaba de acuerdo con hacer una apuesta.

Yo me reía, porque aparte de que soy muy buena amiga de las apuestas; siempre las ganaba porque me anticipaba a todos sus pensamientos fueran perversos o no.

Me puse a escribir la historia durante un rato, hasta la una que había quedado para tomar un aperitivo con mis amigos; mientras que Charlie veía que sólo me quedaban diez hojas como siempre le decía para acabar la historia.

Mientras tanto, estaba pensando en hacer una fiesta con todos, Charlie decidió ayudarme a montarla en nuestra casa.

Nuestra casa, que bien sonaba en su boca; era como si los sueños se me estuvieran haciendo realidad en poco tiempo, tenía a un hombre que quería, la historia iba muy bien y a la gente le gustaba; por si fuera poco, tenía unas grandes amigas que me apoyaban en todo; ¿Qué podía fallar?

Pasaban los días, y llegó el día de la fiesta; mis amigas llegaron antes que los suyos y lo curioso es que ninguna venía sola.

Charlie, que había acabado de cambiarse llegó al salón donde ya estaban todos ayudándome a preparar todo sobre todo las chicas que estaban en la cocina conmigo.

Entonces se presentó a todos, los chicos que iban con ellas eran esos de los que ellas tanto me hablaban en nuestras quedadas.

Se llevaron muy bien e incluso empezaron a hablar de muchas cosas, aparte de lógicamente de nosotras.

Alex: ¡Hola Charlie! Encantado de conocerte, Bea me ha hablado de ti que estas con Paula y que están todas muy contentas con vuestra relación

Charlie: Sí, es que nos llevamos muy bien desde hace tiempo

Gabriel: ¡Buenas Charlie! Yo soy Gabriel, ya te habrán puesto al día tu chica; soy el chico de Begoña

Diego: ¡hola a todos! Yo me llamo Diego, soy compañero de Zaida del trabajo y me dijo que la acompañará hoy, es un placer conoceros.

Así fue, después de todas las presentaciones los chicos empezaron a hablar de todo un poco y sobre todo de ellas.

Las chicas estaban en la cocina, inmersas en lo que tenían que hacer y cotilleando sobre sus chicos.

Zaida: ¿Qué os parece Diego chicas? ¿A qué es mono?

Begoña: Mujer, tanto como mono ni que lo hubieras sacado del zoo

Zaida: hija, mono de guapo no de animal

Bea: Es que tú también, Begoña tienes unas cosas, pobre chico

Paula: Ya estáis metiéndoos con el pobre Diego, pues a mí me cae bien; tiene pinta de ser buena persona

Zaida: Paula por dios, a ti todo el mundo te cae bien; aunque viniera con un gallo en la cabeza te parecería mono

Paula: Tampoco exageres, que yo soy mujer de gustos algo raros

Begoña: Pues para creerte que tienes gustos raros, que sepas que Charlie no está nada mal eh, que yo si estuviera sola le haría algún que otro favor

Estuvieron un buen rato hablando de ellos y de sus cosas; bebiendo y bailando todos juntos, hasta que a Zaida de repente le dio por coger el micrófono y gritar para todo el mundo que iba a hacer un concurso de Karaoke.

Los chicos se miraron entre ellos diciendo que ellos no se subían a cantar ni locos; entre otras cosas porque Charlie otra cosa no, pero cantar mejor que no, la última vez que cantó lo echaron porque explotaron los altavoces.

Aunque Charlie siempre que lo cuenta, dice que la culpa no la tuvo él; que eran viejos y que la corriente de ese sitio estaba chapada a la antigua.

Aún así todos brindaron por ese reencuentro, estaban encantados de haberse conocido y sobre todo de llevarse tan bien.

Cómo tenía mucho trabajo por delante, cuando acabó la fiesta recogieron todo; tiraron las botellas de alcohol vacías y las que sobraron las guardaron en la despensa.

Luego ya se fueron a dormir porque al día siguiente iba a ser muy dura la resaca, ya eran mayores y la edad en estos casos se notaba mucho.

“María y Javier cuando llegaron a Zaragoza, llamaron a sus amigos y quedaron con ellos para tomar una cerveza.

Cuando estuvieron juntos, María empezó a hablar y les dijo que tenían una gran noticia que darles, éstos expectantes se quedaron esperando hasta que ella les dijo.

María: chicos, ¡vamos a ser papás! Estoy embarazada

Chicos: Enhorabuena pareja, que alegría más grande.

Laura: ¿Oye y para cuándo es??

Javier: Creemos que, para mitad de enero, estamos felices.

David: Me alegro mucho de verdad, Laura también tiene una gran noticia

Laura: Sí, voy a publicar mi novela a finales de año, se va a llamar “Me gusta que seas tú”, mi editor la ha leído y dice que es fantástica

Contentos todos, brindaron con sus copas y se felicitaron abrazándose y dándose dos besos, los chicos unos buenos abrazos”.

Eran la una menos cinco y en cinco minutos iba a coger una coca- cola para tomarse una especie de aperitivo; mientras escuchaba la canción de Pignoise “estoy enfermo”, una de las canciones que salía en la serie de los hombres de paco.

Las canciones de Pignoise me gustan tanto, que me inspiran mucho para escribir y sobre todo el pensar que Charlie estaba a mi lado era algo satisfactorio.

Aunque llevaba varios días un poco acatarrada, pero bueno también era el tiempo primaveral; Charlie llevaba una alergia que tenía las narices más rojas que el muñeco del juego de los médicos que nos dejaban jugar de pequeños, ese que cuando te equivocabas pitaba la nariz roja con una luz.

Estaba tomando jengibre para calmar el catarro y tilas para los nervios, porque tenía que entregar un proyecto el lunes, porque como el viernes era puente pues no volvía a la oficina ese día.

Aparte de tener un catarro de no te menees, estaba tranquilo fumando en la terraza y tomando cerveza mientras le daba el sol en toda la cara.

Yo ya había sacado el abanico verde, que con todo lo que estaba comiendo estaba engordando unos kilos así que decidí no ponerme encima de la báscula porque sino me iba a deprimir.

Charlie, aún estando algo malo; como no tenía fiebre se fue a trabajar, en la oficina se concentraba mejor que en casa, eso decía porque yo era una distracción bastante tentadora.

Cómo era sábado y Charlie trabajaba por la mañana, yo me dediqué a dar una vuelta para hacer fotos por ahí y que me diera un poco el aire para a ver si así me inspiraba un poco más y terminaba ya con la historia.

Quería un final recurrente, que fuera un final que no se esperara nadie, a veces me daba por hacerlo trágico; otras veces siempre terminaba con eran felices para siempre, pero de que novela romántica me había caído si realmente la vida no era tan bonita ni tan perfecta y menos la mía.

En las historias de amor que contaba parecía que todo me iba bien, pero lo único que conservo de los chicos eran sus regalos y algunos, aunque también tenía fotos donde todo era perfecto; mi vida parecía sencilla.

Ahora estaba en un momento buenísimo, tenía un novio que era como el príncipe azul de los cuentos; sólo que éste sin el cómo, vivía una vida sexual bastante satisfactoria y encima Charlie era de esos que cuando te sonríe se te cae el alma a los pies; aunque a mí cada vez que me sonreía se me caía más que el alma, vosotras ya me entendéis; un día de estos voy a perder las bragas y no voy a saber ni dónde están.

Me gustaba como era; no sé si es porque era demasiado directa con él o porque realmente me gustaba porque no se andaba con rodeos ni tapujos raros.

Mis amigas habían conseguido un chico normal, de esos del montón que les gustan porque son tan sencillos que no les hace falta un manual de instrucciones para entenderlos; será verdad que igual yo había perdido la razón con Charlie o es que su manual era de los que había que repasarse antes de quedar con él; porque menudo hombre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 10

Una visita inesperada

 

Estaba escribiendo en mi ordenador mi historia, mientras Charlie se estaba terminando de arreglar; estaba escuchando música desde el YouTube que era la única que me gustaba e incluso me inspiraba en momentos de dejadez.

Ya tenía ganas de ponerle un buen final a la historia para acabarla; no me dejaba dormir el pensar que iba a hacer Charlie cuando la leyera.

Aunque un día lo pille en mi escritorio, mirando un poco por encima las hojas donde yo tenía parte del borrador y cuando levantó la cabeza y me vio se sobresaltó.

Charlie: Pequeña, que susto me has dado; ¿Qué pasa?

Paula: Nada, que se supone que estás buscando entre mi escritorio y los cajones; no estarás cotilleando a ver lo que pone de ti en la historia ¿verdad?

Charlie: No por dios, en serio me crees capaz de algo así a mí.

Paula: Yo a ti te creo capaz de todo ya, así que no busques nada que no vas a encontrar porque la historia que está ahí en borrador no es la del editor

Charlie: Ah no! Vaya pensé que era esa.

Así fue, como le deje con un palmo de narices sin saber lo que él quería, aunque realmente le había dicho una mentira piadosa; porque esa historia era la de él, sólo que quería tenerla en el anonimato por el momento hasta que le diera un buen sentido.

Charlie se fue a trabajar con la mosca detrás de la oreja; mientras que yo me puse a arreglar todos esos papeles que él cotilleando me había desordenado y menos mal que no había dado con el borrador definitivo.

Estaba escribiendo, mientras que hablaba por wasap con Zaida que alucinaba por cómo estaba escribiendo la historia de rápido, pero es que me había pillado en plena inspiración y ahí que estaba yo delante de mi ordenador tecleando como si no hubiera un mañana.

Mientras seguía enfrascada en mi novela, cogí el móvil y cambié la canción; tenía ganas de escuchar canciones de Bisbal, me animaba mucho porque tenía canciones muy movidas y eso me hacía escribir con mayor fluidez.

Ya eran la una y media, estaba sentada con mi portátil escribiendo y bebiéndome una         Coca-Cola que es lo que más me espabila, entre otras cosas porque la cafeína es lo que más me altera a veces pero a la vez me espabila.

Llevaba días un poco adormilada y durmiendo fatal; estaba algo preocupada por no llegar a los plazos de la novela, sabía que daría un vuelco y se daría la vuelta sola así que en cuanto empezó a tener sentido la cogí por banda y como cuando fui a ligar con Charlie tú a mí no te me vas a escapar, pues la historia igual.

De repente, habían pasado más de tres horas que estaba escribiendo; así que llamaron a la puerta y cuando abrí me quedé petrificada de quién estaba en el descansillo.

Paula: Dani, ¿Qué haces tú aquí?

Dani: No puedo venir a ver a una vieja amiga

Paula: Dani tu y yo no somos amigos, somos ex novios y además Charlie está al caer de llegar de trabajar de su oficina ¿Qué quieres?

Dani: Ah! Ósea que ya me has sustituido y parece que ese Charlie es importante para ti, que pasa hace las cosas mejor que yo

Paula: No me apetece discutir ahora, estoy escribiendo mi segunda parte de la novela para entregársela al editor y no tengo tiempo para ti

Dani: Pues yo vengo a decirte cuatro cosas de la primera; cómo vi como alardeabas de tu relación con Charlie y cómo me pones a mí como una basura o alguien que estuvo contigo sólo por pena o peor aún por tu fama.

Paula: No digas tonterías, hacía mucho que ya no nos queríamos; tú empezaste a salir con otra a mis espaldas y según me dijiste la última vez te hacía más feliz que yo, así que ahora no te hagas la víctima.

Mientras discutían, se abrió la puerta de casa y entró Charlie sonriéndome a mí hasta que se fijó que estaba Dani y le miró con cara de pocos amigos.

Charlie: Anda mira, todos los días matando tontos y aún quedan, ¿Qué haces tú aquí?

Dani: Te recuerdo que esta casa, antes de que te pusieras de ocupa era mía, al igual que ella

Charlie: Perdona, creo que estas equivocado; esta casa es de Paula y tú estabas aquí de paso sobre todo porque, aunque estuvieses saliendo con ella en su día, no te da ningún derecho a aparecer ahora aquí como un elefante en una cacharrería a montársela para qué fin, que pretendes conseguir ¿tus cosas? Cógelas y vete ya.

Paula: Charlie, relájate y déjame a mí acabar con esto a ver si así nos deja tranquilos a los dos.

Dani: Eso Charlie relájate que decir eso a Paula se le da muy bien, mientras no te fastidie la vida y te deje tirado como a una colilla.

Paula: Vale ya, lárgate ya Dani

Dani al final se fue, Charlie fue directo a la cocina a tomarse una tila y luego me pidió que me sentará en el sofá para hablar; quería saber a qué atenerse conmigo porque no estaba seguro de salir vivo de allí.

Yo estaba asustada, no quería que se fuera además estaba muy a gusto con él; aunque él estaba asustado porque no sabía si estaba preparado para enfrentarse a mi pasado, al marchar Dani las cosas se tranquilizaron un poco.

Charlie sabía que tarde o temprano iban a recibir la visita; eso era el precio que tenía que pagar por escribir de una misma, sabía que un día de estos me iba a pasar factura, pero no me esperaba que fuera tan pronto.

Charlie estuvo unos días un poco extraño, no me habló en varios días y cómo es normal ya me temía lo peor; que me iba a dejar y todo lo que habíamos creado iba a quedar patas arriba; total acabaría como Lina Morgan, compuesta y sin novio.

Necesitaba desahogarme con alguien, así que llame a Bea mi amiga; que de todas era la más sensata de todas y sabía que con ella me podía desahogar, así que quede con ella en su casa y me fui; dejando a Charlie en casa sumido en sus pensamientos.

