Paula ya estaba un poco cansada
del frío, ya que el aire le hacía que le doliera la cabeza un montón y eso la
trastocaba a la hora de escribir.
Mario a su vez, llevaba unos días
algo nervioso ya que como dice el refrán “la primavera, la sangre altera”; tanto
fue así que ya tenía claro que quería pedirle a Paula que se casará con él.
Lo estuvo pensando durante
semanas hasta que se lo iba a decir la semana que era su aniversario.
Los amigos ya lo sabían, aunque
ella lo desconocía, así que ese fin de semana, le iba a dar la gran sorpresa.
Llego el fin de semana y cuando
estaban echados en el sofá Mario se levantó de repente; le dijo a Paula que
ahora venía.
Fue derecho a la habitación y ahí en la mesilla cogió el
anillo de compromiso.
Al haberlo cogido fue directamente al salón y se agachó.
Mario: Paula, ¿Quieres casarte conmigo?
Paula: Sí, claro que quiero.
Así fue, como acabaron esa noche celebrándolo hasta que les
dieron las tantas.
La semana siguiente, ya invitaron
a sus amigos a cenar a casa y ya al juntarlos les dieron la gran noticia.
Amigos: Nos alegramos mucho por vosotros.
Hablaron toda la noche,
prepararon la cena y ya cenaron todos juntos; hablaron de flores, testigos y
como lo iban a preparar todo.
Así fue como llegó el 15 de
agosto; el gran día y se casaron.
Fueron todos los invitados y al final, bailaron y se lo
pasaron muy bien e hicieron muchas fotos.
Al acabar, se fueron una semana
de Luna de miel a Mallorca a un hotel de 5 estrellas.
Al llegar al hotel, estuvieron en
la habitación brindando con champán, y celebrándolo a lo grande.
Los llevaron a pasear por todo
Mallorca; tenían fotógrafo que les hacían las fotos más guapas, para luego
ponerlas en el álbum.
Se iban por la mañana a la
playita, que les gustaba esa época con la brisa del mar; porque era muy
romántico.
Paseaban por la orilla, hablaban
de sus cosas, se daban cariño y vivieron intensamente esa semana.
Mientras eso pasaba, Daniela y
Carlos que seguían con su vida en Málaga como los demás, se iban con sus amigos
a dar vueltas y tomar cerveza fría.
Estaban planeando una gran
bienvenida a los recién casados y preparando la casa.
Total, pasaron los recién casados
una semana especial hasta la vuelta.
Cuando llegaron al aeropuerto
tenían a todos sus amigos con una pancarta de bienvenida.
Se metieron en los coches y
fueron a casa a celebrarlo.
Montaron una gran fiesta en el
jardín hasta las tantas y ya se quedaron a dormir.
Para todos fue un gran día,
aunque algo agotador; así que se fueron a la cama.
Por la mañana, cuando los amigos
ya se habían ido; recogieron todo y ese día se lo dedicaron a ellos y estar
solos.
Hablaban de cosas y jugaban a
hacer el tonto; como tanto les gustaba a ellos.
Aparte de recoger todo y ya hacer
vida normal.
Paula, siguió con su historia de
un amor de primavera.
La vida le sonreía, ya que se
había casado con el hombre de su vida de que tantos años estuvo enamorada.
Roberto vivía pensando en que
podía regalarle a Rosa por su aniversario; ya que habían empezado a salir en
primavera.
Fue con su mejor amigo Raúl, a
una agencia, cogió billetes para Canarias y los guardo hasta que llegará el
gran día del aniversario.
Poco a poco llego el día y ya
apareció Roberto con el sobre – sorpresa para Rosa.
Rosa: ¿Qué es esto?
Roberto: Tú ábrelo, ya verás como te gusta.
Al abrirlo,
Rosa se encontró con que eran billetes para Canarias en dos meses; que ya había
avisado en el trabajo y que estaba todo preparado.
Rosa se
lanzó a Roberto a abrazarlo y darle un beso; le dio las gracias y estuvieron un
rato abrazados hasta que se soltaron.
Rosa,
empezó a hacer la lista del viaje y prepararlo todo a ver que se tenía que
llevar.
Roberto,
sabía que había acertado ya que a Rosa le encantaba viajar.
Así fue,
como Paula siguió con su historia que le encantaba como estaba quedando.
Pasado el
tiempo, Mario que cada día la quería más, decidió darle una sorpresa.
Así que le
regaló un perro que lo llamo Toby, era de los que ella le gustaban los de
scottex.
Lo sacaban
a pasear, le daban de comer y jugaban mucho con él.
A los 12
años de edad del perro; esté enfermo y acabo muriendo pero les dejó un gran
recuerdo.
Pasaron los
meses y ya olvidados del perro; ya se prepararon para irse de vacaciones con
los amigos.
Las chicas
se ponían en la tumbona de la piscina; mientras que ellos se bañaban.
Hablaron
entre ellas de muchas cosas; se reían y contaban anécdotas de sus maridos; ya
que las tuvieron buenas.
Al final,
cada uno se fue para su casa y fueron felices para siempre.
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