Está
a punto de llegar la primavera, como todos los años empieza el tiempo a
revelarse y las personas empezamos a no saber qué ponernos porque no te aclaras:
a veces hace frío y otras veces calor.
Esta
primavera va a ser especial, intuye Sara en un momento de soledad en su
habitación, sin nada que hacer ni que pensar.
Sara es una
chica de 28 años, con ojos marrones oscuros y pelo castaño claro, alta de 1’70
cm y con piel suave.
Actualmente
está preparando oposiciones para el Estado, ya lleva un tiempo estudiando y
tiene esperanzas de sacar la plaza algún día.
Le encanta
escribir, lee mucho y las historias de amor la enganchan un montón, pero sabe
que no son la realidad.
Aunque sí es
verdad, que una chica conoce a chico, se dan su correo o teléfono y luego a
esperar a ver si le interesas y te llama o le das igual y no te llama nunca.
Mientras
tanto, Sara se dedica a escribir su novela “El amor escrito al revés, significa
amor”; esto lleva haciéndola desde que conoció a su amigo Alan en una cafetería
llamada “Las noches de verano”.
Todos los
días, Sara mira su correo electrónico a ver si tiene noticias de Alan, que
habitualmente le solía escribir y pareció muy interesado en su afición a
escribir historias inventadas por ella.
Una tarde,
Sara se metió al ordenador para ver si había recibido algún correo electrónico
de Alan y tuvo suerte ya que obtuvo su respuesta.
Querida
Sara:
He
leído parte de tu novela, me ha entusiasmado la facilidad que tienes para
meterte en un personaje tan carismático como Alexandra y dar a entender a los
demás que ella es fuerte para luchar contra sus sentimientos y sus ilusiones,
por ser una gran escritora en tiempo de crisis conquistando el amor de Mario,
su ídolo.
Espero
que sigas escribiendo esa historia, las primeras páginas están bastante
entretenidas, sigue así artista.
Un
saludo
Alan.
Así fue,
como Sara, al leer el email, se entusiasmó al saber que su amigo de la
cafetería le gustara lo que ella escribía.
Sara decidió
seguir escribiendo su novela, que aunque parecía al principio que no iba a
llegar muy lejos a su amigo le había gustado.
Sara
todos los días, después de salir de clase, se dirigió a la cafetería “Las
noches de verano”, porque allí fue donde conoció a Alan y donde empezó toda su
inspiración.
Una mañana,
Sara se levanto temprano y como no tenía sueño y no podía dormir más decidió
arreglarse y abrir la ventana para ver si la luz del día le inspiraba para
seguir su novela.
Alan
era un chico moreno, con ojos marrones claros, medía más o menos como ella y siempre
comentaba que no le gustaba leer libros excesivamente largos, pero que la
historia que Sara se había inventado le había enganchado tanto que quería saber
cómo iba a continuarla.
Era
un editor de poca fama, pero le gustaban las historias inventadas de la gente
porque sabía que tenían algo de interés personal, que sólo salía si conocías a
la persona y para eso hacía falta estar con ella, sentir sus emociones y sus
motivaciones por las cosas que a ella le interesaban, por eso le gustaba tanto
Sara y su manera de escribir sus historias.
Pero
eso no se lo podía decir todavía, ya que sólo se habían visto una vez en la
cafetería, se conocían poco aunque eso no significaba que no quisiera y tuviera
interés en conocerla más a fondo.
Entonces
decidió escribirla para comentarle si quería que se vieran en la cafetería “Las
noches de verano” para compartir ideas para la novela de ella.
Así
fue como empezó a escribirle un email esa misma mañana para que ella pudiera
organizarse en sus planes de la tarde.
Querida
Sara:
He
estado pensando que me gustaría aportar alguna idea a tu novela “El amor
escrito al revés, significa amor”, si te parece bien podríamos quedar en la
cafetería “Las noches de verano” sobre las 18:00 o así. ¿Qué te parece?
Espero
tu respuesta.
Atentamente
Alan.
Sara
al volver del instituto, como le habían comentado que tenía algún que otro
examen esta semana, tuvo que estudiar, pero no se olvidó de mirar el correo y
leer el email de Alan, al que, por supuesto, contestó aceptando la cita, pero
diciendo que no podía estar mucho tiempo porque tenía que estudiar.
Alan,
contento por la respuesta, va a la hora que le dice a la cafetería “Las noches de verano”, donde con parte de su
historia y hojas de sobra para escribir está Sara esperándole en la misma mesa
donde se conocieron.
Sara: ¡Hola, Alan! ¡Qué
puntualidad!
Alan: Es que es una de mis
grandes virtudes, me gustaría patentarla.
Sara: Jajaja, que gracioso eres;
bueno a lo que vamos, aquí tienes la historia.
Alan
observa curioso las hojas de la historia de Sara, ve que le pasan muchas cosas
diferentes a la chica y, eso sí, todo trata de sinceridad, amor y fidelidad.
Sara,
mientras tanto, ansiosa y entusiasmada a la vez, no sabe qué va a decir Alan
cuando lea la historia, si va a tener algún plan o va a dejar la cosa como una
historia de adolescente más.
Entre
tanto Alan cuando termina de leer lo último que ha escrito Sara, la mira y le
dedica una de sus mejores sonrisas.
Alan: Me parece que está genial,
además tengo una idea para que te des a conocer más fácil.
Sara: Soy toda oídos, ¿Qué tienes
pensado?
Alan: Como lo de dejar
cuadernillos por los sitios que habita más gente está muy anticuado, he
decidido hacerte una página web metiendo tu historia. ¿Qué te parece?