Al llegar a casa de Bea, la encontró que acababa de salir de la ducha con Alex y se estaban vistiendo; así que cuando abrió la puerta está la invitó a esperarle en el salón que era como una salita pequeña que tenía ella para las confesiones de sus amigas.

Alex cuando ya estaba arreglado y vestido, se despidió de Bea con un beso y me dijo adiós a mí con la mano y se fue.

Entonces Bea, que me conocía muy bien; se sentó en el sofá conmigo no sin antes preparar una cerveza y unos ganchitos que tenía por ahí de los jumpers que tomábamos cuando éramos jóvenes.

Paula: Lo siento, por aparecer sin avisar; pero es que estoy hecha un lío y necesito escuchar algo con sentido o que alguien me diga lo que quiero oír.

Bea: Paula, no estás aquí para que te diga lo que quieres oír; estas aquí porque soy la única que no tengo pelos en la lengua y te voy a decir lo que no te va a gustar, pero sabes que yo siempre te diré la verdad y por eso vienes.

Mira Paula, estas hecha un lío con tu vida y lo entiendo; tu siempre has sido la más sensata y has tenido las cosas claras, te fuiste a vivir con Dani muy pronto; porque en aquel momento estabas enamorada y creías en el amor que os teníais, que yo siempre envidié pensando que no iba a encontrar a mi alma gemela como tú a la tuya.

De repente, empezaste con muchas crisis con Dani y eso te asustó porque perdiste el control de la situación; en todo ese caos apareció Charlie, un tipo guapo, alto, mono y con buena percha que con su radiante sonrisa te hizo ver que el amor y el sexo podían ir unidos y pasar buenas aventuras; a ti que te va el barro más que un tonto un lápiz con los ojos cerrados le dijiste que sí, pero porque tenías que poner tu vida otra vez bajo tu control.

Cuando dejaste la oficina en un ataque de ansiedad, pensaste que la escritura te llevaría al fin del mundo y fue durante un buen tiempo; hasta que te diste de narices con la realidad y eso te asustó, pero aun así tuviste la suerte de tenernos a nosotras que te apoyamos hasta el final y por ello estás así.

Me quedé helada con ese desarrollo de palabras bien dichas, viniendo de Bea me lo esperaba porque siempre fue la que más me apoyo y sobre todo la más sensata de todas; parecía una madre para mí y a la vez era buena amiga, pues como decía su madre un buen golpe de la vida tampoco viene nada mal.

Cuando se me hizo tarde, me fui a casa donde me esperaba Charlie más relajado y me miró con una sonrisa y sin decirme ni una palabra me abrazó y me beso en la frente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 11

Ya nada volverá a ser como antes

 

Era la primera crisis que teníamos en meses, no sabía cómo manejar la situación al principio; más estaba un poco perdida con el tema menos mal que tenía a mi amiga Bea para casos extremos tener a alguien con sentido común para esos temas.

Me había animado bastante, aunque yo sabía que para tener una relación consolidada teníamos que pasar baches, aunque fuesen duros.

Aunque el sexo era increíble y no me podía quejar al respecto; teníamos muy buena comunicación, aunque ahora estuviera la cosa un poco extraña desde la aparición de mi ex en casa sin avisar.

Mientras tanto, yo seguía escribiendo mi historia que cada vez prometía más y por fin tenía un buen final del cual salir airosa.

“María después de un tiempo, dio a luz una preciosa niña que se llamó Ana; cuando se la dejaron coger a Javier ésta se quedó helada viendo lo bien que se le daban los niños y lo feliz que estaba de tener algo tan pequeño y bonito en sus brazos por fin.

Sus amigos, estaban esperando en la salita de espera, cuando los dejaron entrar les dieron la enhorabuena; el parto fue rápido duró cuatro horas y mereció la pena.

David ese mismo día, hablo con todos ellos porque querían anunciar que por fin se iban a vivir juntos; habían encontrado una casa enorme, con una buena cocina, un buen salón y un maravilloso dormitorio, un escritorio para que Laura pueda seguir con sus historias, lo estaban arreglando y pintando entre los dos; para ellos era un avance muy bueno que querían compartir con ellos, éstos se alegraron.

Tenían claro que tenían mucho que celebrar aparte del nacimiento de su hija, entre María y Laura prepararon la fiesta para la inauguración del piso.”

Charlie después de todo lo que había pasado; sabía que yo estaba algo aturdida por todo aún así me dio espacio, pero sin alejarse, que era el miedo que yo tenía.

Pasado un tiempo, Charlie sabía que yo necesitaba tiempo; así que decidió por un tiempo volver a su apartamento hasta que yo me aclarará un poco.

Cuando Charlie marchó a su apartamento; lo primero que decidí fue hacer un viaje para olvidar todo e intentar centrarme en todas las cosas que me habían pasado en poco tiempo.

Así que cogí la maleta y les conté a mis amigas que me iba de viaje a Gijón, porque unos días con la familia y en la playa tampoco me iban a venir mal.

Ellas me apoyaron desde el primer momento; temían que me iba a volver loca si seguía más tiempo en Zaragoza sobre todo sabiendo que Charlie estaba organizando sus ideas y sentimientos hacía a mí antes de tirarse a la piscina.

Así que allí que me fui, cogí la maleta con unas pocas cosas; me metí en el tren y me marché para allí unos días.

Necesitaba despejarme y sabía que los paseos por el muro, el puerto y andar hasta Santa Catalina y volver eran maravillosos; sobre todo porque te daba el aire en la cara y veías las cosas de otra manera.

Pasó el tiempo, necesitaba airearme así que estuve por allí un mes; mi familia me arropo bastante y me llevaba por ahí, paseaba y hacía fotos al amanecer, atardecer y con la brisa de la playa me relajaba un montón.

Así que cogí e hice mi diario de viaje, aunque pensaba descansar un poco tenía tantas ideas en la cabeza que tenía que plasmarlas en algún sitio.

Me pasé los días por allí, me levantaba a horas intempestivas; me iba a caminar por allí y más tarde iba a casa de mi tía a comer.

Estuve unos días hasta que de repente me di cuenta que no hacía más que pensar en Charlie y que tarde o temprano tendría que volver a la realidad para enfrentarme a ella.

Tenía claro lo que quería, e incluso esos días no hacía más que mi cabeza darle vueltas a lo que había pasado; sólo que ahora tenía una cosa clara el único que la ocupaba era Charlie.

En menudo berenjenal me había metido; no sabía ni siquiera como iba a salir o si acabaría como el rosario de la aurora, lo que si tenía claro es que quien no arriesga no gana y para eso tenía todas las agallas del mundo.

Así que lo primero que hice fue acabar mi historia, aunque en teoría estaba de vacaciones si la acababa podía llegar hasta relajarme del todo.

Entonces cogí el ordenador y ni corta ni perezosa, empecé a escribir el gran final para mandárselo a mi editor y ver lo que pasaba.

“María y Javier después de un tiempo celebraron el bautizo de su hija Ana, estaban encantados porque habían venido todos sus amigos.

Ese mismo día, Laura que era la escritora más reconocida gracias al twitter, redes sociales y a su marketing que le hacía su chico David habían vendido muchos ejemplares y estaba orgullosa.

Juntos les estaban saliendo las cosas como a pedir de boca, así que decidieron después del bautizo unos días más tarde hacer una gran fiesta para celebrarlo.

Poco a poco llegó el día, la fiesta fue espectacular; todos bailaron, bebieron y fumaron hasta hartarse, pero sobre todo al final se juraron que jamás iban a separarse, así fueron felices para el resto de sus días.”

Al acabar la historia la mande a mi editor; me fui a la terraza de mi casa y me fumé un cigarrillo mientras pensaba en cómo arreglar mi vida ahora que gracias a mi ex estaba patas arriba; tendría arreglo o se había ido todo al carajo.

Mi editor, agente o lo que sea eso; me dijo que la había recibido y que estaba mirando a ver si podía hacer algunos arreglos pero que le gustaba mucho.

Mientras, recibí un mensaje de Charlie después de tantos días sin saber nada de él, aunque tuve miedo al principio de abrirlo me armé de valor para leerlo.

“hola Paula, sabes que te quiero; aunque esto me ha venido un poco grande te estaré esperando, pero recuerda que no lo haré eternamente”.

Lo releí unas cuantas veces, no me lo podía creer que tuviera que ponerme entre la espada y la pared, pero así era.

Sabía que le quería, pero no sabía si estaba preparada para seguir con esto, la relación que teníamos aparte de tener altibajos era un poco perro del hortelano ahora sí, ahora no; no sabía a lo que atenerme con él y tenía miedo acabar hecha pedazos.

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 12

Lo que no cabe en un armario, no cabe en mi corazón

 

Habían pasado los días en Asturias, como es normal tenía que volver a la rutina; así que cuando volví me di de narices con mi casa vacía, sabía que era lo que tocaba hasta que hablará con Charlie y volvieran las cosas a su cauce.

Sabes eso que pasa algunas veces, que intentas ir a comprar unos zapatos que te gustan y resulta que te hacen daño y no te caben, aunque intentes forzarlo; pues eso mismo me pasaba a mí con mi ex pero no me di cuenta hasta ese momento.

Charlie en cambio, era como esa camiseta que crees que no te gusta tanto al principio pero que tiene ese algo especial que te está diciendo, si no la pruebas nunca sabrás si era esa la que necesitabas para esa fiesta.

Habíamos empezado muy bien, estaba siempre en mis peores momentos e incluso compartía los buenos y siempre estaba dispuesto a dedicarme sus mejores sonrisas; mientras que yo estaba absorta al principio con alguien que decía quererme, pero no me lo demostraba y entonces me di cuenta de que realmente no era Dani para mí, pero Charlie por el contrario era distinto y veía un futuro.

Mientras estaba cavilando por todo eso, sonó la puerta de mi casa y al abrir estaba Charlie en el descansillo.

Entonces lo dejé pasar, nos sentamos en el sofá mientras de fondo sonaba la canción de “puede ser” de Dani Martín y Amaia Montero, tan bonita como cierta; allí estábamos los dos mirándonos hasta que Charlie empezó a hablar.

Charlie: Paula, creo que en este tiempo me di cuenta de que lo dices lo cumples, me dijiste que no ibas a aparecer y eso hiciste, me impresionas bastante.

Paula: Lo sé, pero necesitaba tiempo y la verdad es que me ha dado mucho de sí para relajarme y poner en orden mis ideas.

Charlie: Lo sé, quiero que sepas que mis sentimientos hacia ti no han cambiado; estoy dispuesto a intentarlo y luchar para que salga bien.

Esas palabras me llegaron al alma, se le veía dispuesto a bajarme la luna si se lo hubiera pedido; así que decidimos entre los dos intentarlo al fin de cuentas estaba con ganas de estar con él y a él le pasaba lo mismo.

Llevaba un tiempo pensando en qué iba a decir mi editor con el libro, sabía que salía pronto porque por primera vez “me gusta que seas tú” era una historia casi autobiográfica de lo que pensaba de todo lo que estaba pasando.

Mis amigas se lo leyeron casi del tirón y querían tener una conversación conmigo de cómo las veía yo a ellas; después querían que les contará que iba a pasar con Charlie y que los chicos habían quedado para hablar esta tarde.

Cuando llegue a casa de Zaida, Diego ya se estaba preparando para marcharse, estaba muy guapo, vestido con su camisa roja, sus pantalones marrones color caqui y su chupa de cuero.

Al marchar, Zaida le dio un beso en la boca y una palmada en el culo para que no se olvidará de ella y le recordó que esta noche tenía que llamarla para otro asalto.

Zaida empezó a hablar y me preguntó qué tal me había ido la vuelta y la aparición de Charlie, si habíamos arreglado las cosas con un nuevo asalto o directamente sólo habíamos estado hablando.

Mientras yo le contaba más o menos todo lo que había pasado, ella estaba preparando las cervezas y recogiendo un poco la casa; quería que le contará cosas con sustancia, que fueran buenas y no pensará que Charlie se había convertido en un meacamas; quería lo más parecido a una escena pornográfica posible.

Así que le conté todo lo que había pasado, ella flipo porque no era lo que le había contado Charlie ni por asomo.

Charlie y ella desde que se conocieron en la fiesta, se habían hecho muy buenos amigos; cuando mi escapada se habían contado muchas cosas.

Yo no sabía si seguir allí o salir corriendo, pero lo que si acabe teniendo claro es que Zaida tenía las cosas más claras que antes desde que estaba con Diego; le había hecho ver que la palabra amor existía y eso era algo que ella al principio no llevaba muy bien, siempre había utilizado a los hombres como a los clínex y ahora se estaba enamorando, mi Zaida enamorada eso era para verlo.

Cómo veía siendo normal, cada vez que me iba de viaje esto era como un tsunami, la tierra se desquebrajaba y cuando parecía que la cosa volvía a la normalidad aparecía un huracán y los volvía a todos locos o los cambiaba de estación.

Desde cuando las cosas habían cambiado tanto, Zaida se estaba enamorando y demasiado; Bea estaba como loca por qué Alex le dijera que quería estabilidad también como ella en su vida, Gabriel se había instalado en casa de Begoña con la intención de quedarse con ella para siempre y vivir un futuro.

Lo cierto es que la única que tenía que poner sus proyectos en orden era yo, esto era como un sueño hecho realidad; sólo que aún no sabía si era pura fantasía como un sueño y mañana iba a despertar en casa sola tirada en el suelo porque era como una pesadilla y se había caído de la cama.

Así que, al llegar a su casa, se encontró con Charlie que estaba trabajando en su ordenador con un nuevo proyecto que lo había llamado “Una noche de verano”, al oírla llegar; se levantó de la silla y la saludó con un beso.

