miércoles, 7 de marzo de 2012

Capítulo Primero


                Está a punto de llegar la primavera, como todos los años empieza el tiempo a revelarse y las personas empezamos a no saber qué ponernos porque no te aclaras: a veces hace frío y  otras veces calor.
Esta primavera va a ser especial, intuye Sara en un momento de soledad en su habitación, sin nada que hacer ni que pensar.
Sara es una chica de 28 años, con ojos marrones oscuros y pelo castaño claro, alta de 1’70 cm y con piel suave.
Actualmente está preparando oposiciones para el Estado, ya lleva un tiempo estudiando y tiene esperanzas de sacar la plaza algún día.
Le encanta escribir, lee mucho y las historias de amor la enganchan un montón, pero sabe que no son la realidad.
Aunque sí es verdad, que una chica conoce a chico, se dan su correo o teléfono y luego a esperar a ver si le interesas y te llama o le das igual y no te llama nunca.
Mientras tanto, Sara se dedica a escribir su novela “El amor escrito al revés, significa amor”; esto lleva haciéndola desde que conoció a su amigo Alan en una cafetería llamada “Las noches de verano”.
Todos los días, Sara mira su correo electrónico a ver si tiene noticias de Alan, que habitualmente le solía escribir y pareció muy interesado en su afición a escribir historias inventadas por ella.
Una tarde, Sara se metió al ordenador para ver si había recibido algún correo electrónico de Alan y tuvo suerte ya que obtuvo su respuesta.
                Querida Sara:
                               He leído parte de tu novela, me ha entusiasmado la facilidad que tienes para meterte en un personaje tan carismático como Alexandra y dar a entender a los demás que ella es fuerte para luchar contra sus sentimientos y sus ilusiones, por ser una gran escritora en tiempo de crisis conquistando el amor de Mario, su ídolo.
                               Espero que sigas escribiendo esa historia, las primeras páginas están bastante entretenidas, sigue así artista.
                               Un saludo
                                               Alan.
Así fue, como Sara, al leer el email, se entusiasmó al saber que su amigo de la cafetería le gustara lo que ella escribía.
Sara decidió seguir escribiendo su novela, que aunque parecía al principio que no iba a llegar muy lejos a su amigo le había gustado.
                Sara todos los días, después de salir de clase, se dirigió a la cafetería “Las noches de verano”, porque allí fue donde conoció a Alan y donde empezó toda su inspiración.
Una mañana, Sara se levanto temprano y como no tenía sueño y no podía dormir más decidió arreglarse y abrir la ventana para ver si la luz del día le inspiraba para seguir su novela.
                Alan era un chico moreno, con ojos marrones claros, medía más o menos como ella y siempre comentaba que no le gustaba leer libros excesivamente largos, pero que la historia que Sara se había inventado le había enganchado tanto que quería saber cómo iba a continuarla.
                Era un editor de poca fama, pero le gustaban las historias inventadas de la gente porque sabía que tenían algo de interés personal, que sólo salía si conocías a la persona y para eso hacía falta estar con ella, sentir sus emociones y sus motivaciones por las cosas que a ella le interesaban, por eso le gustaba tanto Sara y su manera de escribir sus historias.
                Pero eso no se lo podía decir todavía, ya que sólo se habían visto una vez en la cafetería, se conocían poco aunque eso no significaba que no quisiera y tuviera interés en conocerla más a fondo.
                Entonces decidió escribirla para comentarle si quería que se vieran en la cafetería “Las noches de verano” para compartir ideas para la novela de ella.
                Así fue como empezó a escribirle un email esa misma mañana para que ella pudiera organizarse en sus planes de la tarde.
                Querida Sara:
                               He estado pensando que me gustaría aportar alguna idea a tu novela “El amor escrito al revés, significa amor”, si te parece bien podríamos quedar en la cafetería  “Las noches de verano”  sobre las 18:00 o así. ¿Qué te parece?
                Espero tu respuesta.
                               Atentamente
                                               Alan.
                Sara al volver del instituto, como le habían comentado que tenía algún que otro examen esta semana, tuvo que estudiar, pero no se olvidó de mirar el correo y leer el email de Alan, al que, por supuesto, contestó aceptando la cita, pero diciendo que no podía estar mucho tiempo porque tenía que estudiar.
                Alan, contento por la respuesta, va a la hora que le dice a la cafetería  “Las noches de verano”, donde con parte de su historia y hojas de sobra para escribir está Sara esperándole en la misma mesa donde se conocieron.
Sara: ¡Hola, Alan! ¡Qué puntualidad!
Alan: Es que es una de mis grandes virtudes, me gustaría patentarla.
Sara: Jajaja, que gracioso eres; bueno a lo que vamos, aquí tienes la historia.
                Alan observa curioso las hojas de la historia de Sara, ve que le pasan muchas cosas diferentes a la chica y, eso sí, todo trata de sinceridad, amor y fidelidad.
                Sara, mientras tanto, ansiosa y entusiasmada a la vez, no sabe qué va a decir Alan cuando lea la historia, si va a tener algún plan o va a dejar la cosa como una historia de adolescente más.
                Entre tanto Alan cuando termina de leer lo último que ha escrito Sara, la mira y le dedica una de sus mejores sonrisas.
Alan: Me parece que está genial, además tengo una idea para que te des a conocer más fácil.
Sara: Soy toda oídos, ¿Qué tienes pensado?
Alan: Como lo de dejar cuadernillos por los sitios que habita más gente está muy anticuado, he decidido hacerte una página web metiendo tu historia. ¿Qué te parece?