Sara: Está genial, me parece muy
buena idea, además así igual me manda mucha gente comentarios y los puedo
aprovechar para corregir mis fallos.
Alan: ¡Entonces estupendo!,
cuando quieras comenzamos.
Sara: Vale, por mí cuando sea;
vengo con el lápiz para mandar copias si es necesario.
Alan: De acuerdo, vamos a
empezar.
Así
fue, como empezaron a hacer la página web y como tenían que ponerle nombre decidieron que fuera un pseudónimo:
“Historias basadas en hecho real”.
Colgaron
la historia escrita y pusieron que la página pudiera ser leída por mucha gente
y a esperar las respuestas, poniendo el correo de Sara; saralanuevaescritora@telecable.es
Cuando
terminaron de hacerla, se dedicaron a hablar de cómo continuar la novela para
que fuera entretenida para todo el mundo.
Se
pasaron horas pensando qué podían poner en aquellos papeles para que llamara la
atención y así poder continuar aquella historia de amor.
Pasaron
unas cuantas horas pensando y escribiendo notas de gran importancia para ellos
pues eran para la novela de Sara.
Al
ser la segunda vez que se veían, Sara decidió atreverse a dar un paso que podía
ser peligroso pero a la vez, si no lo hacía, nunca hubiese sabido lo que
pasaría entre ellos.
Sara: Alan, ¿Me puedes dar tu
número de móvil para quedar otro día?
Alan,
sorprendido por la pregunta, ya que él se la llevaba formulando toda la mañana
, sin pensarlo le contestó.
Alan: Por supuesto, así será
mejor la comunicación entre nosotros aparte del ordenador.
Sara
no puede dar crédito a lo que ha oído; ha dicho nosotros, ósea que puede haber
un nosotros, eso es lo que le ha dado a entender.
Al
final se dan los teléfonos y cada uno se marcha a hacer sus obligaciones de ese
día.
Pero, como
es normal, eso no fue así, en cuanto se dio cuenta de que sus padres no estaban
en casa, decidió meterse a internet a ver si estaban sus amigas, las modernas,
para contarles la novedad de la semana.
Al meterse,
se encontró con una de ellas, su mejor amiga Azucena que eran amigas
inseparables desde el colegio y justamente coincidieron en el instituto; sus
madres se llevaban genial.
Azucena: Tía me tienes intrigada,
¿Qué es eso tan importante que me querías contar ayer de noche?
Sara: Estoy conociendo a un
chico.
Azucena: ¿Un chico? Cuéntame con
todo detalle, cómo tú ya sabes.
Sara: Pues a ver…
Mientras
Sara estaba pensando en cómo empezar de repente se abre otra ventana de la
conversación.
Aurora: Sara tía, ya me he
enterado de que has conocido a un chico.
Sara:¡ Madre! cómo corren las
noticias en este país.
Aurora: He pensado en quedar este
sábado en mi casa a hacer una fiesta de pijamas y juntarnos las modernas para
que nos cuentes todo con detalle.
Sara: De acuerdo, ¿A qué hora?
Aurora: A las 18:00 en mi casa.
Sara: Eso está hecho. ¿Aviso a
éstas?
Aurora: Tranquila, ya están
avisadas, va a ser una tarde – noche muy larga…¡Llévate pijama!
Sara: De acuerdo, eso está hecho.
Al
final, cierra el ordenador y se pone a estudiar para los exámenes hasta la hora
de cenar.
Sobre
las 21:00 de repente suena el móvil y Sara va derecha a cogerlo a ver quién es.
Sara: ¿Quién es?
Alan: Sara, que soy yo, Alan,
siento llamarte a esta hora pero es que no he podido llamarte antes.
Sara: No importa, ¿Qué querías?
Alan: El domingo por la mañana
había pensado en ir al parque a dar una vuelta en bicicleta, porque dicen que
va a hacer un día muy guapo ¿Qué te parece?
Sara: Pues a ver, voy a hacer
tarde – noche con mis amigas, pero si me levanto temprano igual me animo, yo te
llamo vale.
Alan: De acuerdo, espero noticias
tuyas.
Entonces
colgaron, Sara bajó a cenar y ocurrió lo que ya estaba esperando
hace mucho: el interrogatorio familiar.
Madre Sara: Sara cariño, el
sábado al final ¿no duermes en casa?
Sara: No, duermo en casa de Aurora,
vamos a hacer una reunión de “las modernas”.
Madre Sara: Muy bien me parece.
Así
fue, como al terminar de cenar, Sara se fue al baño a lavarse los dientes para
luego irse pronto a la cama.
Cuando
ya se hizo tarde, Sara se fue a su cuarto a acostarse ya que al día siguiente
tenía que madrugar.
A
la mañana siguiente, estaba contenta porque ya era viernes, aunque tuviera que
ir a estudiar ya era fin de semana y entonces era diferente.
Al
llegar al autobús, que lo cogió de milagro, ya que tuvo que ir corriendo porque
salió justa de casa, al entrar al autobús ya tenía su asiento asignado, que se
lo estaba guardando su amiga Azucena.
Azucena: ¡Buenos días!, Enamorada
del amor…
Sara: Azucena, no empieces que son
las 8 de la mañana…
Azucena: Es que es muy
emocionante, encima es editor, que suerte has tenido tía.
Sara: Bueno por el momento somos
amigos y es un buen chico.
Azucena: ¿Tiene tu edad?
Sara: Que importará eso, solo
somos amigos…
Leticia: Claro que importa,
necesitamos detalles.