Ella le contó todas las cosas que se había enterado; este se reía mucho de las anécdotas que yo le contaba porque a mis amigas siempre les pasaba algo increíble.

Cuando terminé de contarle todo, me fui a encender el ordenador para trabajar un poco, aunque sea ver cómo iba a empezar mi segunda parte.

Entonces días más tarde, salió a la venta “me gusta que seas tú”, las críticas fueron bastante buenas a la gente le gustó mucho; cuando se enteró Charlie fue a comprarlo, quería saber la imagen que tenía de él desde que empezamos la relación.

Se quedó alucinado cuando vio ese despliegue de sentimientos encontrados y sobre todo que ahora sí que tenía claro que estaba loca por él.

Le gustó tanto, que cuando yo estaba haciendo la cena fue directamente a la cocina para ayudarme y luego comentar sus dudas sobre la historia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 13

Mi corazón bombea muy fuerte

 

Por la mañana, me arreglé y me puse a trabajar en el ordenador mirando a ver cómo podía continuar la historia.

Ya se sabe lo que dicen que segundas partes nunca fueron buenas, sabía que Charlie iba a mirarla con detalle y luego comentarle las dudas con pelos y señales.

Nunca pensé que desnudar mi corazón iba a ser una locura tan grande, tanto que necesitaba descansar un poco; así que desconecté un poco para ver Harry Potter y las reliquias de la muerte 2, iba acabar la saga de Harry Potter estos días para relajarme, aparte de que igual así tenía otras ideas para la segunda parte.

Acabada la película Charlie, estaba cansado de estar todo el día delante de una pantalla plana; así que decidió ir a darse una vuelta con los amigos.

Quedaron los chicos para tomar una cerveza en el bar “Las noches de verano”, mientras que ellas iban todas a mi casa a contarme sus secretos.

Cuando estaban todas en mi casa, yo les tenía una sorpresa para esta noche y es que había comprado Jagermeister, que como nos gustaba poco pues ahí que estuvimos tomándolo; ahora eso sí sólo un chupito cada una, porque eso sube tan rápido cómo la pólvora.

En menos de nada, con eso y las cervezas acabamos con un cocolón de tal manera que cuando yo me levanté a por la cena; llevaba tal mareo que casi me caigo redonda por la sala.

Éstas, por el contrario, se subieron a la silla a bailar tipo gogó/stripper, haciendo uno de sus números, pero esta vez menos mal, no había hombres en la sala.

Así que se pusieron a hacer el tonto y el loco, estuvieron toda la noche así; hasta que se les hizo tarde y como los chicos se quedaban a dormir en casa de Diego, ellas se quedaron todas conmigo.

La noche prometía, empezaron a cantar tipo Karaoke hasta las tantas, menos mal que era sábado y el domingo no madrugaba ninguna; porque acabo siendo un desmadre.

Se pusieron el karaoke, la más atrevida de todas Zaida; se puso a cantar en el karaoke todas las canciones popurrí que había, las más viejas eran las mejores, como el tractor amarillo, el camaleón, antes muerta que sencilla, a toda mecha y Laura no está entre otras…teníamos a los vecinos vamos que no sabían si cantar o llorar.

Estábamos todas con un gran subidón de adrenalina; tanto que de la emoción hacía tiempo que no me latía el corazón tan fuerte como esa noche.

Entre el alcohol que llevábamos encima, los cigarrillos que nos habíamos fumado y el colocón del jagger, nunca en mi vida había pasado una noche tan entretenida.

Pasaban las horas, allí que estábamos cantando, bailando y contando anécdotas muy divertidas de nuestros años mozos; porque ya nos estábamos haciendo mayores.

Los chicos mientras tanto, estaban en casa de Gabi y Begoña viendo películas porno y hablando de cuanto hacía que no se daban un homenaje; cual había sido el último antes de estar con sus chicas.

Charlie: Tíos hace mucho que no salgo por ahí, porque no nos vamos a algún bar a ver que se cuece por ahí

Diego: Eso vamos a montarla gorda con la borrachera del siglo

Charlie: Escucha, que borrachera bien, pero con calma eh que sino a mí Paula me mata

Diego: Aiba, es verdad que me había venido arriba, que Zaida con el carácter que tiene igual duermo el sofá durante meses

Gabriel: Y eso no es lo peor, igual te deja sin postre hasta nuevo aviso

Alex: ¡Buah! Bea a mí me deja terreno libre, eso si que no la engañe porque sino lo pagaré.

Charlie: Bueno digo yo, que si vamos a dar una vuelta tomar unas birras y reírnos un poco no nos van a decir nada; aparte ellas la están montando en casa de mi pequeña y creo que mal no se lo están pasando.

Diego: ¿Cómo lo sabes?

Charlie: Porque Paula me ha mandado una foto y miraa nuestras chicas

Enseñando foto…

Chicos: ¡Ayy mi madre!!! Tíos están peor que nosotros, vamos a liarlaaaa

Así fue, como se fueron por ahí a su bar preferido “borrachos sin fronteras”, que era el bar donde trabajaba Charlie, pero esta vez estaba de fiesta y al llevar a los amigos; les dejaban entrar sin pagar porque él tenía pase vip.

Al llegar, el guarda vio a Charlie y lo reconoció enseguida; tanto que les dejó pasar automáticamente.

Una vez estuvieron dentro, fue a la barra y pidió unos chupitos de absenta para todos; aunque antes ya se habían bebido dos jarras de cerveza cada uno en el otro bar.

Con la absenta acabaron cargaditos, así que se pusieron a hacer el loco y a bailar por ahí; tanto que consiguieron llamar la atención en el bar.

Casi los echan si no fuera porque el portero era amigo de Charlie y se enrolló, pero le advirtió que como sus amigos se hicieran los chulos iban todos fuera.

Fue tal la borrachera, que Diego que no aguantaba mucho el alcohol, hubo un momento en la noche que se desmayó; estos asustados llamaron a la ambulancia y acabaron todos en el hospital.

Del susto que llevaba Charlie, llamo a Paula para contárselo; está escandalizada porque no sabía qué hacer fue directamente al hospital con las chicas.

Al llegar, les atendió una enfermera intentando tranquilizar la situación; les dijo que si no sabían que su amigo Diego no toleraba el alcohol porque tenía una enfermedad llamada epilepsia y el alcohol era algo prohibido para él.

Ellos se quedaron alucinando, no sabían de donde había sacado la doctora eso; Charlie que era la primera vez que salía con todos ellos al principio, se sentía culpable pero luego ya llegué yo y lo calmé.

La enfermera nos dijo que nos fuéramos a casa, que mañana con las noticias que tuvieran nos llamarían y así fue.

Les llamaron y ellos fueron, Diego estaba consciente y les pidió perdón por lo que había pasado; éstos se tranquilizaron le dijeron que se cuidará que pronto podrían volver a hacer una fiesta, pero esta vez, tenían claro que a él no le iban a dar una gota de alcohol.

 

 

 

 

 

 

Capítulo 14

Un lunes cualquiera y a la vez diferente

 

Charlie esa noche no pudo dormir, estaba dando vueltas todo el rato; así que encendí la luz y me acerqué para abrazarlo; nunca lo había visto así de nervioso además estaba inquieto, se decía a sí mismo que tenía que haberlo sabido y se sentía responsable.

Yo intenté tranquilizarlo, así que le conté una historia de cuando yo tenía un amigo llamado Raúl que le daban ataques y que cuando le pasaba eso llamamos a la ambulancia y en unas horas se le pasaba; pero tenía que tener paciencia.

La historia no es que le tranquilizará, aún así le relajó bastante; vio que eran cosas que pasan y que tenía que verlo como una experiencia más.

Cuando ya estaba tranquilo, fui a hacer el desayuno no sin antes abrazarlo y darle un beso en la frente.

Desayunamos tranquilos, después recogió todo y lo fregó mientras que yo me ponía a ordenar mis papeles del borrador que tenía por ahí para ver cómo hacía una segunda parte.

Sería capaz de verme en el espejo por cómo era, tendría miedo a los cambios que iban a llegar desde este momento.

Las chicas hablaron por el wasap contando lo que les había parecido el susto de ayer; cuando ya estaban todas tranquilas llamaron a Zaida, que con el susto estaba bastante callada estos días.

A la mañana siguiente, me llamo a mí y me dijo que tenía que contarme algo muy importante; pero que tenía que guardar el secreto.

Yo como era buena amiga de los secretos, sabía que podía confiar en mí; así que aparecía en el bar “las noches de verano” que habíamos quedado las dos solas.

Al llegar, Bea ya estaba allí y entonces intento decírmelo y al principio no le salía…así que la animé diciendo que no iba a pasar nada; que tenía mi apoyo fuera lo que fuese, entonces lo soltó.

Bea: Paula, tengo un retraso…

Paula: Pero eso hace días ya…ya sabíamos que no estabas muy allá de la cabeza…

Bea: No idiota, no me refiero a eso; no me viene el período desde hace un mes….

Paula: ¿Lo dices en serio?

Bea: Completamente, yo no juego con estas cosas…

Entonces yo al enterarme, lo primero que hice fue tranquilizarla y decirle que bueno estábamos todas en la treintena y que a ver no sé si ella no se sentía preparada pues que abortará pero que antes lo pensará mucho.

Ella se calmó pensando que, menos mal que me tenía a mí como amiga, sabía que era la más sensata y que podía contar conmigo.

Mientras hablábamos de fondo habían puesto la canción de “la chica del gorro azul” de la Oreja de Van Gogh, una de las canciones que más les gustaba a ellas.

Entonces empezaron a cantarla a dúo, tanto fue así que hasta el camarero alucinó del despliegue de voz que se gastaban las dos; era una cosa increíble la gente del local acabo vitoreándolas y ellas sin vergüenza alguna siguieron cantando y riéndose.

Hasta que como al día siguiente tenían que currar decidieron irse a casa; Bea tranquila se fue sabía que nada más despertarse mañana iba a quedar con Paula para la intervención, ella nunca la dejaba sola.

Estaba a punto de llegar el puente de mayo, tenía ganas de desconectar un poco, pero esta vez Charlie había decidido acompañarme e irnos los dos el fin de semana por ahí.

Me puse a trabajar y a escribir una especie de relato que me habían dicho que hiciera para una revista; aún así estaba preparando la segunda parte, aunque todavía no tenía ni el borrador.

Charlie se fue a la oficina con ganas de acabar el proyecto, le quedaba sólo mañana para entregarlo y estaba tensó así que decidió que este fin de semana nos íbamos por ahí a desconectar.

Tenía ganas de ir al cine, así que cuando llegó el viernes nos fuimos al cine a ver la película de fast and forius que fue genial, como era de acción a los dos nos gustaba, no sólo iba a hacerle ir al cine a ver las de amor porque me gustarán a mí; había que ver un poco de todo.

Ese viernes se hizo relativamente corto; pero lo que si tenía claro era que cómo tenía que volver al bar al día siguiente decidió que la cena la haríamos en casa.

Al llegar a casa, preparamos una pizza al horno con todo tipo de ingredientes que teníamos en la nevera; luego la pusimos al horno y cuando estuvo lista sacamos las cervezas y nos pusimos a cenar.

Cuando terminamos de cenar, nos fuimos a la cama; pero como esta vez no estábamos cansados empezamos a jugar un poco los dos juntos, parecía que estábamos haciendo un episodio de sexo en nueva York, sólo que en este caso el chico se queda en casa con la chica y no se va a la suya; porque como Charlie y yo vivíamos juntos.

Así que, nos dormimos al final; salvo que esa noche de repente me desperté en la madrugada, me fui a mi despacho porque de repente cogí un bolígrafo y un papel y empecé a escribir un poco de una segunda parte sólo que ésta me la tomaba con más tranquilidad.

Se levantó Charlie sin que yo me enterase, se puso detrás de mí y me puso sus manos calientes en mi espalda, observándome y acariciándome poco a poco con un susurro me dijo que volviera a la cama; que la idea no se iba a marchar, aunque durmiera un poco.

Me puse a dormir hasta el día siguiente, tanto dormí que cuando me levanté Charlie ya se había ido a trabajar cómo último día para terminar su proyecto y me dejó una nota en la nevera y el desayuno listo.

Me levanté, desayuné y cuando acabé me arreglé un poco, marché a comprar lo que nos faltaba en la nevera y limpié un poco la casa.

Ese día me tocaba lavarme el pelo, así que tarde un poco más en arreglarme de lo habitual; así que cuando salí tenía el móvil que echaba fuego de tanta llamada.

Charlie me había llamado para decirme que tal le había ido el final del proyecto; que su jefe estaba muy orgulloso y que le dijo que le subía el sueldo y cambiaba de categoría a jefe de departamento.

Me hizo mucha ilusión cuando me lo dijo; estaba tan contenta que no me acordé de que estaba recién salida de la ducha y puse el suelo perdido de agua, menos mal que estaban las cortinas cerradas porque en una de esas de correr hacia el teléfono se me había caído la toalla.

Vamos que el cuadro que estaba montando yo en casa, sólo para poder coger el móvil y hablar con Charlie era de chiste.

Cuando colgué, arreglé todo el desastre y me vestí, fui a relajarme un poco al sofá y cogí mi libro “Valeria en blanco y negro” y me puse a leerlo un poco a ver si así me relajaba.

Estuve leyendo un rato, hasta que vino la hora de la comida y me puse a hacerla; aparte de que Charlie estaba al caer y siempre me liaba con algo, así que como no sabía qué hacer llamé a Zaida y ella dijo que me acompañaba a comprar para llenar la nevera y poder hacer algo decente.