Sara: Está genial, me parece muy buena idea, además así igual me manda mucha gente comentarios y los puedo aprovechar para corregir mis fallos.
Alan: ¡Entonces estupendo!, cuando quieras comenzamos.
Sara: Vale, por mí cuando sea; vengo con el lápiz para mandar copias si es necesario.
Alan: De acuerdo, vamos a empezar.
                Así fue, como empezaron a hacer la página web y como tenían que ponerle nombre  decidieron que fuera un pseudónimo: “Historias basadas en hecho real”.
                Colgaron la historia escrita y pusieron que la página pudiera ser leída por mucha gente y a esperar las respuestas, poniendo el correo de Sara; saralanuevaescritora@telecable.es
                Cuando terminaron de hacerla, se dedicaron a hablar de cómo continuar la novela para que fuera entretenida para todo el mundo.
                Se pasaron horas pensando qué podían poner en aquellos papeles para que llamara la atención y así poder continuar aquella historia de amor.
                Pasaron unas cuantas horas pensando y escribiendo notas de gran importancia para ellos pues eran para la novela de Sara.
                Al ser la segunda vez que se veían, Sara decidió atreverse a dar un paso que podía ser peligroso pero a la vez, si no lo hacía, nunca hubiese sabido lo que pasaría entre ellos.
Sara: Alan, ¿Me puedes dar tu número de móvil para quedar otro día?
                Alan, sorprendido por la pregunta, ya que él se la llevaba formulando toda la mañana , sin pensarlo le contestó.
Alan: Por supuesto, así será mejor la comunicación entre nosotros aparte del ordenador.
                Sara no puede dar crédito a lo que ha oído; ha dicho nosotros, ósea que puede haber un nosotros, eso es lo que le ha dado a entender.
                Al final se dan los teléfonos y cada uno se marcha a hacer sus obligaciones de ese día.
Pero, como es normal, eso no fue así, en cuanto se dio cuenta de que sus padres no estaban en casa, decidió meterse a internet a ver si estaban sus amigas, las modernas, para contarles la novedad de la semana.
Al meterse, se encontró con una de ellas, su mejor amiga Azucena que eran amigas inseparables desde el colegio y justamente coincidieron en el instituto; sus madres se llevaban genial.
Azucena: Tía me tienes intrigada, ¿Qué es eso tan importante que me querías contar ayer de noche?
Sara: Estoy conociendo a un chico.
Azucena: ¿Un chico? Cuéntame con todo detalle, cómo tú ya sabes.
Sara: Pues a ver…
                Mientras Sara estaba pensando en cómo empezar de repente se abre otra ventana de la conversación.
Aurora: Sara tía, ya me he enterado de que has conocido a un chico.
Sara:¡ Madre! cómo corren las noticias en este país.
Aurora: He pensado en quedar este sábado en mi casa a hacer una fiesta de pijamas y juntarnos las modernas para que nos cuentes todo con detalle.
Sara: De acuerdo, ¿A qué hora?
Aurora: A las 18:00 en mi casa.
Sara: Eso está hecho. ¿Aviso a éstas?
Aurora: Tranquila, ya están avisadas, va a ser una tarde – noche muy larga…¡Llévate pijama!
Sara: De acuerdo, eso está hecho.
                Al final, cierra el ordenador y se pone a estudiar para los exámenes hasta la hora de cenar.
                Sobre las 21:00 de repente suena el móvil y Sara va derecha a cogerlo a ver quién es.
Sara: ¿Quién es?
Alan: Sara, que soy yo, Alan, siento llamarte a esta hora pero es que no he podido llamarte antes.
Sara: No importa, ¿Qué querías?
Alan: El domingo por la mañana había pensado en ir al parque a dar una vuelta en bicicleta, porque dicen que va a hacer un día muy guapo ¿Qué te parece?
Sara: Pues a ver, voy a hacer tarde – noche con mis amigas, pero si me levanto temprano igual me animo, yo te llamo vale.
Alan: De acuerdo, espero noticias tuyas.
                Entonces colgaron,  Sara bajó  a cenar y ocurrió lo que ya estaba esperando hace mucho: el interrogatorio familiar.
Madre Sara: Sara cariño, el sábado al final ¿no duermes en casa?
Sara: No, duermo en casa de Aurora, vamos a hacer una reunión de “las modernas”.
Madre Sara: Muy bien me parece.
                Así fue, como al terminar de cenar, Sara se fue al baño a lavarse los dientes para luego irse pronto a la cama.
                Cuando ya se hizo tarde, Sara se fue a su cuarto a acostarse ya que al día siguiente tenía que madrugar.
                A la mañana siguiente, estaba contenta porque ya era viernes, aunque tuviera que ir a estudiar ya era fin de semana y entonces era diferente.
                Al llegar al autobús, que lo cogió de milagro, ya que tuvo que ir corriendo porque salió justa de casa, al entrar al autobús ya tenía su asiento asignado, que se lo estaba guardando su amiga Azucena.
Azucena: ¡Buenos días!, Enamorada del amor…
Sara: Azucena, no empieces que son las 8 de la mañana…
Azucena: Es que es muy emocionante, encima es editor, que suerte has tenido tía.
Sara: Bueno por el momento somos amigos y es un buen chico.
Azucena: ¿Tiene tu edad?
Sara: Que importará eso, solo somos amigos…
Leticia: Claro que importa, necesitamos detalles.