Isabel: Eso es verdad, venga
Sarita no te hagas de rogar…
Sara: Los detalles los sabréis en
la tarde – noche de mañana…
Modernas: Tía, nos vas a dejar
con las ganas hasta mañana por la noche.
Sara: Pues sí, venga aguantar que
ya queda menos…
Modernas: jooo, bueno anda porque
eres tú que si no.
Así
fue, como Sara las dejo con las ganas hasta por la noche, que éstas ya estaban
ansiosas por saber cómo continuaba la historia.
Por
fin después de tanto esperar, llegó la gran noche de “las modernas” y ahí se
juntaron a hablar de la novedad esperada: de la historia de Sara con su “amigo
especial” Alan.
Al
llegar a casa de Aurora, las chicas se reunieron todas en la habitación de ésta
y ahí empezó la tertulia.
Sara: Bueno, ya llegó el gran
día…
Aurora: Venga Sara, no te hagas
de rogar y empieza a contar cómo pasó..
Azucena: Eso Sara, que tiene
pinta de estar emocionante.
Leticia: Es cierto, porque no
paran estas dos de hablar de ello..
Isabel: Yo, como en las
películas, ¡Qué empiece ya, que el público se va, la gente se marea y el
público se m…!
Sara: jajaja, mira Isa que fina
la chica; bueno vale no me haré más de rogar…
Así
fue como Sara empezó a contarles la historia de cómo conoció a Alan, mientras
que las chicas estaban atentas sin perder detalles, preguntando todo tipo de
dudas como si estuvieran en la mejor asignatura de clase de su vida.
Aunque
también es verdad que ya sabéis queridos lectores que a las chicas les encanta
el cotilleo, sobre todo cuando se trata de chicos.
Estuvieron
toda la tarde y casi toda la noche haciendo juegos y riéndose de la historia de
Sara y de cómo le iba con su libro “El amor escrito al revés significa amor”.
Las
chicas le tenían mucha envidia sana, ya que era la más guapa de todas, la que
más ligaba y la que más gente conocía.
Cuando
se les hizo muy tarde, decidieron ponerse a dormir, abrieron los sacos y,
mientras que en la cama con Aurora dormía Sara ya que era cama matrimonial,
Azucena, Leticia e Isabel durmieron en sacos sobre el suelo.
A
la mañana siguiente, Sara que era la que más madrugaba de todas, fue la primera
que despertó y, como iba con la mochila preparada para el caso de que
despertará antes que las demás, decidió ponerse a escribir su novela en la
sala, donde había un poco de luz.
Siguió
escribiendo, hasta que a las 12 ya se
habían despertado todas sus amigas, le sonó el móvil y todas fueron derechas a
ver quién era.
Al
ver las chicas que era Alan empezaron a ponerse a su alrededor y a acorralarla
para escuchar la conversación.
Sara: ¡Buenos días! ¿Qué tal
Alan?
Alan: ¡Hola Sara! Como pensé que
te levantarías tarde pues estarías con tus amigas charlando hasta las mi,l
decidí llamarte ahora.
Sara: Gracias, me parece
perfecto. ¿Qué querías?
Alan: ¿Te acuerdas de la casi
quedada para hoy por la mañana?
Sara: Por supuesto que me
acuerdo, estaba esperando a que me llamarás.
Alan: Pues he pensado que
podíamos quedar pero por la tarde, porque ahora ya casi no va a dar tiempo y me
han dicho que por la tarde hacen descuento en las bicis.
Sara: De acuerdo. 5’30 en el
parque.
Alan: De acuerdo, ahí estaré.
Así
fue, como al final cuando colgaron, las chicas estaban todas esperando a ver
qué les contaba su amiga de la quedada con su “amigo especial” como lo llamaban
ellas.
Sara: Quedé con él esta tarde
para ir en bici por el parque, a las 5’30.
Las modernas: ¡Qué guay tía! Ya
nos dirás como está el chico en pantalón corto…Mmmm
Sara: Sí es que sois de lo que no hay…
Las modernas: Si, si, pero que
espero que no acabes haciendo malabares con la bici ¿Hace cuánto que no montas?
Sara: Pues no lo había pensado,
pero hace mucho; bueno eso no se olvida.
Aurora: Te juro chicas, que si
pudiera meterle una cámara en su bolso pequeño para verla se la metía .
Las modernas: No seas tan mala
Auro…jajajajja.
Así
fue, como entre risas acabaron todas, excepto Sara que estaba roja de la
vergüenza que iba a pasar.
Pasaron
las horas y llego el momento de la verdad, entonces Sara se puso a pensar, en voz alta, sin darse cuenta de que las
chicas estaban escuchándola.
Sara: Madre mía y si hago el
ridículo, que vergüenza casi no lo conozco e igual se ríe de mí.
Las modernas: Sara, no seas
tonta; no vas a hacer el ridículo, eres la mejor de todas por qué no lo vas a
hacer bien, además tu misma lo has dicho: esas cosas nunca se olvidan.
Sara: Gracias chicas, por los
ánimos.
Así fue,
como, sin darse cuenta le llegó la hora y estuvo puntual para que viese Alan
que seguía interesada.
Al llegar se
lo encontró preparado para montar en bici, con su casco, sus rodilleras y sus
guantes por si se caía, entonces ella se quedó unos segundos observándolo y sin
darse cuenta le entro la risa floja.
Alan: Sabía que te ibas a reír
viéndome así, pero ahora es obligatorio, lo dicen las reglas de Seguridad Vial.
Sara: Ya, pero siendo en un parque…
Alan: Aunque no te lo creas
Sarita hay peligros también, te puedes caer y dañarte.