Nos fuimos al mercado, compramos cervezas, comida para un mes entero; y luego fuimos a tomar un café a la cafetería “Las tardes al sol”, donde ya nos conocían porque solíamos ir cuando íbamos al cine.

Tomamos un café, dejamos las bolsas en el suelo y hablamos un poco de las cosas que más nos preocupaban; Zaida me confesó que sabía lo de Bea, pero que ella no podía acompañarla porque esas cosas le daban mucho respeto por eso sabía que me lo iba a pedir a mí.

La semana se hizo corta; cada día que pasaba era como algo nuevo, estaban a punto que llegara el puente y no sabían qué hacer.

Yo le dije que tenía un presentimiento de que en este puente Charlie me tenía preparada alguna sorpresa o algo chulo; sabía que al final acabaría con él ese fin de semana, así que Zaida no insistió, pero aún así le dije que si era lo contrario que las avisaría.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 15

Fin de semana con mi chico

 

Por fin llegó el puente, así que nada más levantarme que cómo siempre me desperté a horas intempestivas; aún así Charlie me dejaba dormir.

Cuando nos pusimos a desayunar, me puso delante una hoja con los planes del fin de semana y eran tan tentadores que no me pude negar; así que les dije a las chicas que este fin de se dedicarán a sus chicos y cosa rara no pusieron ninguna pega.

Por la tarde como siempre, después de comer dormimos la siesta; que hasta las seis y media de ahí no se despertó nadie.

Cuando nos levantamos, nos arreglamos y nos pusimos guapos; después ya nos fuimos al italiano que había reservado Charlie una mesa a las nueve y media.

Cuando llegamos, la chica que nos atendió nos dijo dónde teníamos la reserva, nos sentamos y nos pusieron la carta delante.

Estuvimos un buen rato hasta que decimos pedir unas pizzas para los dos y dos cervezas; pagamos con tarjeta, bueno pagó él porque quería invitarme por nuestro aniversario.

Salimos de copas hasta las tantas, luego nos fuimos a un bar que ponían buena música a bailar un poco; aunque Charlie no fuera mucho de bailar tenía futbolín así que nos echamos unas partidas.

Luego según iba pasando la noche, empezamos a contarnos cosas; nos reímos y sobre todo empezó a bailar a su modo, yo estaba mirándolo riéndome y pensando en serio me merezco alguien como él en mi vida, entonces me di cuenta de que sí, llevaba mucho esperando a encontrar a alguien como él y ese era mi chico.

Al final, cogió y me sacó a bailar y cuál fue mi sorpresa que realmente sí sabía bailar; pero estaba disimulando para hacerse el interesante.

Nos pusimos a bailar, me cogió de los brazos y me los puso en su cintura, mientras se contoneaba poco a poco estaba pegándose a mí; de repente me hace girar yo sola hasta que voy corriendo hacia él y me coge a de las piernas y me sube para que me cuelgue como un mono y me besa apasionadamente, queda una escena como en una de esas películas de baile tipo dirty dancing, sólo que sin cogerme al vuelo porque nos matamos los dos.

Fue muy divertido, tanto que tuvimos a todo el bar mirando para nosotros; cuando terminamos de bailar estaban todo el bar aplaudiéndonos así que de la vergüenza nos fuimos del bar cogidos de la mano corriendo calle abajo.

Cuando llegamos a casa, que estábamos agotados de tanto correr; cogí el móvil y Bea me llamaba en ese momento.

Entonces empecé a contárselo a Bea y ésta no paraba de reírse tanto que al final tuvo que irse al baño porque ya no podía más.

Bea: Chica es que a vosotros dos, no se os puede sacar de casa

A todo esto, hay que sumarle que Charlie al salir del baño del bar, se le había roto la cremallera del pantalón y cómo no tenía cinturón se le estaban bajando los pantalones; vamos que siempre haya donde iban triunfaban.

Al ir para casa, que ya había amanecido y todo entraron en la churrería a comprar chocolate con churros para desayunar; claro que viendo el panorama Charlie dijo que él con esas pintas no entraba así que entré yo sola.

Salí de allí con el desayunó y nos fuimos directamente a casa; al llegar Charlie se duchó y se cambió.

Cuando ya estábamos arreglados, nos pusimos a desayunar y yo no paraba de reírme y éste se mosqueó, pero es que no podía evitarlo me había entrado la risa floja.

Al final, recogimos todo y Charlie cómo vio que ya se me había pasado el ataque de risa, se tranquilizó un poco; entonces sonreí como siempre hago para que me perdone y me perdonó.

Estuve escribiendo un poco, mientras él estaba leyendo el periódico en la terraza y fumándose un cigarro.

Cuando acabé fui a la terraza y le llevé una cerveza; entonces empezó a decirme que ayer había pasado una vergüenza horrible pero que aún así se lo había pasado muy bien.

En ese momento sonreí, entonces me confesó que desde hace tiempo estaba muy a gusto conmigo tanto que creía que se estaba enamorando, pero no lo tenía claro del todo; claro que a mí me pasaba lo mismo que a él.

El vivir juntos, nos estaba haciendo crecer también como personas y sobre todo conocernos mucho mejor.

Al principio pensamos que iba a ser un desastre, pero luego nos fuimos entendiendo mejor y era maravilloso.

Mis amigas estaban felices, aunque Bea después de pensar que tenía que abortar porque no quería estar embarazada en este momento; se lo dijo a su novio.

Éste al principio ni se inmuto, pensó que era lo que ella necesitaba y ni siquiera le preguntó porque había llegado a esa conclusión y eso la mosqueó.

Que estaba pasando, resulta que su novio la miraba, pero no la veía como antes; estaba asustándose porque quería a ver tenido otra vida distinta.

Igual necesitaba un poco de tiempo para ella y que él tuviera las cosas claras; sabía que Alex la quería, pero estaba dispuesto a jugársela por ella.

El domingo paso con normalidad, pensaba que iba a ser más movido, pero fue, al contrario; lo más tranquilo que me podía imaginar.

Estábamos en casa, salvo la hora de la tarde que salí yo con las chicas a tomar algo porque sino se me hacía muy largo; estuvimos tranquilos viendo la televisión y leyendo alguna novela divertida que habíamos comprado el día del libro.

A media tarde, habían llamado del hospital diciendo que Diego iba mejorando y que dentro de poco le darían el alta.

Esa noticia nos alegró el día, sabíamos que dentro de poco podríamos volver todos juntos a salir; sólo hacía falta tiempo.

Zaida estaba mucho mejor, porque, aunque las noticias le venían de segundas porque estaba sumergida tanto en su mundo con Diego, que bastante tenía ella con haber tenido a su chico en el hospital como para darle más disgustos.

Empecé a pensar en cómo podía escribir la segunda parte y poco a poco me iban saliendo párrafos que tenían sentido, aún así quería dejar alguna información para otra parte y así tener más material que utilizar en su momento.

Como ya era tarde y tenía que cenar, cerré el ordenador y me fui a preparar la cena para irme a dormir y mañana sería otro día.

 

 

 

 

Capítulo 16

Charlie y yo

 

Cuando me levanté por la mañana temprano, Charlie todavía seguía durmiendo por unas horas más; eso de madrugar no era lo suyo; aunque también trasnochaba un montón.

Ordené la casa y una vez estaba todo en su sitio; me fui al baño a arreglarme para empezar un nuevo día.

Cuando terminé de arreglarme; cómo era pronto decidí ponerme a escribir un poco, hasta que me ponga a desayunar.

Después de desayunar, cómo me dijo mi editor que me mandaría un email esta semana para anunciarme la tirada del libro a ver cómo había sido; me metí en el email a ver si me había llegado algo.

Así que fui a mirarlo y vi que tenía un email de mi editor y lo abrí.

Hola Paula:

        No me he olvidado de ti, estaba muy liado con unas cosas, pero enseguida lo he arreglado todo; puedes hacerme un artículo sobre los cambios de las personas en primavera, es que me he puesto en contacto con una revista y me han dicho que cuentan contigo para que lo hagas; es mensual así que cada mes, les hablas de algo distinto.

           Un saludo

                             Juan Carlos

El correo de mi editor me hizo muy feliz, tenía una ligera idea de lo que poner en el artículo y enseguida que fregué todo; me puse a ello.

Estaba intentando empezar a escribir el artículo, cuando de repente se levantó Charlie y vino directo a darme los buenos días con un beso; eso al principio me desconcentró, pero luego ya volví a mi línea.

Se puso el desayuno, cómo había café hecho sólo se lo calentó y luego cogió unas magdalenas del armario de chocolate, que en teoría tenía yo guardadas para el puente.

Pero claro, en cuanto las vio no se le ocurrió otra cosa que cogerlas y sonriendo miro para mí y me dijo.

Charlie: Oye, pues estas magdalenas están buenas

Paula: Ya pueden estar buenas ya, eran para el puente no para hoy

Charlie: Ah sí, es que cómo las vi tan solas; creo que ya hasta me hablaban diciéndome cómeme

Paula: A ti sí que te voy a comer yo, ya verás ya…

Charlie: Será un placer ser tu postre

Así empezaron a tontear un poco, hasta que al final jugando con fuego todo el rato acabaron echados en el sofá haciéndose cosquillas que lógicamente acabaron en besos.

Después de un rato echados, yo me levanté y dándole un azote en el culo le dije que teníamos que empezar a hacer cosas.

Entonces me puse el mandil y me puse a fregar el desayuno; mientras él se arreglaba para luego limpiar un poco la casa.

Cuando terminamos de limpiar, Charlie se puso delante de su ordenador a trabajar y a mirar el correo que el jefe ya le había mandado unos cuantos proyectos de escritores a ver que le parecían para ver si podía ya enviarlos a las librerías o tenía que esperar a unas cuantas correcciones más.

El día se puso un poco nublado, así que, aunque hubiera sol estaba algo triste el día; era como si fuera a llover de un momento a otro, los cambios de temperatura le hacían que le doliera un poco la cabeza, menos mal que tiraba de paracetamol que lo relajaba.

Me puse a seguir con mi artículo, que no hacía más que borrarlo, editarlo, copiarlo de nuevo y volver a escribirlo hasta que salió perfecto; entonces se lo envié.

Cuando terminé, desconecté el ordenador por un rato y me fui a la terraza a fumar un cigarro mientras pensaba en lo que había cambiado mi vida y en las ganas de sonreír que tenía siempre gracias a Charlie.

Luego nos fuimos a dar una vuelta, teníamos que salir porque el ordenador de Charlie iba un poco mal estos días y se calentaba mucho; así que fue a mirar un portátil con más potencia y sobre todo que le gustará su color.

Al llegar a la tienda, el dependiente muy amable fue hacia nosotros a enseñarnos los modelos que tenía.

Después de buscar un modelo que a él le gustara, vio uno blanco y fue directamente a por él; dijo que era el que quería y así fue.

Dos o tres días más tarde, ya tenía el ordenador en casa; así que sólo tuvo que instalar el Windows para poder trabajar con él y así seguir corrigiendo todas las historias que le enviaban para luego mandarlas para editar a su compañero Julián.

Julián era su compañero de trabajo, llevaba muchos años en la empresa; era el más mayor de todos por eso ya era casi como su jefe, aunque se llevaban muy bien y él sabía que Charlie vivía conmigo desde hace tiempo.

Cuando a Julián le dijo que tenía que ayudar a una amiga, éste lo miro con cara de “amiga”; entonces le contó que le gustaba desde hace tiempo, pero que quería que las cosas fluyeran a ver hacia donde le llegaba y aquí estamos.

Mientras tanto, me puse a escuchar mi música un rato que me animaba y así ponerme a pensar en otras cosas.

La vida con Charlie era muy sencilla, tenía lo que yo quería e incluso tenía mucha libertad para salir con mis amigas y tener muchos amigos.

Lo que pasa es que ahora necesitaba una buena idea para contar; ya había hecho el artículo y estaba bien hecho o por lo menos eso creía yo.

Así que decidí ponerme a hacer un puzzle para relajarme, en cuanto me vio con el puzzle no se le ocurrió otra cosa que venir a tocarme las narices y empezar a coger piezas para ponerlas él.

Hasta que horas más tarde, ya se despertaron las chicas y empezaron a wasapear durante un rato seguido; yo les contestaba a veces y otras me dedicaba a hacer otras cosas.

Por las tardes, nos echábamos en el sofá y veíamos películas; ayer terminamos las pelis de Harry Potter que nos gustaban tanto, así que fuimos al armario a buscar alguna para mañana y entonces cuando abrí el armario vi Castle y lo miré.

Charlie suspiró, pero luego gracias a esa sonrisa que le dedico siempre que me gusta algo mucho; accedió y empezamos a ver la serie que en el fondo a él también le gustaba por la chica.

A mí me encantaba por el escritor, aparte de que es muy gracioso, escribe muy bien y que, aunque tiene un trabajo solitario que es escribir como yo; también le pasan muchas cosas así que acaba siendo divertido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 17

Ser escritor es divertido o monótono.

 

Resulta que cuando menos me lo esperaba, tenía entre mis manos una historia que llevaba tiempo queriendo escribir e incluso imaginarme una historia vivida con él; ahora la estaba viviendo día a día la de Charlie.

Cuando conocí a Charlie, fue algo curioso porque yo era del club “las noches de verano”, él solo venía de vez en cuando; ya que los fines de semana se los pasaba en su bar “borrachos sin fronteras”, ese que al final me acabo gustando tanto a mí que iba cada fin de semana; aunque no sé si iba más al bar porque me gustaba o por verlo a él.

La persona que me conoce me diría Paula todas sabemos que era por estar con él, no ves que estás loca por Charlie.