Isabel: Eso es verdad, venga Sarita no te hagas de rogar…
Sara: Los detalles los sabréis en la tarde – noche de mañana…
Modernas: Tía, nos vas a dejar con las ganas hasta mañana por la noche.
Sara: Pues sí, venga aguantar que ya queda menos…
Modernas: jooo, bueno anda porque eres tú que si no.
                Así fue, como Sara las dejo con las ganas hasta por la noche, que éstas ya estaban ansiosas por saber cómo continuaba la historia.
                Por fin después de tanto esperar, llegó la gran noche de “las modernas” y ahí se juntaron a hablar de la novedad esperada: de la historia de Sara con su “amigo especial” Alan.
                Al llegar a casa de Aurora, las chicas se reunieron todas en la habitación de ésta y ahí empezó la tertulia.
Sara: Bueno, ya llegó el gran día…
Aurora: Venga Sara, no te hagas de rogar y empieza  a contar cómo pasó..
Azucena: Eso Sara, que tiene pinta de estar emocionante.
Leticia: Es cierto, porque no paran estas dos de hablar de ello..
Isabel: Yo, como en las películas, ¡Qué empiece ya, que el público se va, la gente se marea y el público se m…!
Sara: jajaja, mira Isa que fina la chica; bueno vale no me haré más de rogar…
                Así fue como Sara empezó a contarles la historia de cómo conoció a Alan, mientras que las chicas estaban atentas sin perder detalles, preguntando todo tipo de dudas como si estuvieran en la mejor asignatura de clase de su vida.
                Aunque también es verdad que ya sabéis queridos lectores que a las chicas les encanta el cotilleo, sobre todo cuando se trata de chicos.
                Estuvieron toda la tarde y casi toda la noche haciendo juegos y riéndose de la historia de Sara y de cómo le iba con su libro “El amor escrito al revés significa amor”.
                Las chicas le tenían mucha envidia sana, ya que era la más guapa de todas, la que más ligaba y la que más gente conocía.
                Cuando se les hizo muy tarde, decidieron ponerse a dormir, abrieron los sacos y, mientras que en la cama con Aurora dormía Sara ya que era cama matrimonial, Azucena, Leticia e Isabel durmieron en sacos sobre el suelo.
                A la mañana siguiente, Sara que era la que más madrugaba de todas, fue la primera que despertó y, como iba con la mochila preparada para el caso de que despertará antes que las demás, decidió ponerse a escribir su novela en la sala, donde había un poco de luz.
                Siguió escribiendo, hasta que a las 12  ya se habían despertado todas sus amigas, le sonó el móvil y todas fueron derechas a ver quién era.
                Al ver las chicas que era Alan empezaron a ponerse a su alrededor y a acorralarla para escuchar la conversación.
Sara: ¡Buenos días! ¿Qué tal Alan?
Alan: ¡Hola Sara! Como pensé que te levantarías tarde pues estarías con tus amigas charlando hasta las mi,l decidí llamarte ahora.
Sara: Gracias, me parece perfecto. ¿Qué querías?
Alan: ¿Te acuerdas de la casi quedada para hoy por la mañana?
Sara: Por supuesto que me acuerdo, estaba esperando a que me llamarás.
Alan: Pues he pensado que podíamos quedar pero por la tarde, porque ahora ya casi no va a dar tiempo y me han dicho que por la tarde hacen descuento en las bicis.
Sara: De acuerdo. 5’30 en el parque.
Alan: De acuerdo, ahí estaré.
                Así fue, como al final cuando colgaron, las chicas estaban todas esperando a ver qué les contaba su amiga de la quedada con su “amigo especial” como lo llamaban ellas.
Sara: Quedé con él esta tarde para ir en bici por el parque, a las 5’30.
Las modernas: ¡Qué guay tía! Ya nos dirás como está el chico en pantalón corto…Mmmm
Sara: Sí es que sois de  lo que no hay…
Las modernas: Si, si, pero que espero que no acabes haciendo malabares con la bici ¿Hace cuánto que no montas?
Sara: Pues no lo había pensado, pero hace mucho; bueno eso no se olvida.
Aurora: Te juro chicas, que si pudiera meterle una cámara en su bolso pequeño para verla se la metía .
Las modernas: No seas tan mala Auro…jajajajja.
                Así fue, como entre risas acabaron todas, excepto Sara que estaba roja de la vergüenza que iba a pasar.
                Pasaron las horas y llego el momento de la verdad, entonces Sara se puso a pensar,  en voz alta, sin darse cuenta de que las chicas estaban escuchándola.
Sara: Madre mía y si hago el ridículo, que vergüenza casi no lo conozco e igual se ríe de mí.
Las modernas: Sara, no seas tonta; no vas a hacer el ridículo, eres la mejor de todas por qué no lo vas a hacer bien, además tu misma lo has dicho: esas cosas nunca se olvidan.
Sara: Gracias chicas, por los ánimos.
Así fue, como, sin darse cuenta le llegó la hora y estuvo puntual para que viese Alan que seguía interesada.
Al llegar se lo encontró preparado para montar en bici, con su casco, sus rodilleras y sus guantes por si se caía, entonces ella se quedó unos segundos observándolo y sin darse cuenta le entro la risa floja.
Alan: Sabía que te ibas a reír viéndome así, pero ahora es obligatorio, lo dicen las reglas de Seguridad Vial.
Sara: Ya, pero siendo  en un parque…
Alan: Aunque no te lo creas Sarita hay peligros también, te puedes caer y dañarte.