A
Sara hacía mucho tiempo que no la llamaban por su apelativo cariñoso “Sarita”; solo
se lo había oído a su madre y eso le llegó al alma; se le quedó mirando
sorprendida sonriéndole.
Alan: Te has quedado callada, no
te gusta que te llame así.
Sara: Que va, no es eso, me
encanta, sólo que hacía mucho tiempo que no me llamaban por ese apodo y me
gusta.
Alan,
de repente, sin darse cuenta, se estaba sonrojando y además sabía por su perfil
que dentro de poco iba a ser el cumpleaños de Sara y quería regalarle algo,
pero no sabía el qué, ya que se conocían de poco.
Alan: Sara, ¿A ti que te gustaría
que te regalasen?
Sara: A mí, pues no lo tengo
pensado la verdad.
Alan: Pero a ver dime cosas que
te gusten a ti.
Sara: Vale, a ver… me gustan los
animales, las camisetas, los libros y los discos, viajar, patinar, escribir…
Alan: Pues si que te gustan
cosas, yo que pensaba que tu gran afición era la escritura, resulta que tienes
una afición más conmigo en común.
Sara: En serio, ¿Cuál?
Alan: Viajar, me encanta irme de
viaje y conocer lugares e ir a muchos sitios.
Sara: Qué guay, sería divertido
conocer lugares distintos y hacer muchas fotos.
Alan: Se me ha ocurrido una idea
para las siguientes hojas de tu libro, por qué no haces que los personajes
viajen por todo el mundo o hagan un viaje romántico donde les pasen aventuras.
Sara: Que gran idea, además vengo
con el cuaderno, porque las hojas las pasé a un cuaderno para que no se me
estropearan.
Alan: Buena elección, así cuidan
las historias los buenos escritores.
Sara
quedó conmocionada por el cumplido que le había hecho Alan, decidieron, entre
los dos, parar a descansar en un banco donde pudieran escribir para luego
pasarlo al ordenador a la página web.
Sara
estaba muy contenta y emocionada, porque Alan cada día estaba haciendo que se
sintiera mejor y animándola a seguir adelante con la escritura.
Cuando
ya llegaron a una hora en que se les hacía bastante tarde, ya que era domingo y
al día siguiente tenían que madrugar, decidieron volver a casa y como Alan
tenía coche decidió llevarla a ella.
Cogieron
las bicicletas y las colocaron en el maletero del coche, se montaron en él y se
fueron para casa.
Al
llegar Sara se despidió de Alan con la mano y esté se la cogió se acercó a ella
despacio hacia sus labios y la besó.
Sara,
se quedó sin palabras ya que no se lo esperaba; pero cuando Alan se fue a ir,
ella lo cogió, se le acercó y respondió con la misma moneda.
Como
ya era tarde, subió y cuando llegó a casa fue derecha a su habitación; se puso
el pijama y se fue a dormir a la cama.
A
las 3’30 de la mañana, Sara no podía dormir, ya que se despertó pensando qué
había significado el beso de la despedida, al final decidió no darle mucha
importancia, sabiendo que sus amigas sí que se la iban, a dar poniéndole
etiqueta “sois novios”, pero ella por el momento no lo veía así.
Al
final, cuando se levantó decidió arreglarse ya que hoy tenía el último examen y
para ella eso era lo más importante esa mañana.
Al
llegar a clase, ya la estaban las modernas esperando en la puerta, que como
siempre empezaron con la gracia.
Las modernas: ¿Qué tal Induráin?
¿Caíste mucho?
Sara: Pues no, me manejé
perfectamente y me lo pasé muy bien.
Aurora: ¡Huy que cara! aquí ha
pasado algo más que un simple paseo en bici.
Sara: Bueno, ya se sabe que todo
es posible.
Las modernas: ¡Que guay tía! ¿Ya
sois novios?
Sara: Mira que os gusta correr en
las relacione; no somos novios, sólo nos estamos conociendo.
Las modernas: Bueno vale, pero
seguro que tienes una noticia mejor que darnos que ocurriera anoche.
Sara: Sí, me besó.
Las modernas: ¿En serio? Esto va
viento en popa, aquí hay pareja seguro a final de curso.
Así
fue, como bien sabía Sara que ya le iban a poner etiqueta a su amistad con
Alan, cuando sólo fue un pico, pero ya se sabe que las chicas hacen un mundo de
eso.
Sara,
al llegar a casa, decidió ponerse a escribir su novela, que con el tema del
examen la había dejado un poco apartada.
Entonces
se metió en su ordenador, que como estaba ya configurado a internet, de repente
al meterse y cargarse el antivirus, ya le sonó un zumbido de que tenía un
email.
Al
verlo, decidió abrirlo a ver quién era, justo era Alan que había llegado del
trabajo y quería saber qué tal le había ido a ella el día.
Hola
Sara:
¿Qué
tal te ha ido el examen? Espero que bien, me llevo acordando de ti todo el día,
nunca me había pasado que una chica me hubiera dejado tan hipnotizado pero a la
vez con tanta curiosidad.
Espero
que te hayan servido las líneas que escribimos ayer por la tarde en el cuaderno
de notas para tu libro.
Me
llevo acordando mucho del beso que nos dimos al final, eres una chica muy
especial y me encantaría seguir conociéndote. Hay un par de cosas que no me
importaría hacer contigo; cuando quieras volvemos a quedar en alguna cafetería
diferente y así cambiamos de sitio y lugar de inspiración. ¿Qué te parece?
Espero
tu respuesta.
Tu
amigo Alan.
Le pareció una idea excelente, porque
el cambiar de lugar para escribir eso también te hace pensar en cosas distintas
y tener ideas diferentes para seguir escribiendo su novela, que todo el mundo
ansiaba leer.