Al principio, mis amigas veían la química que había entre los dos, en cuanto nos veíamos saltaban chispas; esas que yo tanto ignoraba porque cómo les decía para mí solo era un amigo, “claro Paula al viejo con pistolitas de agua”, me decía a mí misma para decirme al final; si estás loca, pero porque estás enamorada.

Me gustaba siempre poner cosas reales, aunque sabía que igual las consecuencias también tenía que asumirlas o igual en vez de consecuencias luego se cambiaban por alegrías y Charlie cuando lo lea le encanta.

Escribir tenía sus cosas buenas y sus cosas malas, servía mucho para desahogarme aparte de que era mi trabajo; me gustaba expresarme cuando tenía muchas cosas en la cabeza.

Así estaba yo pensando en mis cosas, de repente apareció Charlie con una cerveza en la mano y esa sonrisa que tanto me volvía loca.

Y es que ya era la hora del vermut, así que apareció con la cerveza y esas patatas con sabor a jamón que nos gustaban tanto; como hacía calor yo estaba en pantalón corto y camiseta de tirantes en la terraza.

Había cambiado la oficina a la terraza; se estaba muy a gusto porque era grande y podía conectar mi portátil allí.

Cómo hacía mucho calor, nos pusimos a tomar el sol y cogimos crema para echárnosla el uno al otro y estar un rato allí hasta la hora de comer.

Después de comer, sobre las seis nos fuimos a la piscina porque ya empezaba el calor y refrescarnos nos venía muy bien; yo lleve un libro por si Charlie quería relajarse al sol durante un rato sin tener que contarnos nada sólo el silencio.

Luego nos bañamos, fue divertido porque jugamos mucho y luego ya salimos a secarnos al sol y al bar a tomar helado.

Aunque teníamos que trabajar, de vez en cuando también descansábamos para no tener que pensar en nada.

Cómo me dolía la espalda, se puso encima de mí y me dio un masaje como sólo él sabía hacerlos, despacio y suave.

Cuando me puse a escribir estaba mucho más relajada, vivíamos tranquilos y aunque alguna vez hubiera alguna crisis siempre teníamos tiempo para arreglarlo.

El verano era la época más larga del año, aún así nos llevamos bien e incluso en vacaciones que estábamos más horas todavía juntos.

La playa nos gustaba mucho, íbamos a tomar el sol, a bañarnos y a tomar mojitos; por las tardes paseábamos y hacíamos fotos.

Las vacaciones estaban a la vuelta de la esquina, así que estábamos planeando a ver dónde íbamos este año.

Mis vacaciones siempre eran en agosto para poder coincidir los dos, así que el año que viene pensamos en donde ir y decidimos a Cabo verde.

Así que cogí el teléfono y llamé a Bea para contarle lo que estuvimos hablando Charlie y yo de las vacaciones del año que viene.

Bea: Maña a Cabo verde, eso no está un poco lejos

Paula: Sí, pero las playas tienen un agua azul verdoso como me gusta a mí.

Bea: No sí, a mí me parece genial, no te vayas a pensar; pero tu crees que Charlie tendrá dinero para ir hasta allí.

Paula: Mujer, que vamos a ahorrar este año para ello

Bea: Pues Charlie ya se puede apretar el cinturón porque con lo que le va a ese la juerga, me parece a mí que eso de ahorrar no va con él.

Paula: Que sí, tranquila confía mujer…

Bea: Si yo confió, sólo es que no entiendo como tú estás tan segura, pero bueno…oye ojalá que sea así.

Aunque Bea estaba alucinando por el despliegue de la idea de que Charlie y Paula se fueran a Cabo verde el año que viene, en el fondo tenía envidia por lo bien que llevaban las cosas y sobre todo que jolín ella había encontrado un príncipe azul de verdad, el suyo en cambio en vez de un príncipe parecía que nunca iba a pasar de rana.

La vida le sonreía de vez en cuando, porque sí que le iba bien en el trabajo y tenía un chico maravilloso a su lado y estaba encantada, pero había algo que no le encajaba cómo podía ser todo tan perfecto; seguro que por algún sitio le iba a llegar el tortazo.

No estaba acostumbrada a que las cosas fluyeran tan bien, era más bien lo contrario; sabía que había trabajado mucho para llegar hasta donde llego; no estaba acostumbrada a que le regalaran nada, así que luchaba siempre por lo que quería.

Pero había algo que le chocaba y es que estaba acostumbrada a ser independiente y de repente Alex la había convertido en alguien dependiente y celosa cosa que en el fondo odiaba.

Así que, no era de las que mostraba sus sentimientos era más bien fría y calculadora; ese día se había levantado tan ñoña que empezó a escuchar canciones de Camela.

Aunque le gustará el grupo, cogió las más tristes y empezó a escucharlas de tal manera que se empezó a deprimir, acabo llorando como una magdalena sin comprender el motivo.

Entonces sonó el teléfono, era Alex así que fue a lavarse las manos y la cara, se relajó porque lo último que quería era que supiera que había estado llorando.

Alex: Bea, lo siento como me puse ayer, sé que soy lo que dijiste y más; me he vuelto un idiota y no sé cuándo me dio por ser así.

Bea: Sí, pero te dije imbécil pero bueno…

Alex: Vale sí, por eso he vuelto; porque quiero disculparme y darte a entender que nunca lo voy a volver a hacer más.

Bea: Claro que no lo vas a volver a hacer más, pero sabes por qué, porque tú y yo hemos terminado.

Así fue, como Bea colgó el teléfono y no se lo volvió a coger; entonces llegó el momento de que Alex se dio cuenta de que realmente la había perdido.

 

Capítulo 18

Soltera, entera y a punto de estrenar

 

Por la mañana Bea se levantó de la cama y directamente se fue a la ducha; tenía que despejarse y pensar ahora que estaba soltera si iba a sacar a algún ex novio del armario o iba a relajarse un poco.

Después de arreglarse, desayunó y luego se fue a trabajar; sabía que se iba a enfrentar a que Alex siendo su compañero de trabajo iba a estar allí, pero tenía que disimular tranquilidad y pasar de todo; eso era algo que nunca le costó ningún esfuerzo.

Así que llegó a la oficina, encendió el ordenador y se puso a trabajar hasta la hora de comer; esta vez no le apetecía ser escapista laboral, tenía cosas que hacer y sabía que yo ya tenía suficiente con pensar en cómo arreglar mi artículo para la revista.

Mientras tanto, yo estaba escribiendo el artículo cuando de repente me sonó el teléfono..

Ring.. ring..

Paula: ¿Quién es?

Begoña: Paula, que soy Bego, oye cuando puedas tomamos un café; es que tengo que contarte algo.

Paula: Tú dirás…

Begoña: Es que esto es para contártelo en persona.

Paula: Vale, pues quedamos esta tarde a las 18.00

Esa tarde quedaron en el bar “Las noches de verano”, cuando llegó se sentaron en su mesa y tomaron una horchata porque ya era verano y era lo que más les apetecía.

Mientras hablaban de fondo se escuchaba la canción de Álvaro Soler – la cintura, que era una canción movida que les gustaba mucho a las dos.

Entonces después de un rato, cogió y le enseño la mano derecha y me quedé sin palabras cuando lo vi…

Paula: Begoña, ¡te vas a casar!

Begoña: Siiiii, me lo pidió ayer, pensé al principio que me estaba tomando el pelo y que no era cierto, pero era muy real.

No podía creer lo que veían mis ojos, ella al principio sólo me lo quería decir a mí porque sabía lo que había pasado yo con mis anteriores relaciones y quería un consejo fiable, aparte de palpable.

Estábamos tan emocionadas, que lógicamente cuando vio que yo daba el visto bueno entonces llamamos a las demás para decírselo.

Bea cuando se enteró no sabía si reír o llorar de la emoción, empezó a pegar gritos como una posesa en el despacho que la gente pensó que o estaba loca o le había tocado la lotería.

Zaida que la pillamos que estaba con Diego saliendo del médico, le habían dado la noticia de que en unas semanas podía volver a trabajar; pegó tal grito que todo el mundo pensó que era ella la que se casaba porque se tiró a su novio abrazándolo casi llorando.

Entonces Bea que le encantaba esas cosas, lo primero que empezó fue a organizar todo; entonces pensó en ir a un boys, después de dejar Alex tenía que desfogarse con algún tío que tuviera un rabo digno de ver; que ya había visto mucho porno y quería ver algo real.

Bea tenía claro que quería vivir el momento, así que no quería ninguna relación estable por el momento y como decía Lina Morgan ella estaba soltera, entera y a punto de estrenar.

Así que la pillamos viendo orgullo y prejuicio que era una de las películas que más le gustaba; sobre todo por las palabras del Sr. Darcy a Elisabeth Bennet, que cuando se le declara diciendo que le había embrujado su alma Bea ya no podía más de llorar y siempre acababa diciéndose lo mismo ainss que bonito, yo quiero uno como esté; pero porque sólo los hay en las películas.

Tenían muchas ganas de ir de boda, porque siempre se ha dicho que de las bodas salen bodicas, pero esta iba a ser especial porque era de su mejor amiga.

A mí que me encantaban las bodas, aunque yo no necesitaba ligar con nadie; ya tenía a Charlie en mi vida y sobre todo que en su compañía me completaba, no necesitaba nada más.

Total, que no nos lo podíamos creer todavía, después de tantos años nos íbamos a ir de boda y sobre todo de Begoña que era la única que llevaba tiempo más soltera que otra cosa.

Así que, para animar la cosa, me puse el nuevo single de estopa que también era algo que me encantaba.

Bea preguntó qué era lo que había que comprar para la boda, estaba pensando en quién iba a acompañar a Begoña a por el vestido; así que decidieron que fuera yo.

Así fue, como yo la acompañé esa tarde a por el vestido; tenía ganas de ver cómo le quedaba, se lo habían hecho a su medida.

Begoña era la más rellenita de todas, tenía caderas anchas y se ponía nerviosa cuando algún vestido no le entraba o le hacía más gorda.

Hasta que después de un tiempo lo consiguió, fue a probárselo y de repente soltó.

Begoña: ¡Sí! ¡Este es mi vestido!

Cuando ya tuvo el vestido, tenía casi todo preparado; se iba a casar el veinte de junio, caía en sábado y además era mi santo así que todo perfecto.

Esa tarde, el cielo estaba abierto; pero en nada empezó a encapotarse y entonces Begoña y yo nos fuimos corriendo a una cafetería para resguardarnos porque pronto iba a caer una buena.

Yo estaba feliz, viendo como ella estaba emocionada porque por fin había encontrado a su príncipe azul.

Las demás aparecieron en un rato, pidieron unos cocteles de mandarina y se sentaron en la misma mesa y empezaron a charlar de cómo iban a montar la boda del siglo.

Para ellas, era el mejor día de Begoña y tenía que ser especial e inolvidable; así que yo le pedí a Bea que no la liará demasiado.

Eso hizo que me mirara con cara de pocos amigos y me soltará..

Bea: Paula, es la boda del siglo, hay que liarlaaa, alcohol, hombres solteros porque digo yo que tendrás algún primo que este de buen ver…

Begoña: Mujer acabas casi de dejar a Alex y de repente ya estás pidiendo conocer a alguien diferente…por dios date tiempo…

Bea: Tienes razón

Entonces empezó a mirar el reloj cómo quien mira el calendario, vio el tiempo que quedaba y que pronto la treintena se le iba de las manos y acabaría en cuarentena; así que dijo de repente…

Bea: Ya está, tiempo terminado; donde está el primo ese que dices que está soltero

Begoña: En fin…no tienes remedio

Paula: A ver chicas, ninguna tenemos remedio; por eso nos hicimos amigas, porque nos parecemos más de lo que nos gustaría confesar.

Pasaba el tiempo y empezaron a reírse más de lo normal, el alcohol ya les estaba empezando a subir y eran conscientes de que la resaca del día siguiente iba a ser lamentable; así que decidieron dejar de beber e irse para casa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 19

Una boda para recordar

 

¡Llego el gran día!

Esa mañana estaban todos nerviosos, aunque la que más Begoña que estaba como un flan; quería que todo fuera perfecto e incluso sus amigas habían ido esa mañana a la peluquería para arreglarse porque el evento era por la tarde.

Cuando estaban listas para lavarse el pelo; en la peluquería habían puesto la radio y la canción que se escuchaba era la de Poquito a poco de El arrebato, les encantaba esa canción tanto que empezaron a cantarla todas juntas.

Las peluqueras flipaban, pero lo que si tenían claro era que tenían muy buena voz; así que estaban muy entretenidas escuchándolas.

Era raro que hubiéramos coincidido para la peluquería, pero parecía que se nos habían alineado los astros; aunque también hay que ver que cómo Begoña era peluquera, fuimos a su peluquería, aunque a ella la peinaron al final.

Estuvieron un rato hablando de todo un poco, estaban todas encantadas por ella; sabían que iba a ser un día especial y tenían que hacerlo realidad.

Luego se fueron todas a comer por ahí; hasta que por la tarde a las seis estuvieron todas en la iglesia menos la novia que era la que venía la última.

La boda era a las seis y media en la Plaza del Pilar, estaban todos guapísimos; las chicas fueron con sus chicos que iban todos de traje de chaqueta azul y corbata cada uno de un color distinto.

Cuando estaban todos en la iglesia y llegó el cura, Bea al verlo se quedó de piedra y soltó en voz alta que no le hizo falta altavoz.

Bea: Madre mía, que cuerpazo tiene el cura está seguro que ese ha hecho el voto de castidad porque si no es así algún que otro favor no me importaría hacerle…

Zaida: Bea por dios, que estamos en misa…compórtate; cómo se nota que tu abuela no te llevaba a misa los domingos

Bea: Perdona hija, pero yo sí que voy a misa los domingos y los sábados…

Zaida: ¿Sí? ¿Estás segura?