                A Sara hacía mucho tiempo que no la llamaban por su apelativo cariñoso “Sarita”; solo se lo había oído a su madre y eso le llegó al alma; se le quedó mirando sorprendida sonriéndole.
Alan: Te has quedado callada, no te gusta que te llame así.
Sara: Que va, no es eso, me encanta, sólo que hacía mucho tiempo que no me llamaban por ese apodo y me gusta.
                Alan, de repente, sin darse cuenta, se estaba sonrojando y además sabía por su perfil que dentro de poco iba a ser el cumpleaños de Sara y quería regalarle algo, pero no sabía el qué, ya que se conocían de poco.
Alan: Sara, ¿A ti que te gustaría que te regalasen?
Sara: A mí, pues no lo tengo pensado la verdad.
Alan: Pero a ver dime cosas que te gusten a ti.
Sara: Vale, a ver… me gustan los animales, las camisetas, los libros y los discos, viajar, patinar, escribir…
Alan: Pues si que te gustan cosas, yo que pensaba que tu gran afición era la escritura, resulta que tienes una afición más conmigo en común.
Sara: En serio, ¿Cuál?
Alan: Viajar, me encanta irme de viaje y conocer lugares e ir a muchos sitios.
Sara: Qué guay, sería divertido conocer lugares distintos y hacer muchas fotos.
Alan: Se me ha ocurrido una idea para las siguientes hojas de tu libro, por qué no haces que los personajes viajen por todo el mundo o hagan un viaje romántico donde les pasen aventuras.
Sara: Que gran idea, además vengo con el cuaderno, porque las hojas las pasé a un cuaderno para que no se me estropearan.
Alan: Buena elección, así cuidan las historias los buenos escritores.
                Sara quedó conmocionada por el cumplido que le había hecho Alan, decidieron, entre los dos, parar a descansar en un banco donde pudieran escribir para luego pasarlo al ordenador a la página web.
                Sara estaba muy contenta y emocionada, porque Alan cada día estaba haciendo que se sintiera mejor y animándola a seguir adelante con la escritura.
                Cuando ya llegaron a una hora en que se les hacía bastante tarde, ya que era domingo y al día siguiente tenían que madrugar, decidieron volver a casa y como Alan tenía coche decidió llevarla a ella.
                Cogieron las bicicletas y las colocaron en el maletero del coche, se montaron en él y se fueron para casa.
                Al llegar Sara se despidió de Alan con la mano y esté se la cogió se acercó a ella despacio hacia sus labios y la besó.
                Sara, se quedó sin palabras ya que no se lo esperaba; pero cuando Alan se fue a ir, ella lo cogió, se le acercó y respondió con la misma moneda.
                Como ya era tarde, subió y cuando llegó a casa fue derecha a su habitación; se puso el pijama y se fue a dormir a la cama.
                A las 3’30 de la mañana, Sara no podía dormir, ya que se despertó pensando qué había significado el beso de la despedida, al final decidió no darle mucha importancia, sabiendo que sus amigas sí que se la iban, a dar poniéndole etiqueta “sois novios”, pero ella por el momento no lo veía así.
                Al final, cuando se levantó decidió arreglarse ya que hoy tenía el último examen y para ella eso era lo más importante esa mañana.
                Al llegar a clase, ya la estaban las modernas esperando en la puerta, que como siempre empezaron con la gracia.
Las modernas: ¿Qué tal Induráin? ¿Caíste mucho?
Sara: Pues no, me manejé perfectamente y me lo pasé muy bien.
Aurora: ¡Huy que cara! aquí ha pasado algo más que un simple paseo en bici.
Sara: Bueno, ya se sabe que todo es posible.
Las modernas: ¡Que guay tía! ¿Ya sois novios?
Sara: Mira que os gusta correr en las relacione; no somos novios, sólo nos estamos conociendo.
Las modernas: Bueno vale, pero seguro que tienes una noticia mejor que darnos que ocurriera anoche.
Sara: Sí, me besó.
Las modernas: ¿En serio? Esto va viento en popa, aquí hay pareja seguro a final de curso.
                Así fue, como bien sabía Sara que ya le iban a poner etiqueta a su amistad con Alan, cuando sólo fue un pico, pero ya se sabe que las chicas hacen un mundo de eso.
                Sara, al llegar a casa, decidió ponerse a escribir su novela, que con el tema del examen la había dejado un poco apartada.
                Entonces se metió en su ordenador, que como estaba ya configurado a internet, de repente al meterse y cargarse el antivirus, ya le sonó un zumbido de que tenía un email.
                Al verlo, decidió abrirlo a ver quién era, justo era Alan que había llegado del trabajo y quería saber qué tal le había ido a ella el día.
                Hola Sara:
                               ¿Qué tal te ha ido el examen? Espero que bien, me llevo acordando de ti todo el día, nunca me había pasado que una chica me hubiera dejado tan hipnotizado pero a la vez con tanta curiosidad.
                               Espero que te hayan servido las líneas que escribimos ayer por la tarde en el cuaderno de notas para tu libro.
                               Me llevo acordando mucho del beso que nos dimos al final, eres una chica muy especial y me encantaría seguir conociéndote. Hay un par de cosas que no me importaría hacer contigo; cuando quieras volvemos a quedar en alguna cafetería diferente y así cambiamos de sitio y lugar de inspiración. ¿Qué te parece?
                Espero tu respuesta.
                               Tu amigo  Alan.