Mientras
tanto, Sara al terminar de contestar el email, decidió ver si estaban éstas
conectadas para ver si había alguna novedad.
Como
es normal, estaban todas conectadas pero esta vez, íi que había nueva novedad.
Sara: ¡hola chicas! ¿Hay
novedades?
Las modernas: Creemos que sí
porque hay una de nosotras que nos tiene que contar una cosa no es así, Isabel.
Isabel: Hay sí, ayer estuve en la
cafetería “El atardecer”, donde íbamos a estudiar al principio y conocí a un
chico.
Las modernas: Que notición, otro
compromiso a largo plazo..
Isabel: Algo así, sólo sé que se
llama Alex y se dedica a navegar por el mundo.
Las modernas: Es un navegante,
como la canción…
Canción: Navegando Alex a tumbos
va, mirando a la vista hacia el mar, a
casa vuelve ya..
Isabel: Muy graciosas siempre le tenéis que sacar chiste
o canción a todo…
Sara: Vete acostumbrándote a mí
ya me cantan la de EDICIONES ALFAGUARA, porque como trabaja él allí.
Isabel: Madre mía lo que vamos a
tener que aguantar, hasta que les pase a ellas lo mismo.
Las modernas: A nosotras
imposible, porque nunca nos vamos a enamorar, además es un rollo sobre todo si
no eres correspondida.
Así
fue, como al final terminó la conversación
Después
de poner la mesa se sienta a comer con sus padres y luego decide dormir un poco
la siesta.
Pues
como le había dicho a su madre, hasta las 5’30 no iba a ir a estudiar a casa de
Azucena.
Cuando
llega la hora, va a estudiar a casa de Azucena y ésta, para que sea una tarde
no tan aburrida, decide poner un piscolabis entre tema y tema para que no se
estresen mucho.
Al
terminar de estudiar, Sara coge las hojas de la novela que está escribiendo
para enseñársela a su amiga a ver qué le parece y así compartir ideas.
Azucena: Está genial Sara, hace
tiempo que no escribías algo tan divertido…
Sara: A qué sí, ya te la dejaré
leer cuando esté terminada, por el momento sólo voy por capítulos…
Azucena: De acuerdo, cuento con
ello.
Cuando
ya se les hacía tarde, Sara se fue para coger el bus para ir a casa, justo en
la parada para su sorpresa se encuentra con Alan que iba a coger el mismo que
ella.
Sara: Alan, ¿Qué haces tú por
aquí?
Alan: ¡hola Sara! ¡Qué alegría
verte! ¿Qué tal va mi escritora preferida?
Sara (sonrojándose): Bastante
bien la verdad.
Así
fue, como terminó casi la conversación porque luego seguirían por el ordenador
otro poco, hasta que fuera tarde y se pusiera ya a cerrarlo todo.
Como
se sentía bastante inspirada al haber visto a Alan en el autobús, decidió
ponerse a continuar su novela.
Cuando
Alexandra y Mario se conocieron, al principio no sabían que decirse, pero luego
Mario rompió el hielo preguntándole sus aficiones y las aspiraciones que ella
tenía.
Alexandra
contenta de pensar que Mario estaba tan interesado en su vida personal y sus
cosas decidió deleitarle con sus respuestas a lo que él ansiosamente le
preguntaba.
Se pasaron
horas hablando, hasta que decidieron darse sus números y emails para poder
cartearse y a la vez llamarse para quedar algún día a pasarlo genial.
Así
seguía Sara su novela, que parecía entretenerla bastante, porque tenía mucha
gente que la leía y que le gustaba.
Poco
a poco seguía escribiendo, contaba cosas que a ella le parecían bastante
interesantes, pensando siempre en el lector que las iba a leer.
Aparte
de eso, se dedicaba a hablar con sus amigas Las modernas, que ella siempre las
tenía en cuenta para todo; ya que eran su mano derecha y siempre se habían
contado todo.
Como
era hora de quedar con ellas, decidió meterse en su portátil a ver qué planes
tenían para hoy, porque iba a ser un día con muchas cosas qué hacer.
Decidieron
irse al cine todas juntas, así que al ver el correo de Alan le contesto que lo
pospondría para el viernes por la tarde, porque hoy iba al cine con sus amigas.
Al
ir al cine, sacaron la entrada todas juntas para que no les tocará cada una en
una esquina y se lo pasaron genial viendo la película” Todos los ladrones van a
la oficina”.
Al acabar, se van todas para la cafetería “Las noches de verano”,
allí contaron sus opiniones sobre la película que habían visto y que les había
gustado mucho ya que se habían estado riendo toda la tarde.
Se
fueron para casa a descansar porque estaban agotadas, así que ya tenían ganas
de cenar e irse a dormir.
A
la mañana siguiente, cuando se despertó Sara, vio que en el móvil tenía
mensajes de Alan que había estado intentando localizarla para decirle que el
sábado tenía compromiso familiar y que
no podía asistir a la cita, pero que hoy por la tarde estaría en la cafetería
“La mirada de hielo” que está en la calle Romaguera 18 esquina La Gasca, que
acudiera allí a las 5 que él la esperaba.
Así
fue, como Sara esa misma tarde acudió a las 5; cuando llegó ahí estaba él,
vestido de camisa blanca con corbata, pantalones negros a juego con los
zapatos, con el pelo peinado hacia atrás y su cazadora apoyada en su hombro
derecho con sus gafas de sol negras.
Cuando
Sara lo vio le pareció un agente del NCIS, le hizo tanta gracia que fue derecha
a él diciéndole, perdone agente me podía esposar me parece que he cometido el
delito de intimar con usted.