Bea: Claro….a misa… mis asuntos….

Zaida: Sí es que no se te puede decir nada…

Así acabo riéndose durante un rato; tanto que toda la iglesia se dio la vuelta para decirle que se callará y ni corta ni perezosa dijo

Bea: Vale tranquilidad, ni que fuerais vosotros el papa

Al final se calló, miró al cura en plan ligoteo, haciéndole ojitos hasta que yo le di un codazo y se paró consternada porque no la dejaban hacer nada.

Cuando iban a salir de la iglesia, de repente como el cura antes de la ceremonia había limpiado un poco el suelo pues estaba húmedo; así que Bea fue toda derecha hacia la salida a paso ligero y en una de esas resbaló cayéndose de morros delante de los novios ya para rematar el día.

Paula: Bea por dios, mira que eres torpe…

Bea: Por dios no, por el cura éste que le ha dado por pasar el mocho justo por donde iba a salir yo

Zaida: Mujer ya es casualidad, pobrecillo

Bea: Mira si no fuera porque ésta de pan y moja, no le perdonaría…

Se estuvieron riendo un montón, hasta que salieron los novios; que al principio Begoña estaba preocupada por el trompazo de su amiga, pero cuando vio que estaba bien se relajó.

Al salir de la iglesia, se sentaron al principio en un bar a tomar algo y luego ya se hicieron fotos con los novios para luego ir al restaurante.

Al llegar al restaurante, se sentaron en las mesas redondas que había, cada una estaba organizada con su cartel y lógicamente a los amigos los pusieron todos juntos.

Cuando ya estaba toda la gente sentada, empezaron los novios a repartir los regalos dándoles las gracias a sus familiares.

Luego ya nos pusimos todos a cenar, hablamos de muchas cosas y nos reímos; nos dieron unas gafas graciosas con un gorro de policía y nos pusimos a hacer el tonto y hacernos fotos.

Fue un bonito día, luego nos pusieron discomóvil y ahí Bea se desató, cogió el micrófono y empezó a cantar y a saltar animando a que todo el mundo; pusieron canciones de Rocío Jurado la de Como una ola, paquito chocolatero, aserejé y la macarena, luego ya pusieron algún tango para los más mayores; así que Bea cogió al primero que encontró y lo puso a bailar un pasodoble.

Mientras tanto, Charlie estaba con nosotros y viendo el panorama dijo.

Charlie: Madre de dios, yo a ésta chica no la conozco

Gabriel: Pero has visto cómo va ya, se ha bebido hasta el agua de los floreros y se ha puesto delante del dj a bailar tipo gogó…

Diego: Dios mío, si a mí me dicen que en una boda iba a ver a Bea, con serpentinas en el cuello, una corbata en la frente y la liga de la novia en la boca y sacando la lengua bailando tipo Lady Gaga yo creo que del hospital en vez de a casa voy directamente al psiquiatra; a cualquiera que se lo cuente no se lo va a creer.

Charlie: Créeme si conocieran a Bea, se esperarían cualquier cosa.

Paula: Ya te digo, pero lo que está disfrutando de este día aparte de la novia no se lo quita nadie.

Todos se echaron a reír y después de un rato ya estaban empezando a estar cansados y se fueron a casa.

Al acabar la ceremonia, los novios se despidieron de todos y se fueron a dormir; porque al día siguiente tenían que irse de viaje de novios a Cabo San Lucas de México, era el lugar ideal, tenía unas calas muy bonitas y el mar era azul verdoso como les gustaba a todas ellas; era como un sueño hecho realidad.

Al día siguiente se fueron a su viaje de novios, durante una semana estuvieron en Cabo San Lucas; era como un sueño, llegaron al hotel sobre las 11 y dejaron las maletas allí.

Fueron a coger el bus turístico, estuvieron durante un buen rato subiendo y bajando de él para ver los monumentos que había y luego ir a la playa por la tarde.

Esa tarde, fueron a darse un baño y el agua estaba templada; era maravilloso estar por ahí tanto que se quedaron un buen rato bañándose y tomando el sol.

Luego fueron a los chiringuitos que había por ahí, tomaron cócteles muy buenos; se contaban cosas y se reían.

Estuvieron viendo los pueblos, haciendo fotos y por las noches se iban a las verbenas a bailar y disfrutar hasta que se les hacía tarde y se iban a dormir al hotel.

La primera noche que tuvieron ganas los dos de hacer el amor, fue algo mágico; empezaron a desnudarse poco a poco, se acariciaban despacio, se daban besos pequeños y entonces cuando ya estaban los dos a punto empezaban a hacer el amor poco a poco frotándose de arriba abajo, hasta que de repente sucumbieron sus encantos y tuvieron el primer orgasmo.

Fueron unos días perfectos, estuvieron comprando recuerdos y haciendo viajes cortos de autobuses a los pueblos más cercanos con el dinero que habían recaudado de la boda.

Se levantaban temprano para poder ver el amanecer en la isla, que era muy bonito y salían a ver las olas de la playa chocar contra las rocas era algo maravilloso.

Los días se pasaban rapidísimo, tanto que en cuanto se dieron cuenta tuvieron que volver; pero se lo pasaron pipa, aunque sabían que tarde o temprano tenían que volver a la rutina.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 20

Vuelta a la rutina

 

Habían pasado unos días maravillosos, pero tenían que volver a trabajar y a su casa; que bien sonaba eso en sus cabezas, iban a su casa ya no iba a estar sola al llegar todos los días, Begoña por fin se había comprometido con el amor de su vida de la infancia.

Las cosas iban muy bien, Gabriel seguía con su trabajo y cuando iba a casa se dedicaba a comprar el pan todos los días.

Ella estaba con su peluquería abierta, que cuando llegó las clientas ya le preguntaron qué tal había ido la boda y el viaje de novios; ésta les dijo que muy bien y que estaban muy contentos.

Gabriel cuando llegó a la oficina, ya le felicitaban por la boda alegrándose de que fuera tan feliz, esperaran que le durará mucho tiempo; el jefe estaba encantado porque era trabajador y los informes siempre estaban su mesa a punto para todas sus reuniones.

Mientras tanto, Bea seguía trabajando y haciendo de vez en cuando de escapista laboral yendo a mi casa a contarme sus penas; porque era una de las que más confiaba.

Charlie se iba a trabajar por la mañana, dejando café hecho para cuando yo me levantará y así sólo tuviera que calentarlo; seguía igual de atento conmigo como el primer día.

Entre otras cosas, yo seguía pensando en cómo hacer la segunda parte de la historia, tenía mucho que contar porque cada vez a mis amigas les pasaban más cosas; Charlie seguía saliendo con los amigos los fines de semana.

Sabía que “Me gusta que seas tú” estaba dando sus frutos; prueba de ello que dentro de una semana tenía que hacer una gira de firmas por varias ciudades de España.

Cuando le dije a Charlie que me tenía que ir a algunas ciudades a firmar ejemplares; éste me dijo que me acompañaba, aparte de ayudarme con la segunda parte.

Cómo es normal al principio no sabía cómo se iba a llamar; entonces Charlie estuvo ayudándome a decidirme, pero lo que si tenía claro es que antes tenía que saber de lo que quería hablar y según eso pues me daría alguna idea.

Aunque trabajábamos los dos, nos gustaba salir así que este año tampoco es que tuviéramos así mucho dinero para vacaciones y eso que llevábamos mucho tiempo ahorrando.

Yo seguía trabajando en una segunda parte, mis amigas estaban currando mucho; aún así les seguía pasando de todo y yo con todos los cambios de temperatura que estaba habiendo tenía un catarro de no te menees.

Así que como sabía que si no lo paraba me iba a poner peor, decidí levantarme de la silla e ir a por jengibre que era una de las cosas que más me aliviaba y encima me limpiaba por dentro.

Cuando terminé de tomármelo, cogí el móvil y empecé a poner música para relajarme y de vez en cuando me ponía a bailar para desfogarme hasta que me cansaba, entonces me ponía a hacer mi puzzle que me despejaba la mente.

La tarde estaba un poco revuelta, así que me estaba durmiendo; tanto que pensé que dormir un poco la siesta para descansar un poco.

Cuando me levanté de la siesta, me puse a leer mi libro “Valeria en blanco y negro”, que tanto me gustaba y cuando cansé ya me puse el pijama que estaba más cómoda y me fui a preparar la cena para ver la televisión.

Diego cada día iba mejorando más, aunque ya le habían dado el alta y había empezado a trabajar aún estaba débil en según qué momentos.

Zaida estaba enfrascada en su trabajo, cuidando de su chico y de vez en cuando quedando con nosotras para contarnos como va su chico.

Ahora las cosas habían cambiado un poco, desde que Begoña estaba casada; las demás no se lo podían creer sobre todo Bea que era la segunda después de Paula que llevaba mucho tiempo sin pareja y en cuanto la consigue va y le sale rana.

Luego tenía a su madre, que lo único que le importaba era que si encontraba un chico tenía que ser de buena familia para que si alguna vez se quedaba sin trabajo la pudiera mantener; era de pensamiento antiguo.

Ella sabía de sobra que yo no tragaba a su madre, que yo no era de esa manera y que ella me había demostrado a mí que era lo suficientemente independiente como para valerse por sí misma.

Así que quedaron esa tarde todas juntas en el bar “Borrachos sin fronteras” a tomar una copa; cuando llegaron Charlie las recibió a todas con una sonrisa y a mí me dio un beso, nos preguntó que queríamos tomar que cómo era el día de puertas abiertas invitaba la casa.

Nos pedimos primero unas cervezas, nos dieron patatas al jamón que tanto me gustaban a mí y él se puso con nosotras un rato que le dejaron hablar; estaba haciéndonos reír y nos lo estábamos pasando muy bien.

Al final, las chicas se cansaron y se fueron, mientras que yo me quede ahí un rato más justo el momento donde Charlie cerraba el bar para irnos a casa.

Al llegar a casa, nos pusimos a recoger y luego ya nos tiramos en el sofá un poco y allí ya nos pusimos bastante cariñosos; aparte del alcohol que yo llevaba en el cuerpo él también iba algo tocado y nos fuimos dejando llevar hasta el final.

Cuando me levanté, lo único que fui a buscar es donde dejé mi ropa interior porque al tirarla por ahí no sabía ni donde estaba, según Charlie con la energía con la que la tiraba la suya al final el chino de abajo iba acabar haciendo un buen negocio con sus calzoncillos, siempre le decía que con ella perdía todo incluido la razón.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 21

Cómo decirte te quiero

 

Después de un tiempo, por fin conseguí saber lo que quería escribir y hacer la segunda parte; la empecé nada más levantarme porque tenía la idea puesta en la cabeza y Charlie me había dado unas buenas ideas esa noche.

Por cierto, menuda noche, lo cierto es que hacía tiempo que no hacíamos el amor de esa manera, fue tan bonito y romántico; esto yo lo cuento ahora así para mí misma porque delante de Bea no puedo hablar así, no le gustan nada las ñoñerías, le gusta que le contemos las cosas con pelos y señales.

Charlie se levantó más temprano que de costumbre, estaba preparando un proyecto para el trabajo; desde que le habían subido de categoría tenía muchas cosas qué hacer.

Esa tarde hacía un calor infernal; así que cada dos por tres estaba en la ducha refrescándome porque esto era insoportable, Charlie se mojaba el pelo alguna vez para refrescarse.

Las chicas y yo quedamos para ir a la piscina, fuimos a la granja todas juntas que cómo tenía un amigo allí currando nos dejaba entrar una vez al año gratis; así que estábamos encantadas.

Pasábamos la tarde allí, mientras a Charlie le dejaba solo en casa trabajando y haciendo cosas; aunque también se echaba unas siestas bastante largas.

Cuando yo no estaba en casa, de vez en cuando iba al congelador y cogía helado de chocolate, cogía la cuchara y le daba un meneo; tanto que un día fui a ver si había helado y casi no quedaba.

Paula: Charlie, luego que engordas si es que no puede ser….

Charlie: Cariño, yo no engordo sólo me reparto mis zonas sexys para que luego las puedas encontrar mejor para tocarlas.

Paula: ¿Ay sí, claro así tengo más para tocar no??

Charlie: Claro, encima que lo hago por ti

Paula: Tiene razón, mi vida es que eres un incomprendido

Charlie: Y lo sabes, pequeña

Después de un rato metiéndose el uno con el otro, al final le distrajo tanto que le quito el helado de la mano y empezó a comérselo ella; como vio sus intenciones al final acabaron luchando por el helado tanto que acabaron perdidos y riéndose, siempre que había algo que les gustaba a los dos acababa la casa como el rosario de la aurora.

Se lo pasaban genial juntos, congeniaban muy bien y eso era muy bueno, poco a poco la cosa iba yendo bastante bien; tanto que Charlie sabía que era la mujer de su vida.

Yo estaba feliz, cada día que pasaba era como una experiencia nueva, al principio era algo extraño, pero luego era como estar saliendo con un niño grande al cual tenía un gran parecido a mí.

Mientras se iba a lavar, yo puse música y vi que tenía un disco de loquillo y trogloditas en el escritorio y lo cogí para ponerlo.

Nos gustaban las canciones, eran muy buenas y nos poníamos a cantar como si nos fueran a llamar a la voz; los vecinos un día ya se quejaron porque cantando nos dieron las tantas y tuvimos que bajar la voz.