Le pareció una idea excelente, porque el cambiar de lugar para escribir eso también te hace pensar en cosas distintas y tener ideas diferentes para seguir escribiendo su novela, que todo el mundo ansiaba leer.
                Mientras tanto, Sara al terminar de contestar el email, decidió ver si estaban éstas conectadas para ver si había alguna novedad.
                Como es normal, estaban todas conectadas pero esta vez, íi que había nueva novedad.
Sara: ¡hola chicas! ¿Hay novedades?
Las modernas: Creemos que sí porque hay una de nosotras que nos tiene que contar una cosa no es así, Isabel.
Isabel: Hay sí, ayer estuve en la cafetería “El atardecer”, donde íbamos a estudiar al principio y conocí a un chico.
Las modernas: Que notición, otro compromiso a largo plazo..
Isabel: Algo así, sólo sé que se llama Alex y se dedica a navegar por el mundo.
Las modernas: Es un navegante, como la canción…
Canción: Navegando Alex a tumbos va, mirando a la vista hacia  el mar, a casa vuelve ya..
Isabel: Muy  graciosas siempre le tenéis que sacar chiste o canción a todo…
Sara: Vete acostumbrándote a mí ya me cantan la de EDICIONES ALFAGUARA, porque como trabaja él allí.
Isabel: Madre mía lo que vamos a tener que aguantar, hasta que les pase a ellas lo mismo.
Las modernas: A nosotras imposible, porque nunca nos vamos a enamorar, además es un rollo sobre todo si no eres correspondida.
                Así fue, como al final terminó la conversación
                Después de poner la mesa se sienta a comer con sus padres y luego decide dormir un poco la siesta.
                Pues como le había dicho a su madre, hasta las 5’30 no iba a ir a estudiar a casa de Azucena.
                Cuando llega la hora, va a estudiar a casa de Azucena y ésta, para que sea una tarde no tan aburrida, decide poner un piscolabis entre tema y tema para que no se estresen mucho.
                Al terminar de estudiar, Sara coge las hojas de la novela que está escribiendo para enseñársela a su amiga a ver qué le parece y así compartir ideas.
Azucena: Está genial Sara, hace tiempo que no escribías algo tan divertido…
Sara: A qué sí, ya te la dejaré leer cuando esté terminada, por el momento sólo voy por capítulos…
Azucena: De acuerdo, cuento con ello.
                Cuando ya se les hacía tarde, Sara se fue para coger el bus para ir a casa, justo en la parada para su sorpresa se encuentra con Alan que iba a coger el mismo que ella.
Sara: Alan, ¿Qué haces tú por aquí?
Alan: ¡hola Sara! ¡Qué alegría verte! ¿Qué tal va mi escritora preferida?
Sara (sonrojándose): Bastante bien la verdad.
                Así fue, como terminó casi la conversación porque luego seguirían por el ordenador otro poco, hasta que fuera tarde y se pusiera ya a cerrarlo todo.
                Como se sentía bastante inspirada al haber visto a Alan en el autobús, decidió ponerse a continuar su novela.
Cuando Alexandra y Mario se conocieron, al principio no sabían que decirse, pero luego Mario rompió el hielo preguntándole sus aficiones y las aspiraciones que ella tenía.
Alexandra contenta de pensar que Mario estaba tan interesado en su vida personal y sus cosas decidió deleitarle con sus respuestas a lo que él ansiosamente le preguntaba.
Se pasaron horas hablando, hasta que decidieron darse sus números y emails para poder cartearse y a la vez llamarse para quedar algún día a pasarlo genial.
                Así seguía Sara su novela, que parecía entretenerla bastante, porque tenía mucha gente que la leía y que le gustaba.
                Poco a poco seguía escribiendo, contaba cosas que a ella le parecían bastante interesantes, pensando siempre en el lector que las iba a leer.
                Aparte de eso, se dedicaba a hablar con sus amigas Las modernas, que ella siempre las tenía en cuenta para todo; ya que eran su mano derecha y siempre se habían contado todo.
                Como era hora de quedar con ellas, decidió meterse en su portátil a ver qué planes tenían para hoy, porque iba a ser un día con muchas cosas qué hacer.
                Decidieron irse al cine todas juntas, así que al ver el correo de Alan le contesto que lo pospondría para el viernes por la tarde, porque hoy iba al cine con sus amigas.
                Al ir al cine, sacaron la entrada todas juntas para que no les tocará cada una en una esquina y se lo pasaron genial viendo la película” Todos los ladrones van a la oficina”.
                Al acabar, se van todas para la cafetería “Las noches de verano”, allí contaron sus opiniones sobre la película que habían visto y que les había gustado mucho ya que se habían estado riendo toda la tarde.
                Se fueron para casa a descansar porque estaban agotadas, así que ya tenían ganas de cenar e irse a dormir.
                A la mañana siguiente, cuando se despertó Sara, vio que en el móvil tenía mensajes de Alan que había estado intentando localizarla para decirle que el sábado tenía compromiso familiar  y que no podía asistir a la cita, pero que hoy por la tarde estaría en la cafetería “La mirada de hielo” que está en la calle Romaguera 18 esquina La Gasca, que acudiera allí a las 5 que él la esperaba.
                Así fue, como Sara esa misma tarde acudió a las 5; cuando llegó ahí estaba él, vestido de camisa blanca con corbata, pantalones negros a juego con los zapatos, con el pelo peinado hacia atrás y su cazadora apoyada en su hombro derecho con sus gafas de sol negras.
                Cuando Sara lo vio le pareció un agente del NCIS, le hizo tanta gracia que fue derecha a él diciéndole, perdone agente me podía esposar me parece que he cometido el delito de intimar con usted.