Alan
se echo a reír, se quitó las gafas y acabaron riéndose los dos un rato, hasta
que se sentaron en la mesa a tomar algo.
Alan: Hoy es de los días que me encanta saber
que has venido.
Sara: Ya sabes que yo soy puntual, eres mi
gran inspiración para la historia que estoy escribiendo.
Alan: Por cierto, ¿Cómo va tu historia de
amor? ¿Ha cuajado?
Sara: Va cuajand; lo de internet ha dado un
resultado fabuloso, la gente no hace más que escribirme a ver cómo sigue la
novela.
Alan: ¿Ves? Tú, que al principio no te fiabas.
Sara: Ya; es por lo que dicen de internet ¿sabes?
por la gente que copia a los demás y luego lo tergiversa.
Alan:
Hombre eso también es verdad, pero yo soy editor y he leído muchas novelas y,
créeme, la tuya es increíble.
Sara: Gracias, es un gran alivio oír eso de un
editor tan guapo como tú.
Alan: Mmmm, me estás haciendo un buen
cumplido, ¿no será para que te baje el precio al editar tu novela? jajajaja.
Sara: No, jajaja no, solo quería ser amable.
Así
fue, como al final se pusieron a seguir escribiendo notas para la novela, que
ya estaba con ganas de ver cómo seguía y qué futuro iba a tener “El amor
escrito al revés, significa amor”.
Al
acabar Sara se fue a estudiar a casa, empezaba a hacer un montón de cosas y a
leer mucho ya que había más de un libro que la había enganchado de tal manera
que se metía en la historia cómo si la viviera de verdad.
Pasaron
los días y Sara fue quedando con Alan, aunque por supuesto no dejaba de ver a
sus inseparables Las modernas, que seguían su historia hasta por internet a la
perfección, fueron ellas también quienes la animaron a seguir así.
Sara
aparte de pasar algunas tardes con Alan, también pasaba muchas tardes sola
inspirándose en todo lo que le estaba pasando en su vida, para así poder
plasmarlo en su novela.
Estaba
teniendo un éxito rotundo, hasta el profesor de lengua, había imprimido la
primera parte de la historia porque le parecía que estaba bien escrita.
Sara
estaba muy pendiente también a ver si recibía noticias de una de sus amigas,
Isabel, que era la que le estaba pasando algo parecido, solo que ella salía con
un escritor y ella salía con un editor, que era lo que le faltaba al novio de
su amiga.
Se
empezaron a ver mucho, salían de noche y se lo pasaban en grande juntas, hasta
el punto que se quedaban a dormir una en casa de la otra.
Ese
fin de semana durmieron juntas, porque el domingo tenían reunión de “Las
modernas” y eso les hacía mucha ilusión.
El
domingo se reunieron todas las amigas por la mañana en la cafetería “El amor
siempre llama a la puerta dos veces”, que la habían descubierto un día viniendo
del instituto.
Ahí
estuvieron hablando durante horas, hasta la hora de comer, entonces decidieron
que ese día lo harían juntas.
Se
fueron a comer al bar “La vida es bella” que daba platos combinados que les
gustaba y ahí que empezaron a hablar de sus cosas.
Mientras
tanto, sin preocuparse de lo que estuvieran haciendo sus respectivos amigos,
Sara y Isabel siguieron con la conversación con sus amigas hasta que se les
hizo tarde y se fueron a descansar a casa.
Al
llegar a casa, Sara se descalzó y estaba tan rendida que hasta más tarde no
decidió salir, ya que la había llamado Alan.
Entonces
decidió llamar a Isabel para juntarse los 4 a ver si los chicos se iban a
llevar bien y fue exactamente así, aunque para desgracia de ellas, decidieron
ir a los videojuegos y ahí se pegaron toda la tarde.
Al
final cansados todos, se fueron a dormir, porque sabían de sobra que los
siguientes meses de exámenes iban a ser bastante duros.
Aunque
una de las cosas que ellas tenían clara era, que se iban a reunir muy pronto
porque juntos hacían muy buena pandilla.
Así
fue, como todos los fines de semana, los domingos por la tarde se reunían los
cuatro y se iban a hacer actividades por la ciudad, jugaban a esconderse y ver
si se encontraban, iban a las fiestas de los amigos a bailar y a divertirse.
Se
pasaban las horas juntos, aunque cuando quedaban separados, Sara y Alan seguían
con la historia de esta, mirando a ver cómo podía continuar esa pareja que
tantas ganas tenía siempre de verse.
Entonces,
la mañana del domingo quedaron “las modernas” todas juntas para empezar a
preparar a donde se iban a ir este año de viaje de estudios, porque tenía que
ser un sitio que nunca fueran a olvidar, ya que se lo tenían que proponer a
toda la clase y este año les tocaba a ellas escoger.
Trabajo
que por otro lado, parecía difícil ya que tenía que ponerse de acuerdo la
clase, pero como eran ellas, los chicos no tenían inconveniente, ya que siempre
que escogían ellas, eran sitios como la playa, pocas veces cogían montaña, pero
si lo cogían era porque les gustaba bañarse en los ríos.
Aunque
el agua del río está más fría que el del mar, pero eso a ellos les daba igual
porque se lo pasaban muy bien.
Por fin llega el gran día, Fin de
curso, por fin se sabrá donde se van a disfrutar de sus vacaciones escolares
durante una semana.
Entonces
se reúnen todos en clase con los profesores y compañeros, “las modernas” se
ponen delante de todos para anunciar la noticia.