Al hacerse tarde, cómo era fin de semana decidimos cenar fuera; así que nos fuimos a cenar al restaurante de las palomas que era tipo buffet a ponernos las botas, nos reímos y lo pasamos muy bien.

Luego como el casco estaba abierto; nos fuimos al bar “El lío” a tomar algo, al llegar como a mí me conocía el camarero la primera ronda nos salió gratis, la otra la tuvimos que pagar.

Estuvimos bailando y bebiendo toda la noche; aunque a veces nos salíamos a fuera para que nos diera un poco el aire y Charlie pudiera fumar.

Se nos pasaba la noche muy rápido tanto que al final a las seis de la mañana nos fuimos para casa a dormir; pero antes de meternos en la cama me miró a los ojos, se acercó a mis labios y me besó.

Al acabar me dijo que me tenía que decir algo que no sabía cómo hacerlo, al principio tuve miedo de que desapareciera y entonces me dijo.

Charlie: Paula, te quiero

Me quedé tan helada que no sabía que contestar, después de mucho tiempo yo me había quedado sin palabras.

Sabía que tenía que contestar; era algo que estaba esperando y él estaba muy nervioso hasta que yo por fin le contesté.

Paula: Yo también te quiero

Desde ese momento, nuestra relación se fortaleció cada día más; estábamos unidos por algo que no era solo amistad y compañerismo, ahora sí que podía decir que entre nosotros había AMOR, con todas las letras y en mayúsculas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 22

Te voy a volver tan loco que no vas a saber si vives o sueñas

 

Todavía no me podía creer que de la boca de Charlie hubiera salido TE QUIERO en mayúsculas, era como vivir en un sueño; sabía que él era ÉL.

Quiero decir que sabía que por fin había encontrado a la persona adecuada y que realmente sentía que me sentía completa con él.

Mientras seguía escribiendo algo de la segunda parte empezó a escuchar la canción de “carita de buena” de Efecto pasillo.

Le encantaba la canción, mientras bailaba Charlie la observaba embelesado y es que le encantaba verla bailar.

Después de bailar un buen rato; como ya era tarde se puso el pijama que como era verano ya empezaba a poner los camisones cortos y eso era superior a Charlie.

Toda ropa que me llegará a mí por ras del trasero, era lo más sexy del mundo; yo llegue a pensar que estaba salido de naturaleza, pero es que a mí me encantaba provocarlo.

Cuando quedaba con las amigas y les contaba algunos avances de la relación, se quedaban alucinadas porque ellas todavía iban por la fase dos mientras que yo, ya estaba casi en la cuatro.

Así que estaba tranquila, necesitaba seguir escribiendo la novela o por lo menos intentar inventarme algo chulo que pueda encantar.

Zaida estaba contenta con Diego, cada día va mejorando más; por lo menos no le había dejado secuelas así que hacía vida normal.

Por las noches estaban juntos, porque era en la única hora que coincidían, aparte de las horas de las comidas.

Zaida había cambiado mucho desde que Diego estaba en su vida; ya no iba de flor en flor e incluso estaba con muchas ganas de hacer las cosas bien porque sabía que Diego valía la pena.

Bea después de lo de Alex, la decepción le cerró el corazón porque pensaba que siendo fría era la única manera de sobrevivir.

Seguía trabajando en su oficina y las horas se pasaban muy largas; tanto que decidió ir al jefe para que la cambiarán de departamento porque estaba cansada de estar en el mismo sitio que su ex.

Al principio el jefe se lo puso difícil, pero luego cedió de tal forma que la subió al departamento de arriba donde sólo trabajan chicas; así no tendría ningún tipo de tentación para ligar, aunque ella sabía que la cafetería era para toda la empresa.

Así que cuando bajaba a la cafetería decidió cambiar cosas para sí misma y volverse una nueva Bea, iba a ser fría y calculadora como le gustaban a todos los chicos.

Poco a poco las cosas iban cambiando, las chicas seguían con sus trabajos; menos Bea que había decidido ir al jefe después de que la subiera al departamento y decirle que ese trabajo no era para ella y que quería el finiquito.

Se fue directamente y apareció en mi casa a las doce de la mañana, diciendo que tenía que llamar a las chicas para quedar esta tarde y contarnos la locura que había cometido.

Mientras tanto, Begoña seguía en su trabajo que estos días tenía mucho; desde que había abierto la peluquería después de las vacaciones venían todas las abuelas como si les fuera la vida en ello.

Había estado fuera unos días y cuando volvió todas les tenían que contar muchas cosas; era en el único trabajo que te sabías la vida de todo el mundo, sobre todo las abuelas.

Se lo pasaban muy bien allí, aparte de que luego las dejaban muy guapas y se iban tan felices a sus casas o a comprar según les vaya en aquel momento.

Ya se estaba haciendo tarde, así que me puse el pijama y empecé a recoger todo, apagué el ordenador y me puse a hacer mi cena.

Charlie cuando llegó a casa, se hizo la suya y se sentó en el sofá a ver el fútbol; pero como a las diez acababa a partir de esa hora yo iba a ver lo que quisiera hasta que me fuera a la cama.

Me gustaba quedarme sola por la noche, aunque sólo fuera un rato para desconectar y así leía de vez en cuando un poco Valeria en blanco y negro, que cómo siempre oí decir a mi madre sólo me quedan diez hojas para acabarlo, aunque quedará medio libro.

El puzzle lo tenía bastante bien, me gustaba hacerlo porque aparte de relajarme me hacía no pensar tanto; aunque estos días la historia me ocupaba mucho tiempo.

 

Cuando terminó de cargarse el móvil, lo apagué y fui a recoger la cocina para que quedará todo limpio; termine de ver mi serie favorita y me fui a dormir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 23

¡Por fin mañana fiesta!

 

Me levanté a las nueve y media de la mañana, porque estos días no podía dormir mucho; así que me arreglé y ordené mi habitación para luego ponerme a desayunar.

Charlie todavía seguía durmiendo, así que me daba tiempo a dejar todo recogido e incluso bajar al contenedor los plásticos y el papel; que por pereza llevaban días en casa.

Cuando llegué a casa, Charlie ya se había despertado y estaba en la sala tomándose su café con unas tostadas.

Se había levantado el cielo despejado, aunque hacía un poco de aire; se estaba bien en la calle para dar un paseo.

Así que decidimos dar una vuelta, para que nos diera el sol y de paso relajarnos porque tanto estar en casa nos tenía un poco aturullados.

Menos mal que éramos personas que teníamos muchos hobbies, aunque a Charlie no le gustaba mucho leer, pero entre la televisión y la terraza que se iba un rato a que le diera el aire estaba entretenido.

Cómo era también mucho de estar en el ordenador, decidió ponerse a escribir sus sentimientos de cómo estaba estos días.

Cogió el documento donde él estaba escribiendo su propia historia que la llamo “La vida contigo”, que lógicamente me había dicho que yo era la protagonista pero que no sabía cómo encauzarla en estos momentos y estaba pensando en cómo iba a seguirla.

Mientras tanto, yo estaba haciendo mi puzzle tranquilamente y él cogía nuestras fotos para inspirarse y ver cómo iba a continuar su relato.

Cuando un día estaba distraído fui a ver lo que escribía y me pillo con las manos en la masa; tanto que me sonrío diciéndome.

Charlie: Pequeña, ¿Qué estás haciendo?

Paula: Yo, estaba mirando que se me ha caído el tape del bolígrafo y oye que no lo encuentro por ningún lado.

Charlie: Ya…claro…

Paula: Te lo juro…

Charlie: ¿No será este que tengo yo en la mano?

Paula: Ay míralo, ves se había escondido el maldito alee ya tengo lo que necesito me voy

Charlie no se lo podía creer, la estaba mirando sonriente, pero a la vez preocupado pensando que había encontrado la historia y sabía su secreto.

Llevaban un tiempo saliendo y ella nunca supo que él desde el primer momento que empezó a tontear con ella; tenía un cuaderno donde ponía cómo se sentía estando con ella y las cosas que le hacía experimentar.

Aparte él en su cajón tenía un sobre donde guardaba todas las fotos con ella, porque estaba preparando un collage, para enmarcarlo y así regalárselo por Navidad.

Después de hacer que yo desapareciera de allí, intento comportarse de la manera más natural posible y así yo no sospechara que había algo raro.

Así que estuvo durante un tiempo empeñado en hacer varias fotos, cómo yo era fotogénica no me importaba; aunque a veces sospechaba.

Zaida se había levantado esa mañana tranquila, llevaba días nerviosa porque no sabía si iba a poder terminar el trabajo para el lunes.

Mientras tanto, Bea que se había quedado en el paro; estaba viendo a ver si podía hacer algún curso que le gustará y así iba haciendo cosas.

Así que, se fue para el Inaem, al llegar vio la fila que había y con las cosas que tenía que hacer estuvo a punto de marchar; pero espero cuando de repente apareció un chico que le dijo.

Chico: ¡Hola! Perdona estas a la fila…

Bea: Claro, estaba esperando a que me tocará

Chico: Por cierto, me llamo Dani

Bea: ¿No fastidies, como el ex novio de una amiga, os multiplicáis por la noche como esporas o qué?

Chico: Perdona...

Bea: Lo siento, es que tengo malos recuerdos de ese nombre

Chico: No pasa nada, lo entiendo

Bea: Yo me llamo Bea, encantada

Estuvieron el rato que estaban esperando hablando un poco, hasta que les tocó y entonces él amablemente le cedió el turno a ella.

Se sentó en la silla, sacó su curriculum del bolso y empezó a comentarle a la chica a lo que se había dedicado hasta ahora; esta le dio algunas preferencias de los trabajos que podía hacer y que le podían gustar, pero para eso necesitaba hacer cursos de ordenador.

Se apuntó a todos los cursos para hacer puntos y tener posibilidades de empleo, estaba contenta por la respuesta y antes de marchar se acercó a Dani.

Bea: Toma mi tarjeta, por si algún día quieres llamarme

Dani: Ha sido un placer conocerte Bea.

Bea: Igualmente, suerte.

Bea marchó de allí dispuesta a ir a su casa, iba andando por la calle hasta que de repente pasó por la peluquería de Begoña y la llamó desde el cristal.

Begoña al verla, le dijo que pasará que ahora tenía poca gente y que le haría un precio y le arreglaría el pelo.

Entonces entró, se sentó en el sillón del lavadero de cabeza y ésta le empezó a lavar el pelo suavemente mientras hablaban de sus cosas.

Cuando terminó, la llevó al sillón para peinarle y cortarle un poco las puntas porque ya tenía el pelo estropeado y había que arreglarlo un poco.

Así que, empezó a contarle que había estado en el Inaem, le habían propuesto unos cursos para hacer este verano que estaban muy bien; aparte había conocido a alguien.

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 24

¿Quién es ese alguien?

 

Tenía muchas cosas qué hacer ese día, había empezado a escribir la segunda parte y quería una inspiración real.

Begoña tenía ganas de una reunión de chicas, porque eso de que Bea hubiera conocido a alguien era una buena noticia; el problema es que le tenía que durar y eso ya era otro cantar.

Aún así estaban contentas cuando recibieron la noticia; ella empezó a hablar de él sin decirles cómo se llama porque tenía miedo a la reacción de ellas, sobre todo de Paula.

Dani al llegar a su casa, empezó a pensar en cómo hacer que coincidieran otro día; le había gustado mucho esa chica, era muy natural y sobre todo simpática; tenía ese algo inexplicable que le había hecho sonreír.

Así que estuvo unos cuantos días dándole vueltas, no sabía si llamarla tan pronto o no; tenía miedo de asustarla, aunque por lo que había visto de ella, era demasiado resuelta como para asustarle algo así.

Cogió el móvil y le escribió un wasap meditando lo que le iba a poner, así que lo borraba, lo escribía de nuevo, así hasta seis veces hasta que dio con lo que realmente quería ponerle.

“¡hola Bea! Soy Dani, el de la fila del Inaem; me gustaría quedar algún día contigo y tomar un café. Cuando puedas contesta un beso.”

Lo leyó varias veces antes de enviarlo, veía que era muy informal sin segundas intenciones ni nada, ahora sólo tenía que esperar a que ella lo leyera y contestará.

Bea estaba distraída con el ordenador, mirando el curso del Inaem hasta que escuchó su móvil un wasap de alguien que no conocía.

Cuando lo leyó y vio que era él, al principio se puso muy nerviosa y soltó el móvil en el sofá; empezó a darle vueltas por casa a ver qué era lo que tenía qué hacer.

Así que llamo a Paula para que le diera uno de esos buenos consejos que solía darle cuando había algo que no sabía solucionar.

Ring…ring…

Paula: ¿Quién es?

Bea: Paula que soy yo, tengo que contarte algo

Paula: Dime

Bea: He conocido a alguien, me ha dicho de quedar y no sé qué hacer.

Paula: ¿Y quién es él?

Bea: ¿Sí claro, como la canción y a qué dedica el tiempo libre no??

Risas….

Estuvieron riéndose durante un rato, hasta que Bea le contó cómo lo había conocido y que si era bueno quedar con él tan pronto.

Yo le contesté que sí, total de perdidos al río que pensará que ya lo dice el refrán, quien no arriesga no gana.

Así fue, como Bea se arriesgó y quedó con Dani esa tarde para verle; así poder conocerse poco a poco.

Entonces cuando ya se marchó más tranquila; se fue a casa a preparar la comida para luego por la tarde estar con él.

Por la tarde, se fue a la cafetería “Los lunes al sol” que era allí donde había quedado con Dani para tomar un café.

Al llegar, Dani había llegado allí y estaba sentado en una mesa al lado de la ventana, mirando a ver por dónde venía Bea; hasta que la vio aparecer con un vestido rojo de tirantes, unos zapatos de tacón altos y su bolso de Dior.