                Alan se echo a reír, se quitó las gafas y acabaron riéndose los dos un rato, hasta que se sentaron en la mesa a tomar algo.
Alan: Hoy es de los días que me encanta saber que has venido.
Sara: Ya sabes que yo soy puntual, eres mi gran inspiración para la historia que estoy escribiendo.
Alan: Por cierto, ¿Cómo va tu historia de amor? ¿Ha cuajado?
Sara: Va cuajand; lo de internet ha dado un resultado fabuloso, la gente no hace más que escribirme a ver cómo sigue la novela.
Alan: ¿Ves? Tú, que al principio no te fiabas.
Sara: Ya; es por lo que dicen de internet ¿sabes? por la gente que copia a los demás y luego lo tergiversa.
 Alan: Hombre eso también es verdad, pero yo soy editor y he leído muchas novelas y, créeme, la tuya es increíble.
Sara: Gracias, es un gran alivio oír eso de un editor tan guapo como tú.
Alan: Mmmm, me estás haciendo un buen cumplido, ¿no será para que te baje el precio al editar tu novela? jajajaja.
Sara: No, jajaja no, solo quería ser amable.
                Así fue, como al final se pusieron a seguir escribiendo notas para la novela, que ya estaba con ganas de ver cómo seguía y qué futuro iba a tener “El amor escrito al revés, significa amor”.
                Al acabar Sara se fue a estudiar a casa, empezaba a hacer un montón de cosas y a leer mucho ya que había más de un libro que la había enganchado de tal manera que se metía en la historia cómo si la viviera de verdad.
                Pasaron los días y Sara fue quedando con Alan, aunque por supuesto no dejaba de ver a sus inseparables Las modernas, que seguían su historia hasta por internet a la perfección, fueron ellas también quienes la animaron a seguir así.
                Sara aparte de pasar algunas tardes con Alan, también pasaba muchas tardes sola inspirándose en todo lo que le estaba pasando en su vida, para así poder plasmarlo en su novela.
                Estaba teniendo un éxito rotundo, hasta el profesor de lengua, había imprimido la primera parte de la historia porque le parecía que estaba bien escrita.
                Sara estaba muy pendiente también a ver si recibía noticias de una de sus amigas, Isabel, que era la que le estaba pasando algo parecido, solo que ella salía con un escritor y ella salía con un editor, que era lo que le faltaba al novio de su amiga.
                Se empezaron a ver mucho, salían de noche y se lo pasaban en grande juntas, hasta el punto que se quedaban a dormir una en casa de la otra.
                Ese fin de semana durmieron juntas, porque el domingo tenían reunión de “Las modernas” y eso les hacía mucha ilusión.
                El domingo se reunieron todas las amigas por la mañana en la cafetería “El amor siempre llama a la puerta dos veces”, que la habían descubierto un día viniendo del instituto.
                Ahí estuvieron hablando durante horas, hasta la hora de comer, entonces decidieron que ese día lo harían juntas.
                Se fueron a comer al bar “La vida es bella” que daba platos combinados que les gustaba y ahí que empezaron a hablar de sus cosas.
                Mientras tanto, sin preocuparse de lo que estuvieran haciendo sus respectivos amigos, Sara y Isabel siguieron con la conversación con sus amigas hasta que se les hizo tarde y se fueron a descansar a casa.
                Al llegar a casa, Sara se descalzó y estaba tan rendida que hasta más tarde no decidió salir, ya que la había llamado Alan.
                Entonces decidió llamar a Isabel para juntarse los 4 a ver si los chicos se iban a llevar bien y fue exactamente así, aunque para desgracia de ellas, decidieron ir a los videojuegos y ahí se pegaron toda la tarde.
                Al final cansados todos, se fueron a dormir, porque sabían de sobra que los siguientes meses de exámenes iban a ser bastante duros.
                Aunque una de las cosas que ellas tenían clara era, que se iban a reunir muy pronto porque juntos hacían muy buena pandilla.
                Así fue, como todos los fines de semana, los domingos por la tarde se reunían los cuatro y se iban a hacer actividades por la ciudad, jugaban a esconderse y ver si se encontraban, iban a las fiestas de los amigos a bailar y a divertirse.
                Se pasaban las horas juntos, aunque cuando quedaban separados, Sara y Alan seguían con la historia de esta, mirando a ver cómo podía continuar esa pareja que tantas ganas tenía siempre de verse.
                Entonces, la mañana del domingo quedaron “las modernas” todas juntas para empezar a preparar a donde se iban a ir este año de viaje de estudios, porque tenía que ser un sitio que nunca fueran a olvidar, ya que se lo tenían que proponer a toda la clase y este año les tocaba a ellas escoger.
                Trabajo que por otro lado, parecía difícil ya que tenía que ponerse de acuerdo la clase, pero como eran ellas, los chicos no tenían inconveniente, ya que siempre que escogían ellas, eran sitios como la playa, pocas veces cogían montaña, pero si lo cogían era porque les gustaba bañarse en los ríos.
                Aunque el agua del río está más fría que el del mar, pero eso a ellos les daba igual porque se lo pasaban muy bien.
               Por fin llega el gran día, Fin de curso, por fin se sabrá donde se van a disfrutar de sus vacaciones escolares durante una semana.
                Entonces se reúnen todos en clase con los profesores y compañeros, “las modernas” se ponen delante de todos para anunciar la noticia.