Las modernas: Compañeros este año
vamos a pasar una semana en la costa brava, ¿Qué os parece?
Compañeros: Genial, vamos a la
playa, imaginaos bikinis, bañadores, olas, vamos a poder hacer surf y de
todo!!!!!
Los
compañeros contentos de la decisión de las chicas, deciden aceptar la
proposición y los profesores al oírlo les parece buena idea, así que les
comunican que el próximo 23 de junio se van a la playa.
Todos
los alumnos, al terminar la clase, se marchan contentos a casa, sabiendo que el
viernes se van a la playa, para comentarlo en casa y el dinero que hay que
pagar para el viaje.
Al
llegar el viernes, se presentan todos puntuales a las 9 de la mañana para coger
el autocar para marchar, los profesores los cuentan a todos para ver que no
falta nadie y se van para la costa brava.
El
viaje dura 6 horas, así que como es largo hacen unas cuantas paradas; donde los
chicos comen de bocadillos preparados por sus padres.
Al
llegar al bungalow donde se acomodan con sus mochilas, mientras los alumnos se
acomodan, los profesores hablan sobre las excursiones que van a hacer, cuando
los van a llevar a la playa, que sitios van a conocer, si harán juegos
entretenidos para ellos por la noche o se dedicaran a llevarlos a bares con
música.
Entonces,
después de estar hablando de lo que iban a hacer ese día, deciden que los van a
llevar a ver la ciudad de Girona, ahí que los llevan.
Al
llegar a Girona, los reúnen en grupos de 10 y cada grupo va con un profesor,
que le enseña la ciudad y les deja tiempo por si quieren comprar algún
recordatorio.
Al
hacer los grupos, se encuentran con que “las modernas” se les ponen bordes,
porque quieren ir todas en el mismo grupo, así que empiezan a discutir con
ellas hasta que consiguen separarlas y cada una en un grupo distinto.
Cuando
ya se van los grupos, el profesor empieza a explicar contando con que están
todos atentos y que no falta ninguno, pero cuando se da la vuelta se da cuenta
de que Sara no está.
Está
que al principio se siente libre por separarse del grupo para ir a buscar a sus
amigas, se empieza a asustar y se da cuenta de que no sabe donde se ha metido y
se ha perdido.
La
chica al principio intenta mantener la calma, porque piensa que tarde o
temprano la encontraran, pero ella para no perder la costumbre sigue andando.
Entonces
de repente se encuentra con el típico hombre mujeriego al que le gustan las
jovencitas e intenta salir corriendo, pero ve que el hombre la sigue, no sabe
qué hacer; entonces intenta despistarlo.
Va
hacia una tienda y se mete dentro sin que el hombre la vea, en cuanto la
dependienta se da cuenta de que la chica está ahí se acerca.
Dependienta: ¡Hola! Perdona, ¿Qué te ocurre,
qué tienes esa cara de susto?
Sara: Lo siento señora, pero es que me están
siguiendo y he perdido a los de mi grupo sin querer y tengo miedo.
Dependienta: Bueno, estate tranquila que no
pasa nada, tienes una tarjeta de identificación con un número donde pueda yo
llamar para comunicar dónde estás.
Sara: Sí, la tengo en la mochila.
Dependienta: Me la podías dejar, si eres tan
amable.
Sara: Claro, tome.
Pero
cuando la chica que estaba mientras observando por la puerta a ver si se había
ido el hombre, vio que ya había marchado, sin que la mujer se diera cuenta
escapo.
Cuando
la mujer colgó la chica ya se había ido, porque había visto a lo lejos a sus
amigas que también se habían perdido.
Sara: Chicas, ¿Dónde estabais? Estaba
preocupada, porque pensaba que os había pasado algo como me siguió ese hombre
me escape.
Las modernas: Sara, nos están
buscando, se nos va a caer el pelo.
Sara: Tranquilas, antes de que
acabe la semana apareceremos, pero este pueblo me huele un poco mal, no os
molaría investigar.
Las modernas: Bueno vale, pero
que conste que nos la vamos a cargar.
Ahí
que fueron a investigar por el pueblo, hasta que andando, andando encontraron
una casa abandonada y les entro la curiosidad y decidieron entrar a investigar.
Al
entrar, parecía una película de miedo, la puerta empezó a chirriar y de repente
se les apareció un murciélago, se asustaron y subieron corriendo la escalera de
madera, mientras el murciélago las seguía, vieron una puerta medio abierta y
ahí que se metieron.
En
frente, encontraron un armario que no sabían que era mágico que cada vez que lo
abrían veían vestidos de muchos colores y decidieron ponerse uno cada una, sin
saber que esos vestidos tenían poderes.
Al
ponerse los vestidos, empezaron a notar que el físico les cambiaba de manera
que les hacía parecer princesas de cuento, así que de primeras estaban
encantadas, pero luego según iba pasando el tiempo empezaron a asustarse porque
los vestidos las convertían y empezaban a aparecer monstruos extraños por todas
partes, cuyos monstruos tenían que combatir.
Entonces
de repente, les apareció un mago que les dio a cada una un arma para luchar
diferente, para que cada una tuviera su escudo.
Empezó
a repartirles las armas, según veía cómo eran las chicas y lo que les pegaba a
cada una por ejemplo.
A Azucena, le dio el arma del
dragón que era un sable con una punta muy afilada que no se rompía nunca.
A Aurora, le dio el arma de la
serpiente que era un látigo capaz de soltar electricidad hasta darles una buena
descarga.
A Sara, le dio el arma de una
metralleta que lanzaba fusibles a larga distancia hasta matar a su agresor que
nunca terminaban.