Se sentó delante de él, entonces él llamo al camarero para pedirle dos cafés bombón y un vaso de agua.

Al pedirlo, el camarero en unos segundos se lo trajo y empezaron a hablar; éste le dijo que antes de ir al Inaem estaba trabajando en un supermercado llamado DIA, pero habían hecho un ERE y había ido fuera; claro que antes le habían ofrecido una subvención y la había cogido aparte del paro.

Bea le escuchaba atentamente, hasta que le tocó el turno a ella y le dijo que cómo es que estaba allí y porque había dejado el trabajo.

Entonces ésta que ya estaba cogiendo confianza, le contó es que tuve un rollo con un compañero de trabajo y la cosa no salió bien; así que me cambiaron de planta, pero como el trabajo además no me gustaba, en un arrebato de los míos decidí dejar el empleo y buscarme otra cosa.

Dani estaba alucinado, no se esperaba que una chica cómo ella con la capacidad que tiene hubiera hecho la locura de dejar el empleo con la crisis que había; se dio cuenta de que era muy valiente haciendo algo así.

Así estuvieron hablando durante horas, mientras en el bar sonaba la canción de Estopa “Vino Tinto”, que les gustaba mucho a los dos.

Entonces se dio cuenta de que poco a poco, estaba a gusto con él; era verdad que igual le había llegado la hora de ser feliz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 25

Las aguas vuelven a su cauce

 

La mañana se había levantado soleada, aunque yo ya había hecho muchas cosas y ahora estaba sentada en el ordenador con mi historia; mientras que Charlie estaba con la suya que le quedaban los últimos retoques para acabarla y poder seguir con su sorpresa.

Los días pasaban y Charlie ya iba teniendo todo lo que necesitaba; así que se fue a una tienda de enmarcaciones con sus fotos y allí le dijeron que se las dejará que él se lo hacía; le pregunto para cuando era y el dependiente le dijo que lo tendría el viernes.

Así que Charlie se fue, dejándole las fotos para que él hiciera el trabajo y cuando lo tuviera que le avisará así que le dejó su móvil.

Marchó de allí, se fue a por el pan para llevarlo a casa; mientras que yo estaba preparando la comida.

Al llegar Charlie a casa, se acercó y me dio un beso, dejó el pan en su sitio y puso la mesa.

Cuando había acabado de hacer la comida, empezamos a comer que hoy tocaba espaguetis a la carbonara que a él tanto le gustaban.

Cómo siempre que hacía pasta, era plato único y luego de postre había hecho una tarta de chocolate que era como un flan que a él le gustaba mucho.

Por la tarde, Charlie se puso a fregar todo y cuando terminó se echó en el sofá a ver el telediario para luego ver un poco los deportes.

Cuando se fue a dormir la siesta; yo me puse a ver mi serie favorita Castle un poco, hasta que me cansé y entonces cogí mi libro “Valeria en blanco y negro” para leerlo un poco hasta la hora de la cena.

Aparte de eso, también hice un poco de puzzle que cuando me veía Charlie con él no hacía más que venir a caciplear, para los que no lo entiendan a meter mano al puzzle y quitarme piezas para ponerlas él.

Mientras tanto, de fondo había puesto yo el disco de Amaral que tanto me gustaba; estaba sonando la canción de “Moriría por vos”, cuando entró Charlie como un elefante en una cacharrería abriendo la puerta a lo grande.

 

Charlie: ¿¿morirías por mí???

Paula: Cariño, siento desilusionarte, pero así se llama la canción, no quiere decir que sea lo que yo esté pensando hacer por ti.

Charlie: Que mala eres conmigo

Paula: Pero, te quiero mucho

Charlie: Sí, si por dios eso no lo dudaría nunca

Cuando Charlie ya me dejó tranquila durante un rato, seguí con mi puzzle un poco más hasta que dieran las nueve y media que era la hora que cenábamos todos los días.

Después de cenar, me puse un poco a escribir por ordenador y organizar un poco la historia para que tuviera sentido.

Estuve un buen rato escribiendo, tanto que cuando fui a mirar la hora ya pasaban las doce de la noche; pero es que de repente me sentía liberada estaba contando muchas cosas porque por primera vez tenía algo que contar.

Bea estaba feliz con su chico, por fin había encontrado lo que ella tanto estaba buscando; era amable, cariñoso y sobre todo fiable; estaban empezando poco a poco y eran amigos.

Dani no era como los demás, quería hacer las cosas bien con él porque sabía que merecía la pena conocerlo; aunque tenía miedo de lo que le fueran a decir las chicas cuando se enteraran.

Begoña seguía con Gabriel que la fue a buscar a la peluquería esa mañana para invitarla a comer.

Hacía seis meses que se habían casado y la llevo al restaurante “La Trattoria” que era muy bueno y tenía muchas cosas aparte de pizza que les gustaba mucho a los dos.

Allí que se fueron los dos; había reservado Gabriel mesa a las 15.00, para que les diera tiempo a llegar ya que Begoña salía a las 14.30 de trabajar.

Cuando llegaron, el metre los acompañó a su mesa que cómo siempre estaba al lado de la ventana; porque sabía que a Begoña le gustaba mirar la gente que pasaba por la calle, a veces parecía un zoo porque aparecía cada uno; aunque seguro que cada uno tenía una historia en su vida.

Entonces se dio cuenta de que se pegaba todo menos la hermosura, ese pensamiento lo tenía mucho su amiga Paula cuando hablaba con ellas; eso de dedicarse a escribir era lo que tenía.

Hablaron de sus gustos, se dio cuenta de que tenían muchas cosas en común y aún así alucinaba que de repente después de tantos años se hubieran vuelto a reencontrar.

Se había casado con el amor de su vida, el de la infancia y además era alucinante que se llevaran bien y que discutieran poquísimo.

Mientras eso pasaba, Zaida había ido de compras con Diego porque al empezar el calor la ropa de Diego de verano ya no le quedaba bien y necesitaba comprar.

Se fueron al Corte Inglés, al llegar cómo a ella la conocían porque trabajaba allí; se dieron cuenta de que era su chico; entre otras cosas porque aparecieron cogidos de la mano.

Las chicas empezaron a ponerse como locas, querían todas conocer a Diego y esté se sintió al principio un poco apabullado, pero luego ya se creció de tal manera que las saludo a todas encantado.

 Cuando ya le habían enseñado media tienda, todo esto claro está haciéndole el doble de rebaja de lo que era; porque tenían que quedar bien con el chico, estaban alucinando de lo guapo que era.

Las compañeras empezaron a preguntarse cuando los vieron marchar, que de donde lo había sacado y cómo es que estaba con ella sabiendo lo fría que era a veces; empezaron a llegar a la conclusión que se estaba empezando a ablandar porque se había enamorado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 26

¿Enamorada yo? Tías vosotras flipáis

 

Zaida estaba poco a poco creyendo en que la palabra AMOR existía, yo ya se lo había demostrado aún así no se creía que ella era capaz de verle su significado y que realmente esta vez fuera cierto.

Había tenido algunas relaciones fallidas y no podía creerse todavía que Diego fuera a ser el definitivo.

Aún así hacía mogollón de cosas por él, siempre estaba pendiente de él y cuando llamaba se le cambiaba la cara; se le aparecía aquella sonrisa inocente que se quedaba con cara embelesada por todo lo que él hacía.

Sus amigas sabían de sobra que se estaba haciendo la dura, siempre fue fría y no le gustaba expresar lo que sentía por miedo a que le rompieran el corazón.

Estaba en su casa escuchando la canción de “Princesas” de Pereza que tanto le gustaba, mientras veía un poco una película en el ordenador para luego poder hacer otras cosas.

Cuando acabó la película, se puso a recoger la casa y a ver el Facebook de sus amigos; era una fanática de esa red social, pero eso quedaría por el momento en el anonimato porque no quería que sus defectos los conociera tan pronto Diego.

Mientras tanto, yo estaba alucinando que estuviera escribiendo una historia con el mismo tío de tantas páginas.

Entonces fui directamente a Zaida a contárselo porque no me lo podía callar; ésta cuando se lo dije me soltó la verdad que era lo que yo tenía tanto miedo.

Zaida: Paula, te pasa lo mismo que a mí; nos estamos enamorando

Paula: Chica que dices, cómo me voy a estar enamorando de Charlie; además por qué, por cómo me mira, por esa sonrisa tan perfecta que me dedica cada vez que llega a casa, por cómo me toca cuando se acerca acariciarme; porque no paro de pensar en él cuando no está esperándole… ¿por qué?

Zaida: Hija Paula, yo estoy mal, pero tú ya es que hasta lo reconoces con sólo que te lo pregunten…estamos fatal

Estaban que se echaban las manos a la cabeza, cómo era posible que Charlie pudiera con tal sólo mirarme leerme la mente y ver todo lo que yo sentía por él; esto no puede ser tenía que aprender a poner la mente en blanco.

Mientras estaban sumergidas en su conversación, se les había olvidado que habían quedado también con Bea y Begoña; éstas aparecieron al instante y se sentaron.

Chicas: ¿De qué habláis?

Zaida: De que no sé si saldremos vivas de ésta, ahora entiendo la película del amor perjudica seriamente la salud

Bea: Mujer que no será para tanto…

Zaida: Qué no es para tanto, mira os voy a contar; resulta que Paula ya ésta en la fase me contesto todo a mí misma, al igual que yo, todo lo que sale de su boca es: Charlie es muy mono, Charlie me prepara el desayuno y todo gira en torno a él.

A mí me está pasando algo parecido, sólo que yo es Diego esta mañana me ha hecho el desayuno y me ha regalado una flor, que dicha flor acabé con ella de la boca al pelo; del pelo al suelo y luego la limpié y la puse en un jarrón.

Total, es que estos chicos, un día de estos nos van a volver locas, aparte de cuando nos acostamos que un día me va dejar inconsciente, que hombre madre de dios como se mueve el tío.

Así estuvieron hablando durante un buen rato; riéndose y tomándose sus gin tonic que cada vez se le subía más a la cabeza, al final acabaron cantando la canción de             Pa- Madrid del Barrio a voz en grito y tocando palmas; ni corta ni perezosa se levantó Zaida y empezó a taconear así con todo el bar mirando.

La gente flipaba, no sabía de donde habían salido esas cuatro chicas; ahora empezaron a animar al bar y ahí todo el mundo empezó a bailar, menudos espectáculos montaron en poco rato.

Así estaban todas ellas en el bar “Noches de verano”, que cómo ya las conocían el camarero con sus mejores sonrisas y todos los presentes cuando terminaron empezaron a aplaudir.

Zaida: Ves si ya te lo digo yo Paula, somos como la cerveza San Miguel

Paula: Di que sí, donde vamos triunfamos

Bea: Madre mía, pero de qué manera al marchar el camarero hasta que ha dado su número; ahora que no puedo ligar va y ligo

Begoña: Es que chica, nosotras donde vamos besamos el santo

Paula: Y lo que no es el santo también, dios mío de mi vida que noche.

Así fue, que esa noche era la mejor de todo el año; tenían claro que no la iban a olvidar nunca, porque ahí se juraron que su amistad nunca les iba a fallar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 27

Amigos para siempre

 

Habían pasado mucho tiempo desde esa noche, así que llegaba pronto el fin de año y querían celebrarlo a lo grande.

Se juntaron todos a cenar en el restaurante “La Marula”, el último sábado del año, estaban todos encantados así que iban vestidos con sus mejores galas.

Al principio llegué yo con Charlie, estuvimos esperando tomando una caña; yo con limón y el sola, aunque luego me engañara para que pidiera una como la de él.

Estuvimos hablando un poco de todo, riéndonos y en unos minutos apareció Zaida con Diego; nos saludamos y mientras nosotras empezamos a cotorrear de nuestras cosas, ellos se pusieron al lado de la tele a ver el fútbol que jugaba el Zaragoza.

Mientras tanto, aparecieron Bea con Dani y detrás de ellos ya iban Gabriel y Begoña que se habían encontrado en la esquina.

Cuando ya estaban todos, fueron a preguntar por la reserva del restaurante que había encargado Charlie para esa noche.

Al principio les hicieron esperar, hasta que llegó el metre y les dijo que ya estaba todo preparado; así que se sentaron.

Pidieron cada uno lo que les gustaba y de beber cerveza, después de las cervezas para el postre pidieron unos chupitos de licor de manzana; pero les dijeron que no había así que se conformaron con Jagger que les puso a tono igual o más.

Estuvieron brindando por todo el año tan bueno que habían pasado juntos, estaban seguro que de aquí iba a salir una buena amistad.

Hicieron fotos, se rieron y más tarde se fueron todos al bar de Charlie a terminar la noche, bailando y bebiendo.

Pasaron las horas allí, se lo pasaron genial y al final de la noche yo espere a Charlie a que cerrara el bar para irnos para casa.

Cómo es normal nos dieron las tantas, cuando ya no había nadie y había cerrado el bar “Borrachos sin fronteras”, se puso delante de mí y me hizo prometerle una cosa.

Charlie: Prométeme que pase lo que pase estaremos juntos.

Paula: Ya sabes que sí, te quiero enano

Charlie: Yo sí que te quiero, gracias por aparecer en mi vida

Paula: Gracias a ti por estar en la mía.

Así acabaron besándose esa noche a la luz de la luna y abrazados se juraron que siempre estarían juntos.

Después de tantos baches y tantas cosas acabaron teniendo una relación más fuerte si cabe y por ello fueron felices para el resto de sus días.

FIN

 

 


 

 

 

 

 

 

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