Las modernas: Compañeros este año vamos a pasar una semana en la costa brava, ¿Qué os parece?
Compañeros: Genial, vamos a la playa, imaginaos bikinis, bañadores, olas, vamos a poder hacer surf y de todo!!!!!
                Los compañeros contentos de la decisión de las chicas, deciden aceptar la proposición y los profesores al oírlo les parece buena idea, así que les comunican que el próximo 23 de junio se van a la playa.
                Todos los alumnos, al terminar la clase, se marchan contentos a casa, sabiendo que el viernes se van a la playa, para comentarlo en casa y el dinero que hay que pagar para el viaje.
                Al llegar el viernes, se presentan todos puntuales a las 9 de la mañana para coger el autocar para marchar, los profesores los cuentan a todos para ver que no falta nadie y se van para la costa brava.
                El viaje dura 6 horas, así que como es largo hacen unas cuantas paradas; donde los chicos comen de bocadillos preparados por sus padres.
                Al llegar al bungalow donde se acomodan con sus mochilas, mientras los alumnos se acomodan, los profesores hablan sobre las excursiones que van a hacer, cuando los van a llevar a la playa, que sitios van a conocer, si harán juegos entretenidos para ellos por la noche o se dedicaran a llevarlos a bares con música.
                Entonces, después de estar hablando de lo que iban a hacer ese día, deciden que los van a llevar a ver la ciudad de Girona, ahí que los llevan.
                Al llegar a Girona, los reúnen en grupos de 10 y cada grupo va con un profesor, que le enseña la ciudad y les deja tiempo por si quieren comprar algún recordatorio.
                Al hacer los grupos, se encuentran con que “las modernas” se les ponen bordes, porque quieren ir todas en el mismo grupo, así que empiezan a discutir con ellas hasta que consiguen separarlas y cada una en un grupo distinto.
                Cuando ya se van los grupos, el profesor empieza a explicar contando con que están todos atentos y que no falta ninguno, pero cuando se da la vuelta se da cuenta de que Sara no está.
                Está que al principio se siente libre por separarse del grupo para ir a buscar a sus amigas, se empieza a asustar y se da cuenta de que no sabe donde se ha metido y se ha perdido.
                La chica al principio intenta mantener la calma, porque piensa que tarde o temprano la encontraran, pero ella para no perder la costumbre sigue andando.
                Entonces de repente se encuentra con el típico hombre mujeriego al que le gustan las jovencitas e intenta salir corriendo, pero ve que el hombre la sigue, no sabe qué hacer; entonces intenta despistarlo.
                Va hacia una tienda y se mete dentro sin que el hombre la vea, en cuanto la dependienta se da cuenta de que la chica está ahí se acerca.
Dependienta: ¡Hola! Perdona, ¿Qué te ocurre, qué tienes esa cara de susto?
Sara: Lo siento señora, pero es que me están siguiendo y he perdido a los de mi grupo sin querer y tengo miedo.
Dependienta: Bueno, estate tranquila que no pasa nada, tienes una tarjeta de identificación con un número donde pueda yo llamar para comunicar dónde estás.
Sara: Sí, la tengo en la mochila.
Dependienta: Me la podías dejar, si eres tan amable.
Sara: Claro, tome.
                Pero cuando la chica que estaba mientras observando por la puerta a ver si se había ido el hombre, vio que ya había marchado, sin que la mujer se diera cuenta escapo.
                Cuando la mujer colgó la chica ya se había ido, porque había visto a lo lejos a sus amigas que también se habían perdido.
Sara: Chicas, ¿Dónde estabais? Estaba preocupada, porque pensaba que os había pasado algo como me siguió ese hombre me escape.
Las modernas: Sara, nos están buscando, se nos va a caer el pelo.
Sara: Tranquilas, antes de que acabe la semana apareceremos, pero este pueblo me huele un poco mal, no os molaría investigar.
Las modernas: Bueno vale, pero que conste que nos la vamos a cargar.
                Ahí que fueron a investigar por el pueblo, hasta que andando, andando encontraron una casa abandonada y les entro la curiosidad y decidieron entrar a investigar.
                Al entrar, parecía una película de miedo, la puerta empezó a chirriar y de repente se les apareció un murciélago, se asustaron y subieron corriendo la escalera de madera, mientras el murciélago las seguía, vieron una puerta medio abierta y ahí que se metieron.
                En frente, encontraron un armario que no sabían que era mágico que cada vez que lo abrían veían vestidos de muchos colores y decidieron ponerse uno cada una, sin saber que esos vestidos tenían poderes.
                Al ponerse los vestidos, empezaron a notar que el físico les cambiaba de manera que les hacía parecer princesas de cuento, así que de primeras estaban encantadas, pero luego según iba pasando el tiempo empezaron a asustarse porque los vestidos las convertían y empezaban a aparecer monstruos extraños por todas partes, cuyos monstruos tenían que combatir.
                Entonces de repente, les apareció un mago que les dio a cada una un arma para luchar diferente, para que cada una tuviera su escudo.
                Empezó a repartirles las armas, según veía cómo eran las chicas y lo que les pegaba a cada una por ejemplo.
A Azucena, le dio el arma del dragón que era un sable con una punta muy afilada que no se rompía nunca.
A Aurora, le dio el arma de la serpiente que era un látigo capaz de soltar electricidad hasta darles una buena descarga.
A Sara, le dio el arma de una metralleta que lanzaba fusibles a larga distancia hasta matar a su agresor que nunca terminaban.