A Leticia le dio un arco y unas
flechas con una punta de acero para que cuando fueran a por su agresor les
diera justo para no sobrevivir.
A Isabel le dio un escudo con una
espada, donde la espada contenía el poder de que si fuera incrustada en el
cuerpo del mal este moriría de impacto total.
Ahora
chicas, si que estáis preparadas para luchar contra todo aquel que quiera
haceros daño y acabar siendo dueñas de esta casa y romper la maldición de la
casa.
Las modernas: Pero Sr. Mago
nosotras tenemos que después volver a nuestra casa con nuestras familias.
Mago: No os preocupéis queridas
mías, yo os mandaré de nuevo a vuestro hogar si hacéis que en el mío vuelva a
vivir la paz.
Así
fue, como las chicas aceptaron el reto, total no tenían mucho que perder y
podía ser entretenido tener una experiencia diferente.
Como
tampoco tenían mucho tiempo de pensar, porque los monstruos se estaban
acercando cada vez más, decidieron ponerse a atacar.
Mientras
las chicas peleaban, como el Mago veía que iban a necesitar ayuda, decidió
pedir ayuda a sus súbditos más fieles para que las ayudaran.
Estás
al principio huían pero veían que los monstruos las seguían y no tenían
escapatoria, empezaron a luchar hasta que muertos de miedo los bichos fueron
desapareciendo y la magia del vestido fue bajando según los iban matando.
Cuando
ya se los cargaron, se dieron cuenta de que sus vestidos cambiaron de color y
cuando ya acabo todo, decidieron quitárselos y deshacerse de ellos.
Las
modernas: Oye Mago, ¿Qué pasaría si los quemamos?
El mago: Pues que sería una buena
opción, así destruiríais parte de la maldición de mi país.
Así
fue, como decidieron hacer una hoguera con leña que fueron a buscar por el
bosque y quemaron los vestidos.
Al
quemarlos saltaron chispas de la magia, que provenían esos vestidos, así que al
destruirlos, el Mago les encomendó otra tarea.
Queridas
amigas, necesito que vayáis a la cueva de los misterios, pero cuidado porque
está llena de tesoros malvados que pueden hacer que cambiéis de parecer unas
con otras y os volváis enemigas en un instante.
Las modernas: Tranquilo Mago,
nosotras podemos con todo.
Así
fue, como embarcaron hacía la cueva, hasta que cayó la noche, estaban tan
cansadas que decidieron acampar en el bosque, lo que no sabían era que en ese
bosque había todo tipo de criaturas dispuestas a merendárselas como postre esa
misma noche.
Entonces
oyeron de repente el ulular de un búho y se asustaron muchisímo, echaron a
correr hasta lo más hondo del bosque.
Al llegar a la mitad del bosque,
de repente por detrás de un matorral, salió un centauro demasiado furioso, las
chicas se dispusieron a atacarle, pero antes de que pudieran hacer nada,
apareció el Mago.
Mago: Esperar Modernas, este
animal es un centauro y sólo ha aparecido para daros información.
Centauro: El Mago tiene razón,
vengo furioso sólo porque pensé que ibais a favor de la bruja del bosque, que
intenta quitarnos nuestro hogar acortándonos el bosque para que no podamos
vivir en paz.
Mago: Eso no es verdad, sólo
quieren ayudar a que nuestro mundo vuelva a su ser.
Centauro: Entonces os ofrezco mi
ayuda, que la bruja es tan malvada; que creérme la vais a necesitar.
Así
fue, como Las Modernas aceptaron la ayuda del centauro y de sus amigos, ya que
todos ellos le tenían miedo a la bruja Azul, porque quería convertir todo el
bosque en ríos con agua helada para que pareciera el polo norte.
Pasaron
varios días, o por lo menos eso fue lo que ellas creían, porque les parecieron
bastante largos, dormían allí protegidas, hasta que venía el mal y ya se
quedaron dormidas en el bosque.
A
la mañana siguiente, oyeron una especie de carro tirado con renos y se
asustaron, pero al final sus amigos los animales les dijeron que salieran
porque no había ningún peligro.
Las
chicas salieron, entonces para su sorpresa había pasado tanto tiempo que se les
había hecho Navidad allí, era Papá Noel.
Azucena: No pensaba yo que La
Navidad existiera en Miravalles.
Papa Noel: Tienes razón, pero
desde que habéis llegado, la fuerza de la bruja Azul se está debilitando.
Aurora: Usted cree que podría
reinar la paz.
Papa Noel: Por supuesto, mientras
vosotras nuestras majestades estéis dispuestas a luchar porque esto se terminé.
Sara: Por supuesto, cuente con
nosotras ¿A qué si chicas?
Chicas: Para estamos aquí.
Leticia: Mejor contra antes se
terminé todo esto, antes podremos volver a casa.
Isabel: Eso mismo digo yo.
Así
fue, como las chicas, se dispusieron a terminar con toda la maldad que había en
ese lugar.
Al
terminar la guerra, las nombraron las princesas de Miravalles para el resto de
sus días.
Entonces
de repente, el Mago les hizo una especie de puente invisible, por donde pasaron
y volvieron al mundo Real.
Fueron
corriendo hasta donde estaban sus amigos, estos al verlas se alegraron ya que
era el último día del viaje y ya volvían todos para casa.
Al
llegar, montaron una fiesta donde se juntaron todos en casa de Sara que era la
más grande de todas.
Se
lo pasaron en grande, vinieron sus amigos y sus respectivos novios, celebraron
la vuelta y también que había ganado el premio a la mejor novela del año, su
cuento, al que tanto ella había puesto empeño.
FIN.