A Leticia le dio un arco y unas flechas con una punta de acero para que cuando fueran a por su agresor les diera justo para no sobrevivir.
A Isabel le dio un escudo con una espada, donde la espada contenía el poder de que si fuera incrustada en el cuerpo del mal este moriría de impacto total.
                Ahora chicas, si que estáis preparadas para luchar contra todo aquel que quiera haceros daño y acabar siendo dueñas de esta casa y romper la maldición de la casa.
Las modernas: Pero Sr. Mago nosotras tenemos que después volver a nuestra casa con nuestras familias.
Mago: No os preocupéis queridas mías, yo os mandaré de nuevo a vuestro hogar si hacéis que en el mío vuelva a vivir la paz.
                Así fue, como las chicas aceptaron el reto, total no tenían mucho que perder y podía ser entretenido tener una experiencia diferente.
                Como tampoco tenían mucho tiempo de pensar, porque los monstruos se estaban acercando cada vez más, decidieron ponerse a atacar.
                Mientras las chicas peleaban, como el Mago veía que iban a necesitar ayuda, decidió pedir ayuda a sus súbditos más fieles para que las ayudaran.
                Estás al principio huían pero veían que los monstruos las seguían y no tenían escapatoria, empezaron a luchar hasta que muertos de miedo los bichos fueron desapareciendo y la magia del vestido fue bajando según los iban matando.
                Cuando ya se los cargaron, se dieron cuenta de que sus vestidos cambiaron de color y cuando ya acabo todo, decidieron quitárselos y deshacerse de ellos.
Las modernas: Oye Mago, ¿Qué pasaría si los quemamos?
El mago: Pues que sería una buena opción, así destruiríais parte de la maldición de mi país.
                Así fue, como decidieron hacer una hoguera con leña que fueron a buscar por el bosque y quemaron los vestidos.
                Al quemarlos saltaron chispas de la magia, que provenían esos vestidos, así que al destruirlos, el Mago les encomendó otra tarea.
                Queridas amigas, necesito que vayáis a la cueva de los misterios, pero cuidado porque está llena de tesoros malvados que pueden hacer que cambiéis de parecer unas con otras y os volváis enemigas en un instante.
Las modernas: Tranquilo Mago, nosotras podemos con todo.
                Así fue, como embarcaron hacía la cueva, hasta que cayó la noche, estaban tan cansadas que decidieron acampar en el bosque, lo que no sabían era que en ese bosque había todo tipo de criaturas dispuestas a merendárselas como postre esa misma noche.
                Entonces oyeron de repente el ulular de un búho y se asustaron muchisímo, echaron a correr hasta lo más hondo del bosque.
             
Al llegar a la mitad del bosque, de repente por detrás de un matorral, salió un centauro demasiado furioso, las chicas se dispusieron a atacarle, pero antes de que pudieran hacer nada, apareció el Mago.
Mago: Esperar Modernas, este animal es un centauro y sólo ha aparecido para daros información.
Centauro: El Mago tiene razón, vengo furioso sólo porque pensé que ibais a favor de la bruja del bosque, que intenta quitarnos nuestro hogar acortándonos el bosque para que no podamos vivir en paz.
Mago: Eso no es verdad, sólo quieren ayudar a que nuestro mundo vuelva a su ser.
Centauro: Entonces os ofrezco mi ayuda, que la bruja es tan malvada; que creérme la vais a necesitar.
                Así fue, como Las Modernas aceptaron la ayuda del centauro y de sus amigos, ya que todos ellos le tenían miedo a la bruja Azul, porque quería convertir todo el bosque en ríos con agua helada para que pareciera el polo norte.
                Pasaron varios días, o por lo menos eso fue lo que ellas creían, porque les parecieron bastante largos, dormían allí protegidas, hasta que venía el mal y ya se quedaron dormidas en el bosque.
                A la mañana siguiente, oyeron una especie de carro tirado con renos y se asustaron, pero al final sus amigos los animales les dijeron que salieran porque no había ningún peligro.
                Las chicas salieron, entonces para su sorpresa había pasado tanto tiempo que se les había hecho Navidad allí, era Papá Noel.
Azucena: No pensaba yo que La Navidad existiera en Miravalles.
Papa Noel: Tienes razón, pero desde que habéis llegado, la fuerza de la bruja Azul se está debilitando.
Aurora: Usted cree que podría reinar la paz.
Papa Noel: Por supuesto, mientras vosotras nuestras majestades estéis dispuestas a luchar porque esto se terminé.
Sara: Por supuesto, cuente con nosotras ¿A qué si chicas?
Chicas: Para estamos aquí.
Leticia: Mejor contra antes se terminé todo esto, antes podremos volver a casa.
Isabel: Eso mismo digo yo.
                Así fue, como las chicas, se dispusieron a terminar con toda la maldad que había en ese lugar.
                Al terminar la guerra, las nombraron las princesas de Miravalles para el resto de sus días.
                Entonces de repente, el Mago les hizo una especie de puente invisible, por donde pasaron y volvieron al mundo Real.
                Fueron corriendo hasta donde estaban sus amigos, estos al verlas se alegraron ya que era el último día del viaje y ya volvían todos para casa.
                Al llegar, montaron una fiesta donde se juntaron todos en casa de Sara que era la más grande de todas.
                Se lo pasaron en grande, vinieron sus amigos y sus respectivos novios, celebraron la vuelta y también que había ganado el premio a la mejor novela del año, su cuento, al que tanto ella había puesto empeño.

                                                               FIN.

 

               

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